Las largas semanas de confinamiento han puesto en entredicho el confort de muchas viviendas, y sus propietarios se han planteado hacer reformas para mejorar alguna de las estancias, e incluso barajan la posibilidad de trasladarse a una vivienda que se ajuste mejor a sus nuevas necesidades.

De este modo, la pandemia del coronavirus ha supuesto un cambio de mentalidad y ya no vale cualquier casa, ahora las familias valoran un hogar que cumpla con todas sus exigencias, ante el riesgo de un nuevo confinamiento.

Sin embargo, pese a que los propietarios temen las reformas, una casa nueva no siempre aporta todo lo que se busca. Pese a ello, uno de los inconvenientes de las reformas es no poder ver el efecto de la reforma terminada, mientras que en el caso de la vivienda nueva sí.

Durante el confinamiento, los balcones, terrazas y patios se convirtieron en un refugio, pero si el piso no cuenta con esta zona exterior, poco hará una reforma. Entre las exigencias de los clientes potenciales se encuentra espacio exterior, estancias más luminosas y exteriores.

Por su parte, los reformistas coinciden en que con las obras se logra personalizar el hogar. Permite adaptar la vivienda y espacios al gusto del núcleo familiar cumpliendo las necesidades diarias, por lo que da mayor confort y comodidad. Además, si se toma con tranquilidad este periodo, reformar una casa a un precio atractivo puede resolver todos los conflictos, y se revalorizará su valor, que es un aspecto a tener en cuenta para una posible venta. Según algunos expertos, se puede hasta triplicar el precio.

Con la reforma también se ahorra dinero, ya que la opción de comprar una vivienda supone un gran desembolso, y no todos los bolsillos se lo pueden permitir. Esto unido a que las entidades bancarias han recrudecido las condiciones para aprobar los préstamos hipotecarios, lo convierte en una opción

Otra opción que barajan algunas familias es apostar por comprar una vivienda de segunda mano y reformarla. Esta tipología les permite transformar la casa a su gusto, y la compra es más asequible que decantarse por un residencial nuevo.

Por otro lado, existe un factor emocional que puede restringir el mercado, ya que la gente quiere mantener la ubicación actual, o un piso nuevo en el barrio que le gusta, algo que puede resultar inviable por precios.

SE DISPARAN LAS REFORMAS

Ante el miedo a un nuevo confinamiento, son muchas las familias que se han lanzado al mundo de las reformas, ya sean parciales o integrales, con el objetivo de pasar lo mejor posible nuevas restricciones de movilidad.

Pero, no es lo mismo comprar una vivienda para reformar con el fin de convertirla en un hogar, que hacerlo para lanzarla al mercado del alquiler o, sencillamente, revalorizar su precio y volver a ponerla a la venta. La inversión en la reforma puede ser distinta dependiendo del escenario, pero también la manera de actuar o los gastos derivados de tenerla cerrada si se trata de una inversión.

Por último, hay quienes huyen de las obras y prefieren buscar nuevas opciones entre los residenciales de obra nueva que ofrece las promotoras. En este sentido, ha habido un mayor auge en el número de transacciones de compraventa de vivienda a estrenar, frente a las operaciones de vivienda de segunda mano, cuya demanda aún está embalsada.