agente inmobiliario
Las prácticas de los agentes inmobiliarios, en entredicho.

Grabaciones de buzones, robos de recibos de la luz, pagos de comisiones en ‘b’… Los agentes comerciales agudizan el ingenio -en muchos casos saltándose la ley- para conseguir vender en un sector cada vez más duro. Las prácticas de estos agentes responden a la competencia surgida con la entrada en el sector de las inmobiliarias online. En este sentido, ninguna está a salvo, desde las más grandes a las más pequeñas -familiares, casi todas- intentan buscar al cliente perfecto con cualquier tipo de artimaña.

El mercado de compraventa de viviendas se ha estancado en este mes de junio. Las primeras alertas acaban de saltar en el sector inmobiliario. Nadie quiere repetir errores del pasado, pero lo cierto es que a finales de 2018 existían 149.100 personas trabajando en actividades inmobiliarias, una cifra ni siquiera vista en los últimos coletazos del boom, allá por 2008. Muchos profesionales para un mercado que comienza a mostrar síntomas de agotamiento. Ante esta situación, las agencias -y sus comerciales- comienzan a explorar vías para poder continuar en la cresta de la ola.

El pastel ha comenzado a reducirse justo en el momento de más competencia, cuando más agencias abiertas existen y con la irrupción de las proptech inmobiliarias. En muchos casos, los clientes ya no visitan a la tradicional agencia de barrio -familiar o franquicia- para comprar o vender un inmueble. Ahora existen multitud de aplicaciones y páginas web donde poder realizar este tipo de operaciones con comisiones inferiores a los establecimientos abiertos a pie de calle. Con la irrupción de los Housfy, Housell y compañía la figura del agente comercial parecía morir, pero lo cierto es que es un trabajo que todavía funciona -y mucho- a día de hoy.

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El problema es que la competencia por vender una casa es feroz. Y para conseguirlo, los implicados utilizan cualquier método. El fin sí justifica los medios, al menos para las agencias. En este sentido, MERCA2 ha tenido acceso al modo de trabajo de algunos de esos agentes inmobiliarios. Cabe destacar que en muchas ocasiones su profesión está más cercana a la figura del espía que a la del comercial.

Sin especificar el nombre o los nombres de las empresas -son procedimientos habituales de la gran mayoría- MERCA2 recoge el testimonio de un agente que ha rebuscado en los buzones de los portales en busca de señales de vida. ¿El objetivo? Conseguir cartas, o mejor dicho, facturas de la luz, del teléfono… para averiguar el consumo del hogar. Con esta información, el agente puede averiguar si el piso está habitado o no. La finalidad es encontrar los inmuebles vacíos y sin comercializar.

Si hay éxito y el agente encuentra algún activo sin propietario, el profesional continúa su trabajo. El siguiente paso es bucear en la red de redes -pero en páginas ocultas- para encontrar el propietario del inmueble, su lugar de residencia actual etc, etc. La información es poder y más para este tipo de profesionales. En algunos otros casos, las directrices son grabar directamente los buzones para luego buscar los nombres en estas páginas ocultas y la información que pueda resultar de interés.

Pero las malas prácticas, por no decir ilegales, no acaban en el modo de trabajar, sino también en la forma de cobrar esas labores. Porque lo cierto es que muchas agencias inmobiliarias todavía pagan un ‘a’a y un ‘b’ a sus empleados. En este sentido, MERCA2 ha podido saber que existen agentes comerciales que llegan a cobrar hasta 3.000 euros al mes en metálico y en un sobre. Una práctica que recuerda a los malos hábitos de las empresas inmobiliarias en tiempos del ‘boom’. Pero la realidad es que a día de hoy estos pagos siguen estando a la orden del día. El lema parece claro: ‘lo que sea y cómo sea por vender una casa’.