Pocas industrias han sido más rentables a la hora de invertir, también de dedicarse a la misma, que la bélica. La creación de bombarderos sin piloto, misiles de largo alcance o munición para cañones de tanques o armas ha sido capaz de generar auténticos gigantes que han ido multiplicando su valor año a año. Aunque, se podría añadir variante más provechosa, la de dedicarse a la guerra, pero siendo ‘amigo’ del mayor Gobierno del mundo, el de Estados Unidos. Así es la historia de Northrop Grupmman que desde su salida a bolsa se ha revalorizado cerca de 5.100% a base de fabricar auténticas máquinas para matar, además, en grandes cantidades.

La historia de la compañía, incluso cuando ambas se originaron en solitario, siempre ha estado ligado a la guerra y al armamento militar, aunque la idea inicial nunca fue esa. De hecho, el planteamiento original de Jack Northrop, el precursor del gigante, fue el de crear una firma de investigación y desarrollo, pero terminó por ser más pragmático que idealista y su creación, Northrop Air, se convirtió en un fabricante de componentes de aviones. Ahora, cerca de su 80 aniversario ese pequeño fabricante es el mayor contratista de EEUU con un valor en bolsa superior a los 58.000 millones de dólares que no ha parado de crecer en las últimas décadas.

Posteriormente al señor Northrop, pasaron por la compañía dos hombres más que la cambiarían para siempre: Thomas Jones y Kent Kresa. Bajo la dirección del primero, la compañía fortificó sus raíces militares a través del diseño y fabricación de uno de los bombarderos más icónicos, también terribles por su capacidad de destrucción, el B2. El proyecto también le permitió profundizar en la tecnología del vuelo no tripulado, del que ahora (en pleno boom) es un referente. Por su parte, Kresa no solo arraigo todavía más el sentimiento bélico, sino que trabajó para la gran expansión inorgánica de la compañía: en 1994, se llevó a cabo la fusión con Grumman (creación de un marine, Leroy Grumman) y en los nueve siguiente adquirió hasta 16 compañías distintas.

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Con ello, en 2003 el gigante conocido ya como Northrop Grumman se había revalorizado en bolsa algo más de un 700% al pasar de los 2.100 millones a valer más de 17.000 millones, gracias a que sus ingresos se habían multiplicado por cinco. El fuerte incremento en sus cobros venía directamente del hecho de que la compañía se ha convertido en uno de los grandes contratistas del Gobierno de Estados Unidos en la década de los 90. En dicho punto, todavía quedaba otro punto de inflexión sobre el valor, al igual que ocurrió con la Segunda Guerra Mundial, y es que los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 tuvieron un efecto multiplicador respecto del dinero invertido, que paso en pocos años de 400.000 millones a 800.000 millones.

Obviamente, los más beneficiados de aquel incremento en el gasto militar de Estados Unidos, que arrastró al resto de países de occidente, fueron sus grandes contratistas como Northrop Grumman. Además, para afianzar esa posición la compañía ha ido perfeccionando su relación tanto con el Gobierno estadounidense, como con los altos mandos militares. De hecho, en 2010 en su primer día como consejero delegado de la compañía, Wesley Bush, anunció que la sede de la compañía se mudaría a Falls Church, en Virginia, más cerca del punto neurálgico de la toma de decisiones del gasto militar. Obviamente, quería un contacto directo.

La historia de Northrop Grupmman que desde su salida a bolsa se ha revalorizado cerca de 5.100% a base de fabricar ingentes máquinas para matar

Ahora, el último movimiento de Northrop Grumman, que habla de sus lazos con las autoridades, fue la solicitud de propuesta (el pasado 16 de julio) para la fase de desarrollo de ingeniería y fabricación de un programa para la fuerza aérea estadounidense valorado entre 62.000 y 85.000 millones, a la que tuvo acceso la firma dada “una ventaja injusta” denunció Boeing. Lo anterior, tenía que ver con la tecnología Orbital ATK y los motores de cohete que ya fabricaba Grumman para el Gobierno desde hace años.

Pese a su gran evolución, el capital español nunca ha apostado por compañías como esta. En concreto, apenas un 0,01% del capital total de la firma está en manos españolas, cuyo máximo tenedor es BBVA a través de su instrumento BBVA Gestion. A la firma vasca le siguen Caixabank, Welzia o GesMadrid. Por su parte, es Estados Unidos, con un 92,35% del capital, el gran poseedor de la firma con nombres como Vanguard o Blackrock como inversores principales.