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Las buenas nuevas ofrecidas por la firma biotecnológica estadounidense Moderna acerca del avance de su vacuna frente al covid-19 corrieron el lunes como la pólvora. En especial, no pasó desapercibido para los mercados. Los grandes titulares abren muchas esperanzas, aunque la letra pequeña exige más cautela. En primer lugar, porque los datos son provisionales. En segundo lugar, porque la información ofrecida se ha filtrado, los resultados no incluyen grupos mayores de 55 años, para maximizar el efecto de éxito. Ahora, ya sabemos la razón (necesitan más dinero). Por el camino, también explica porque en España nuestros proyectos de cura están abocados al fracaso.

En España, la pelea contra el covid-19 va por barrios, pero sin un atisbo de esperanza. La compañía más avanzada es lograr un tratamiento paliativo es Grifols, a través de plasma hiperinmune, que podría estar listo allá por julio, según señaló la compañía hace un mes. Por su parte, más retrasados parecen Oryzon y PharmaMar que están desarrollando antivirales (vafidemstat y Aplidin, respectivamente) para uso compasivo, esto es cuando los pacientes están muy enfermos. Pero ambos presentan muchos problemas, demasiados, que los alejan del éxito.

Uno de ellos, es que no son específicos para el tratamiento, sino que intentar encajar a martillazos productos que ya tenían. La lógica es sencilla, una vez se descubrió el genoma del virus y se conocieron las proteínas que lo formaban cada laboratorio buscó entre sus medicamentos en uso alguno que era capaz de frenar su desarrollo. De hecho, a las pocas semanas de hacerse pública dicha información había cerca de un centenar de propuestas algo altamente inusual.

LOS MARTILLAZOS DE PHARMAMAR Y ORYZON NO ENCAJAN

Así, el vafidemstat de Oryzon se desarrolló (y se estaba probando) para enfermedades psiquiátricas, mientras la aplidina de PharmaMar era un antitumoral que, además, nunca se aprobó en Europa por ser tóxico en dosis altas. Por ello, en laboratorio funcionan, pero en personas puede ser más complicado. Aun así, en las últimas semanas han lanzado sus estudios con pacientes, pero los resultados podrían llegar demasiado tarde.

Otro de los problemas es el tiempo. En el mundo de la medicina no sirve sacar un medicamento, sino que es indispensable ser el primero y el más eficaz. Oryzon y PharmaMar se enfrentan en su terreno, poner en marcha un antiviral, frente al gigante Gilead cuyo tamaño es como sumar Telefónica y Banco Santander y ha sido capaz de obtener los mejores resultados frente al sida. Se trata del laboratorio estadounidense líder mundial en crear antivirales y su fármaco, redemsivir, no solo ofrece datos esperanzadores (los pacientes con él se recuperan un 30% más rápido), sino que ya se está creando en masa en más de 127 países.

Por último, los avances increíblemente rápidos de la vacuna propuesta por Moderna, ARNm1273, haría inútil el esfuerzo de las españolas. El estudio de PharmaMar, según está registrado por las autoridades sanitarias finalizaría en noviembre, pero la biotecnológica estadounidense cree que podría tenerla lista a finales de este año. Además, pueden generar cientos de millones de dosis en un mes, hasta el punto de tener mil millones de dosis en un año. Con ello, se podría eliminar del escenario el uso de antivirales en un porcentaje altísimo de la población. Aun así, frente aquellos que enfermaran, casos puntuales como ocurre con la gripe, Gilead ya ha ganado la partida y el nicho de mercado.

TIEMPO Y CAPITAL HUMANO, CÓMO PRIMER REQUISITO

El primer punto que le ha permitido a Moderna liderar la carrera hacía una vacuna es la preparación de su capital humano. Sin él, hubiera sido imposible una actuación tan rápida. De hecho, el 13 de enero la firma ya tenía seleccionado el antígeno con el que iba a operar. ¿Cómo se logró? El propio consejero delegado, Stéphane Bancel, explica que “estábamos preparados porque habíamos trabajado con el Instituto Nacional de Alergias e Infecciones Contagiosas (NIAI, por sus siglas en inglés) en el desarrollo del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente, que es otro tipo de coronavirus que causa problemas respiratorios”.

De esa manera, gracias a dicha experiencia el equipo pudo tomar en pocas horas “una decisión fundamental”, explicó el CEO. A lo que coronó con otra reflexión: “Podría haber sido una situación muy diferente si nunca hubiéramos trabajado con el coronavirus en el pasado”. Curiosamente, un mes atrás el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, se quejaba amargamente de la pasividad en Europa en este tipo de situaciones. A lo que añadió (proféticamente o con conocimiento de causa) que “muchas cosas tenían que haberse hecho mejor en Europa en 2013 tras lo ocurrido en Oriente y tener unos protocolos establecidos para reacciones más automáticas”.

Pero, un equipo preparado no solo genera velocidad de reacción, sino también ayuda a acelerar los procesos. “Hemos trabajado hasta en 9 vacunas distintas como la de la gripe H10, en 2015”, señaló Bancel ante los analistas. “La preparación en la ciencia para las vacunas nos ha ayudado a desarrollar más rápido nuevos lípidos (grasas que son vitales para la eliminación del virus) o reinventar procesos”, prosiguió explicando el consejero delegado de la biotecnológica.

LOS MEDIOS, SON IGUAL DE IMPORTANTES

Los medios son igual de importantes que la capacidad de análisis para sacar el proyecto adelante. “Tener nuestras propias instalaciones [en Norwood] de fabricación desde materias primas hasta viales de envío es una ventaja estratégica competitiva”, señaló Bancel. Aunque, no solo ha sido cosa del capital privado, sino también se ha servido de la ayuda estatal. En concreto, del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos. A lo que se suma una inyección directa de las autoridades estadounidenses, que dirige Donald Trump, por más de 450 millones de dólares.

A lo anterior, se añade el, ya mencionado, equipo que conforma la firma que va desde científicos, ingenieros o médicos a la propia cúpula ejecutiva. “La compañía tiene 9 años (…) [este éxito, con comillas todavía] no se habría logrado sin el efecto red de todas las inversiones que hicimos en ciencia en esos años y que nos prepararon”, explicó Bancel. En definitiva, al capital humano hay que rodearlo de medios suficientes para poder obrar el milagro. Lo primero es vital, pero sin lo segundo todo sería más difícil.

Pero, lo anterior no aparece de la nada. Se necesita de un capital privado fuerte y eso es solo posible si se gana dinero. Moderna está en píe y ha podido acometer sus inversiones (que han sido fundamentales) gracias al capital privado que debe ser remunerado para que pueda seguir invirtiendo más proyectos. Esa lógica, parece que no encaja en el subconsciente de muchos políticos españoles que directamente llamaron asesinos a estas compañías en ocasiones anteriores. Ahora, alguno de ellos se sienta en el Gobierno y espera a que llegue la vacuna para salvar su cargo.

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