PharmaMar
Presidente de PharmaMar, José María Fernández Sousa

El cuento de la gallina de los huevos de oro de PharmaMar toca a su fin. Un triste final (esperado) que puede dejar a muchos pequeños inversores pillados, todavía más, a medida que la acción repliega con fuerza. Unos meses antes, esos mismos actores se dejaron seducir por el canto de sirena de que su fármaco, el aplidin, era una de las grandes esperanzas contra el coronavirus. Una burda ilusión generada por una cobertura mediática sin precedentes, aderezada por la propia compañía pese al malestar del regulador. Sin embargo, el tiempo ha demostrado lo inevitable: que el reto y la empresa jugaban en ligas muy diferentes.

Pese a la abultada lista de irregularidades que se han producido en torno a la compañía, el problema siempre ha sido el mismo: una falta más que evidente de medios. Así, PharmaMar no solo se medía contra prácticamente todas las empresas farmacéuticas del mundo, algunas de tamaño sideral, sino que también a los Gobiernos más poderosos del mundo. La cura del covid-19, ya sea a través de vacuna o tratamientos, se ha convertido en una guerra total en la que el tamaño, el dinero y los recursos lo eran todo.

La pregunta, que muchos no se hicieron, era cómo podía competir una firma con un gasto en I+D en 2019 de apenas 53 millones frente a titanes que invirtieron en 2018: Roche 10.800 millones, Johnson & Johnson 10.200 millones, Novartis 8.500, Pfizer 7.700 millones o GlaxoSmithKline 6.000 millones. Incluso, cuando otras más noveles (como Moderna o la china CanSino) reciben miles de millones públicos para investigar exclusivamente una cura. Pero, ya no es solo ese elenco impresionante cuya capitalización supera el PIB de España, sino que hay otros 150 laboratorios (casi todos más grandes que la española) trabajando en ello.

TRES MESES SIN NOTICIAS DE APLIDIN DE PHARMAMAR

Los ingentes medios que poseen dichas compañías, junto con el poder de los Gobiernos más poderosos del mundo, se traducen en una agilidad imposible de seguir. La aprobación de vacunas o tratamientos para el covid-19 desafía todo aquello que conocíamos sobre este tipo de procesos. Las compañías han sido capaces de superponer ensayos para acelerar desarrollos hasta el punto de que algunas (al menos seis) han alcanzado la última fase (la llamada fase tres) en menos de cuatro meses.

Así, en el caso de Moderna apenas transcurrieron 130 días desde que ingresó su primer paciente hasta que ha dado el pistoletazo de salida a su última fase. En el caso de la china CanSino ese periodo se consiguió reducir a apenas 120 días. Aunque, la más veloz hasta ahora ha sido el desarrollo de la vacuna de AstraZeneca que lo ha conseguido en poco más de 90 días. Además, se espera que las que vienen por detrás, como Novartis o Johnson & Johnson, sean incluso más rápidas dado que la curva de aprendizaje ya está amortizada. Sobresale el caso de Pfizer que avanza vertiginosamente con cuatro vacunas distintas a la vez.

Mientras, el caso de PharmaMar es tedioso para su accionista. De hecho, este mismo miércoles 12 de agosto se han cumplido tres meses desde que ingresó su primer paciente (según el registro de la AEMPS) sin noticias desde entonces. Aunque, es todavía peor, puesto que tras más de 90 días (lo que ha tardado en llegar a fase tres Astrazeneca) el estado que pone en su ensayo es el de “reclutando”. Incluso, no ha conseguido iniciar el experimento previsto en el Gregorio Marañón, según la página oficial. La falta de noticias ha terminado por desinflar una burbuja creada en torno a la figura de dicho fármaco.

UN GRUPO MUY REDUCIDO DE MUESTRA LIMITA LOS PRÓXIMOS RESULTADOS

Lo anterior, no es ninguna anomalía, sino más bien lo normal cuando no eres un gigante. Al fin y al cabo, PharmaMar cuenta con unos 700 empleados, mientras que sus competidores tienen en nómina en torno a 100.000 trabajadores. De ahí, eso de que juegan en divisiones muy distintas. El problema es que debe competir con ellos sí o sí, algo que no ocurre con ninguno de sus otros fármacos en estudio. Todo ello, ha desembocado en un problema (quizás mayor) para la compañía. Y, es que para igualar en cierta manera las diferencias la farmacéutica optó por un ensayo muy pequeño, lo que restará credibilidad a sus datos cuando aparezcan.

Porque hay algo que también es evidente: tarde o temprano saldrán los datos y se intentarán vender como un bombazo. Con ello, seguramente la acción repuntará y volverá el idilio, pero nada más lejos de la realidad. A día de hoy, el único ensayo en marcha de PharmaMar está ideado para 27 participantes, una cifra irrisoria para sacar conclusiones. Moderna, AstraZeneca, Pfizer, CanSino o incluso Gilead con remdesivir (ya en el mercado) iniciaron el testeo con cifras entre dos y cinco veces superior. Y, aun así, eran considerados por la comunidad científica como muy pequeños para sacar conclusiones.

De hecho, a las pruebas iniciales de pequeño volumen les sigue otros que son de un tamaño considerable para probar su eficacia y seguridad. Por ejemplo, los de Moderna o CanSino incluyeron cerca de 500 pacientes, pero el de AstraZeneca involucró a más de 1.000 personas. Pero, para la última etapa los ensayos incluyen decenas de miles. En este punto, las comparaciones son odiosas: si PharmaMar tras tres meses todavía no tiene 27 participantes, ¿cuánto tardará en conseguir cientos para la siguiente fase? Al final, los medios económicos (y el poder de los Gobiernos) es una fuerza insuperable que se lleva por delante todo. Incluido, los ahorros de muchos ciudadanos.

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