La(s) vacuna(s) que libren a la sociedad de la pandemia actual han dejado (y dejarán) un enorme reguero de dinero. Pero los afortunados que se han aprovechado, y que seguirán haciéndolo, de ello no responden al nombre de Pfizer, BioNTech, Moderna o AstraZeneca, sino más bien al de: Albert Bourla, Sally Susman, Mikael Dolsten, Tal Zaks, Stephane Bancel o Kim Lorence. Todos ellos, tienen en común que son grandes directivos en las farmacéuticas que han tenido los mayores avances frente al covid-19. Una lista a la que también hay que añadir nombres españoles, aunque más por picaresca que por sus desarrollos.

Quizás, esa es la parte más curiosa (y extraordinaria) en la carrera en la que llevan meses inmersas las farmacéuticas, que las vacunas que salven al mundo no serán económicamente rentables. Al menos, como cualquier gran medicamento anterior que hayan desarrollado. De hecho, una parte importante de ellas, como Johnson & Johnson o AstraZeneca, siempre han defendido que su intención es vender las dosis a precio de coste. Además, esa idea generalizada de que estás compañías se enriquecerán gracias a la cura del covid-19 contiene tres fallos básicos.

El primero es de visión a largo plazo. Al fin y al cabo, las farmacéuticas están involucradas en la mayor campaña de marketing de la historia, la de salvar el mundo. A la hora de establecer una estrategia corporativa es lógico pensar que prefieren ser reconocidas en la historia como salvadoras, que cómo aquellas ruines que buscaron hacer negocio con una pandemia mundial. Más si cabe, cuando un gran número de ellas ha recibido importantes sumas de dinero público en sus investigaciones. Además, qué aunque quisieran sería muy difícil dado que un número muy alto de ellas tendrá sus fármacos en un corto periodo de tiempo.

LAS FARMACÉUTICAS NO… PERO LOS DIRECTIVOS SÍ

Pero que las empresas, como institución, no vayan aprovechar la situación, no quita para que los directivos sí puedan hacerlo. Como, efectivamente, han están haciendo muchos de ellos. “La venta de títulos que estamos viendo de los grandes ejecutivos de las farmacéuticas no se producen porque no crean que sus datos no sean buenos, sino porque hay dudas evidentes de cómo se podrá monetizar todo ese esfuerzo realizado”, explica Juan Martínez García, gestor de fondos de biotecnología en Acci Capital y exGoldman Sachs.

Lo anterior, se puede observar fácilmente con una de las farmacéuticas que más atención ha atraído: Pfizer. Pese a los avances evidentes en la vacuna contra el covid-19 su valoración bursátil actual, en torno a 200.000 millones de dólares, es similar a la que mantenía a mediados de 2018. Es más, a día la valoración de sus acciones es un 20% más bajo que los máximos que llegó a tocar en a finales de ese mismo año. Pero eso no ha sido problema para que sus grandes directivos, incluido su consejero delegado, no hayan aprovechado para sacar rédito.

Las ventas internas de los directivos de Moderna, Bloomberg.

En concreto, Albert Bourla, CEO de Pfizer, se hizo más famoso por ejecutar una gran venta de acciones el célebre día del anuncio de los datos preliminares de su vacuna, que por los mismos. En la defensa de Bourla, y del resto de grandes directivos, se puede decir que el mandato de venta se dio meses antes. Así, el ejecutivo ordenó en agosto que se vendiera un cierto número de títulos, al final fueron más de 132.000, cuando alcanzase el precio de los mismos de acercase a 42 dólares. Eso justo ocurrió el pasado lunes 9 de noviembre.

MODERNA, EL MAYOR EPICENTRO DE NUEVOS RICOS DE TODO EEUU

Pero, ¿fue casualidad? No. En realidad, todo estaba preparado, en cierta manera, para que ocurriese así. Las empresas no están jugando a enriquecerse, pero sus directivos sí a través de manipular (desde un punto de vista legal) el mercado. La práctica es sencilla: primero, los ejecutivos ordenan la venta de sus títulos a un precio determinado. Luego, se aseguran de que dicho valor se alcance a través de la emisión de una nota de prensa, un press release, con los resultados preliminares del ensayo que hacen disparar el valor. Con ello, Bourla obtuvo cerca de 5,6 millones y su compañera, Sally Susman, otros 1,8 millones.

“Nos faltan informaciones científicas. Todos nos basamos en press release (…) que muchas veces están emitidos con una clara motivación económica y bursátil” señala Carolina Hurtado Marcos, responsable de la Unidad Docente de Inmunología de la Universidad CEU San Pablo. “Hay un abuso de este tipo de publicaciones”, añade el Martínez. Aunque nadie ha explotado mejor esa estrategia que los directivos de Moderna. De hecho, prácticamente no ha habido día en los últimos nueve meses, desde que su lucha frente al covid-19 es pública, en la que alguno de sus ejecutivos no haya vendido lotes de acciones.

La imagen de ventas internas, y los datos, lo resume todo. El consejero delegado de la compañía, Stéphane Bancel, ha vendido cerca de 745.000 acciones de Moderna por las que ha obtenido unos 41,5 millones de euros. Tal Zaks, el director médico, puso en el mercado más de 200.000 acciones por un valor cercano a los 35 millones, según señaló Reuters. Otros directivos del grupo no se han quedado atrás y el conjunto de todas las ventas de acciones supera fácilmente los 100 millones de euros.

PHARMAMAR Y LA PICARESCA ESPAÑOLA

En España, la nueva fiebre del oro (que es la cura del covid-19) ha llevado a compañías a protagonizar auténticos road shows por televisiones y periódicos como si fueran estrellas del rock. Pese a que sus resultados a día de hoy todavía son muy pobres. Es el caso de PharmaMar y su presidente, José Manuel Fernández Sousa, que mientras visitaba algunos de los programas con más audiencia, su esposa, Montserrat Andrade, que es consejera de la firma ejecutaba operaciones con las acciones de la firma.

La última más sonada, fue la venta de un paquete de acciones por parte Luis Mora, director general de PharmaMar, poco antes de hacer público que la CNMV investigaba a la compañía por dar información “incompleta” acerca de sus avances con su fármaco, el ApliCov. Una notificación que, obviamente, provocó una fuerte caída del valor de la firma. En definitiva, que, como siempre, en el país pocos avances científicos pero la picaresca nunca falla.