En un informe de daños de la Federación de Asociación de Periodistas de España (FAPE) publicado en 2014 trascendió que más de 11.000 periodistas habían perdido su empleo desde el inicio de la crisis.

Es cierto que en los últimos tiempos la profesión ha recuperado sus sillas a cambio de una precariedad generalizada en esta industria. La crisis y la reconversión digital destruyó el 40% de los puntos de venta de la prensa en papel, y la Asociación de Prensa de Madrid (APM) denunciaba que habían desaparecido 375 medios en menos de una década, situación letal para el periodismo. 

La APM cerró 2017 publicando una encuesta realizada a 1.756 periodistas y los datos son desalentadores: el 45% de los periodistas autónomos cobran menos de 1.000 euros al mes, porcentaje que se ha disparado en diez puntos en relación a 2016. Es cierto que cayó el desempleo en un 9% en el último ejercicio, pero es evidente que el empleo recobrado ha sido precario. Entre los periodistas autónomos, más del 50% de las mujeres no alcanzan el título de “mileuristas”, un 79% trabaja por cuenta ajena forzado por las circunstancias, y casi el 40% realiza su trabaja para una sola empresa o integrado en una estructura, lo que evidencia la expansión de la figura de los “falsos autónomos”.

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También entre los periodistas se señala que el paro y la precaridad son el principal problema de la profesión (45,6%), seguido de la mala retribución (16,1%), la falta de independencia (14,7%) y la falta de rigor y neutralidad en la información (13,4%). La percepción de los periodistas acerca de su independencia es calificada con un 4,4 sobre 10, el 75% de los periodistas creen que la sociedad percibe su trabajo de forma negativa, y el 80% afirma haber recibido presiones para cambiar sus informaciones. Y la igualdad tampoco abunda en el sector: solo el 15% de los directivos de primer nivel analizados entre seis empresas de referencia eran mujeres.

Una nueva era

El mantra que se repite hasta la saciedad en el terreno laboral es que se debe especializarse o morir. Sin embargo el periodismo 4.0 exige un hombre orquesta con conocimientos informáticos e idiomáticos, experiencia en nuevas narrativas y curiosidad por el periodismo de datos. Es evidente que la prensa digital del siglo XXI está cubriendo con nota la muerte dulce por dopping bancario y estatal de las mastodónticas estructuras multimedia del siglo XX. 

Modelos como El Confidencial o ElDiario.es han demostrado que se puede combinar la credibilidad con unas aseadas cuentas financieras, cada uno con sus matices ideológicos y sus estructuras de ingresos (publicidad, socios comprometidos, muros de pago, etc.).

Periódicos como El Español o infoLibre no han logrado alcanzar los números negros, pero también cuenta con una creciente influencia que podría conllevar la mejora de sus cuentas. El periodismo digital ya es una realidad y ha dejado de ser el futuro para convertirse en el presente. Tal y como dice nuestro de Merca2 con Bloomberg, “el futuro ya no es lo que era”.

Mil tuits con la prensa

En el terreno internacional la libertad de prensa también sigue siendo una utopía. Donald Trump se ha convertido para el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) el principal enemigo para el periodismo, tal y como señalaba Rosario G. Gómez en El País hace algunas semanas: “Durante mucho tiempo, EE UU ha abanderado la independencia de la prensa frente al poder y ha defendido el periodismo libre como baluarte de la democracia, pero Trump ha venido a pulverizar esta herencia. Desde que declaró su candidatura presidencial, en 2015, ha publicado unos 1.000 tuits contra la prensa”.

Este organismo también denuncia el papel del líder turco Erdogan por propiciar que los tribunales cursasen 46.000 casos judiciales contra los medios por supuestos insultos o del de Al Sis por articular una ley antiterrorista que busca destruir a la prensa libre.