Hasta que surja el verdadero candidato demócrata para la elección presidencial de 2020, la Congresista demócrata Nancy Pelosi, recién elegida Presidenta de la Cámara de Representantes, tercer cargo institucional en los EEUU tras el Presidente y el Vicepresidente, será quien liderará la batalla contra Trump. Veterana, experimentada y peleona. Una mujer de 78 años con unfuerte carácter.Ya ocupo ese puesto de 2007 a 2011.

Demócratas moderados y más jóvenes tenían otras preferencias. Los primeros por considerarla demasiado progresista, los segundos por estimar que ahora “tocaba” a una siguiente generación. En EEUU, la juventud de los políticos es algo relativo comparado con España. Trump tiene 72 años, otros presidentes llegaron a la Casa Blanca cargados de años y experiencia; y los senadores y congresistas más influyentes suelen peinar canas.

Pelosi tuvo que aceptar algunas condiciones como, por ejemplo, obtener dos tercios de los votos del grupo parlamentario demócrata en lugar de la mayoría simple habitual si, en la próxima legislatura, quisiese ser otra vez, con más años aún, candidata a la presidencia de esta cámara cuyo control su partido reconquistó en noviembre pasado.

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Es una buena apuesta para enfrentarse dialécticamente con el machismo y el desorden verbal de Trump. El primer asunto que ha caído en sus manos es la cuestión del cierre parcial de la Administración al no haber firmado el presidente los presupuestos por la disputa sobre el muro con México que desea y que los Demócratas no quieren financiar, un cierre quedura ya mucho y que puede prolongarse aún más. El magnate de la construcción queda, así, atrapado por su propio tabique.

Trump amaga con ejercer prerrogativas suyas en materia de seguridad nacional, pagando la muralla con dinero presupuestado para el Pentágono. Prescindiría así del Capitolio, aunque demostraría su incapacidad negociadora con el Legislativo además de detraer fondos pensados para sus militares.

Sin embargo, la cuestión más delicada e importante por gestionar por Pelosi es la posibilidad del “impeachment” del Presidente. Ella y los demócratas más responsables, como el líder de su partido en el Senado, Chuck Schumer, no quieren precipitarse. Saben que una destitución fallida sólo reforzaría a Trump.

Como el Senado, controlado por los republicanos, no querrá votar la destitución, no quieren agitar esta cuestión sin que antes el Fiscal Especial, Robert Mueller, encargado de investigar la colusión de Trump con Rusia en la elección presidencial de 2016, aporte pruebas tan irrefutables que los senadores republicanos no puedanignorarlas. Esta prudencia no impediráestablecercomités en la Cámara de Representantes para investigarle en todo lo demás.

Una reciente intervención de una Congresista progresista demócrata presumiendo de que van a destituir a Trump ha contrariado a la dirección de su partidotanto por la indisciplina como por su inoportunidad. Y es que, en EEUU, los votantes son mayoritariamente moderados, voten a quien voten. Los extremismos pueden gustar a republicanos muy conservadores o a demócratas progresistas e impulsivos, pero, generalmente, hacen daño a sus partidos ante el conjunto del electorado.

En este sentido, la primera candidata en postularse por la nominación demócrata para la elección presidencial de noviembre de 2020, la Senadora Elisabeth Warren, por Massachussets, es popular, aunque claramente escorada hacia una izquierda que se identifica con el senador por Vermont, Bernie Sanders, impulsor ahora de una internacional progresista junto a personajes como Yanis Varoufakis o Ada Colau.

Otros demócratas saltarán también a la palestra presidencial y hasta la primaverade 2020 probablemente nada estará claro, cosa que incluso puede ocurrir entre los republicanos sialguno reta almagnate, aunque solo sea para hacerse un nombre para el futuro.

Carlos Miranda es Embajador de España

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