presupuestos
El ex ministro Montoro defendiendo los presupuestos 2018 en el Congreso. Foto: GTRES

La historia tuvo lugar en un ministerio de los de mayor gasto. Uno de los que mayor trozo de tarta recibe de los presupuestos. En sus dependencias, un director general, los días previos a la moción de censura, tenía sobre su mesa un proyecto al que debía dársele salida, sí o sí. Tras hablar con el secretario de Estado, éste le dice que a la semana siguiente saldrá adelante… “si sigo en el puesto”. ¿Premonición? Lo cierto es que ya ha abandonado el puesto, y el proyecto sigue guardado en un cajón.

Una estampa, como dirían los viejos del lugar, que es factible que se haya repetido en más de un ministerio y que refleja la parálisis que la moción de censura promovida por el PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, está generando en la Administración Pública.

Ganada la moción, y con los ministros ya definidos, ahora comienza lo que podríamos denominar como segunda tanda: secretarios de Estado, directores generales, asesores, personal de confianza, organismos autónomos, entes públicos, órganos colegiados, órganos consultivos, personal diplomático… en total, más de 3.000 páginas del Boletín Oficial del Estado (BOE) que darán cabida a más de 1.000 nombramientos.

Todos ellos deberán desempolvar esos proyectos que, por la moción de censura, han quedado guardados hasta que la maquinaria gubernamental comience de nuevo andar. Y lo harán bajó el paraguas de una locomotora que puede tener el freno de mano echado, o si no, rodar a una velocidad más lenta de la que debería tener. Se trata de los presupuestos.

PRESUPUESTOS EN VÍA MUERTA

La parálisis en los presupuestos y el cambio de Administración supone un frenazo, por ejemplo, para las Fuerzas Armadas. La ya ex ministra Dolores de Cospedal había puesto en marcha un nuevo ciclo inversor evaluado en unos 25.000 millones de euros. Se trataba de compensar los años de frenazo presupuestario y comenzar las previsiones de material actualizado para las Fuerzas Armadas, acercando además el presupuesto a los objetivos del 2% del PIB que exigen los compromisos con la OTAN.

El material de Defensa no es algo que se pueda ir a comprar a un supermercado. Los programas de armas requieren años de estudio, requisitos tecnológicos altísimos y previsión, ya que buques, aeronaves y material blindado y electrónico deben estar diseñados no solo para imponerse a otras tecnologías en el campo de batalla, sino para durar décadas.

El desconcierto actual que se vive en los estamentos militares es grande. En ellos resuena aún aquel sonoro titular que dio Pedro Sánchez en una entrevista recién llegado en su primera etapa a la dirección del PSOE: “Suprimiría el Ministerio de Defensa”. Aquella entrevista tenía un trasfondo muy informal y la desmintió Sánchez enseguida, pero pensar que alguien con esa idea vaya a apostar por invertir 25.000 millones en poner al día a las Fuerzas Armadas parece una quimera. El desarrollo e incluso la subsistencia de cientos de empresas dependen de ese esfuerzo, para empezar los astilleros de Cádiz o El Ferrol.

De momento, el flamante presidente del Gobierno se ha comprometido a gobernar con los presupuestos que había aprobado el PP con la venia del PNV. Pero, tras el cambio de chaqueta de la formación nacionalista vasca, las tornas pueden cambiar.

En principio, el PP se ‘contentaba’ con ver cómo un socialista (en este caso sería la ya nueva ministra de Hacienda, María Jesús Montero) defendía los presupuestos elaborados por ellos en el Senado. Pero la traición vivida (así lo consideran en las filas populares) merece un escarmiento aunque no les gusta hablar de venganza, sino de “mejorar” unas cuentas con una serie de enmiendas que se habían dejado “en cartera”.

Una mejoría que retrasará a la locomotora de los presupuestos, que tardará más en coger velocidad de crucero y, por ende, llevar a buen puerto esos proyectos que siguen guardados bajo siete llaves ya sean de índole social, de infraestructuras, de defensa, o de investigación.

Si no se aprobasen finalmente los presupuestos el crecimiento de España se resentiría

Los presupuestos son el única ‘arma’ en manos del Gobierno (las competencias en política monetaria recaen en el Banco Centro Europeo) para establecer las prioridades del gasto. Un gasto que varía cada año en función de las necesidades del país.

“Va a depender de lo que haga el PP, si decide entorpecerlos o retrasarlos. Si finalmente hay enmiendas, puede enmendar algo más de 50 millones de euros”, señala Carlos Cruzado, presidente de Gestha. Y Manuel Romera, director del sector financiero de IE Business School, añade: “Sin presupuestos gobernar es más complicado. Sin presupuesto, lo nuevo no se hace”.

Y lo viejo, por decirlo así, sigue empantanado. “Nosotros funcionamos por liberación de créditos para proyectos concretos que solicitamos a Hacienda. Al no estar aprobados los presupuestos, al no estar fijado el límite de gasto, estamos parados”, señala un alto funcionario de un ministerio. Y concreta: “Estamos en el mes de junio y todavía no tenemos liberados el 50% de los créditos del año”. ¿Consecuencia? Proyectos que deberían haber comenzado a principios de año, que necesitan un goteo regular de dinero, están en vía muerta.

En esa categoría de nuevo se puede incluir la subida generalizada de las pensiones. Aunque el PP ha matizado que se mantendrán. “En principio no tiene por qué afectar a los funcionarios. No parece que hubiera problemas en el incremento de la plantilla. Y en los sueldos se podrían adoptar medidas vía decreto ley”, apunta Carlos Cruzado.

¿Cuál sería el impacto en la economía? ¿Seguiríamos creciendo al mismo ritmo? “Perderíamos una cuarta parte del crecimiento esperado. Es decir, que pasaríamos de un crecimiento del 3% a otro del 2,25% si no se aprobasen”, relata Manuel Romera.

También podría tener incidencia en los mercados. “Puede ser un elemento de incertidumbre. Sin presupuestos, la bolsa caería”, concreta Romera.

Otro punto importante es Bruselas. Desde las instituciones europeas, cada dos por tres, se recuerda a España que debe cumplir con un objetivo de déficit. De hecho, se duda que se acabe cumpliendo con lo establecido (en concreto, Bruselas habla de dos décimas más sobre el tope establecido).

“Si no salieran los presupuestos, acabarían prorrogándose los del año pasado, con lo que la subida de los funcionarios y de las pensiones, así como las modificaciones en el IRPF, quedarían en el aire. Entonces peligraría menos el déficit”, indica el presidente de Gestha.

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Es decir, que se alejaría el vértigo del déficit. “El programa del gobierno es escaso, pero habló de incrementar el gasto social. Si hay incremento, si no se ajusta el gasto, o se modifican los impuestos actuales, se disparará más el déficit”, dice Carlos Cruzado.

Si finalmente el PP decide presentar enmiendas en el Senado, e incluir cambios, lo que conllevaría sería un alargamiento en el tiempo. De vuelta al Congreso, la mayoría matemática que dispone Pedro Sánchez podría darle una vuelta de tuerca y dejar las cosas como estaban. Eso sí, siempre y cuando todos sus socios acabaran apoyándole.

“Con este acuerdo es difícil que no se aprueben. Tendría más motivaciones políticas. En términos económicos no parece que el presupuesto no se apruebe”, apunta el presidente de Gestha. Entonces las inversiones saldrán del baúl de los recuerdos y tendrán los correspondientes efectos en la economía. Más vale tarde que nunca.

La piedra de toque, en este periodo de dilación que parece se avecina, será la elaboración del techo de gasto. Si el PSOE no acaba convenciendo a sus ‘socios’ de gobierno, habría una falta de credibilidad y de confianza. “Entonces no descarto que pudiera haber otra moción de censura”, apunta Manuel Romera. Mientras que Carlos Cruzado indica que “podría haber elecciones”. ¿Recuerdan lo que le dijo el director general del ministerio al secretario de Estado al principio? Como dice el título de la oscarizada película de José Luis Garci, sería volver a empezar. Y en esa casilla de inicio habría proyectos que ya empezarían a cubrirse de telarañas en la Administración Pública.