En una sociedad que persigue lo instantáneo, perderse un rato para escuchar a otra generación, a quienes han hecho más camino, parece un acto casi de revolución. El tercer episodio del pódcast La buena vibra de Som Salut Mental 360, presentado por el actor Octavi Pujades, nos propone reflexionar sobre lo que nos pueden aportar las personas mayores y la consideración que tenemos de su conocimiento. En el diálogo que mantienen Enri (67 años) y Roger (21 años) se integran dos generaciones que, sin encontrarse, lo hacen.
LA EXPERIENCIA QUE ENSEÑA

Cuando Enri evoca cómo, con los años, sus hijos aprendieron a valorar los consejos que ella les daba, se representa una realidad universal. A medida que crecemos, comprendemos que la experiencia no se relaciona con la edad, sino con haber tenido vivencias físicas. Ella misma reconoce que los jóvenes suelen contemplar a los mayores con un punto de distancia, tal vez porque en el paso de la adolescencia se atraviesa esa fase de rebelión durante la cual una cree saberlo todo; no obstante, el tiempo acaba mostrando que, en la vida, correctos y errores hacen evidente que los mayores no hablan desde la teoría, sino desde la práctica.
Roger coincide -incluso desde su juventud, como parte de otra generación- cuando dice que, muchas veces, se da cuenta de que ciertas advertencias que le hacían su madre o su abuela eran ciertas. Desde luego escuchar a los mayores no es fácil, pero ignorarlos puede tener un precio elevado: repetir los mismos errores. Esta sentencia suena con mucho peso cuando Roger reclama al recuerdo a su profesor de historia que siempre decía que quien no sabe los pasados está condenado a repetirlos. Esa es, tal vez, la gran enseñanza de la experiencia: el poder evitar pasajes ya cruzados y aprender de lo vivido por los demás.
Ambos también dicen coincidir en el hecho de que la sociedad presente no siempre hace justicia a la sabiduría de los ancianos. En las localidades, donde las relaciones se perciben de mejor manera, todavía hay un espacio para el respeto a la figura del abuelo o de la vecina mayor, caso en que las grandes urbes han deshumanizado con ello los lazos, poniendo la vida cotidiana como algo más impersonal. Enri lo explica con facilidad incluso: en un pueblo, si no ves a tu vecino durante días, llamas a su puerta para averiguar si se encuentra bien; en Barcelona o en Madrid, ni tan siquiera se atreve a saludar al vecino del lado.
LA JUBILACIÓN, UNA NUEVA GENERACIÓN

Enri explica que decidió dejar su puesto en una entidad financiera cuando cumplió los 55 años, no porque no le gustara el trabajo, sino porque era la opción más coherente. Me pedían que despediese a compañeros que habían sido mis compañeros, y decidí no hacerlo. «Fue un duelo, como si fuera a un funeral», explica. La jubilación, en su caso, es la oportunidad de sintetizar el descanso con la misma búsqueda de la misma vida personal. Enri lo vivió así -después de un año de incertidumbre-: descubrió en el voluntariado una forma de continuarse. Empezó haciendo tareas de inserción laboral, y luego dio clases a personas mayores; «Era en ese momento cuando necesitaba sentir que valía para algo», admite.
Roger escucha con atención y reconoce que su generación tiene una percepción de la jubilación como algo que queda muy lejos, de forma casi ajena. Para la gente de una generación más joven, jubilarse es sinónimo de morir, y el nuevo capítulo puede comenzar. Habla de su abuelo, un entusiasta de las sardanas que ocupa su tiempo libre en un programa de radio y la promoción de la tradición de las sardanas. La jubilación no ha sido un cierre; ha sido el espacio para la dedicación plena a la satisfacción de lo que le gusta hacer. «Eso es lo que hace que él se levante cada mañana», dice Roger, por supuesto, con una profunda admiración.
El diálogo recupera, además, la figura del aprendiz, que han desaparecido en muchos oficios. Anteriormente, el joven había aprendido con el maestro y este podía hacerse útil a través del legado de su saber. En la actualidad, en cambio, se da más valor al título que a la experiencia, lo que empobrece la trama de lo humano del trabajo. Enri recuerda que él aprendió de las personas más antiguas que lo acompañaron desde dentro de la empresa, y que esa servilleta fue el principal medio para él. Roger, para su parte, lo ve en el hospital donde él estudia: las veteranas auxiliares, dice, “saben más por viejas que por diablas”.




















































