Nokia es una causa pérdida. Más bien, lo sigue siendo. La compañía ha vuelto a despeñarse en Bolsa donde sus títulos cotizan por debajo del valor que tenían en 1997, y la culpa la vuelve a tener la llegada de una nueva tecnología. La misma piedra con diferente filo. Aunque la situación actual tiene hasta cierta sorna. Al fin y al cabo, no deja de tener ironía que tras fracasar estrepitosamente, una década atrás, al no ser capaz de adaptarse a la llegada de una tecnología rompedora, la firma hubiese fiado su futuro a la llegada de una nueva (el 5G), que ha acabado (por el momento) con un resultado igual de malo. La empresa finlandesa podría ser la máxima expresión de lo que contaba Slavoj Zizek en su obra ‘En Defensa de las Causas Pérdidas‘: “Tras fracasar es posible seguir adelante y fracasar mejor”.

La filosofía de las causas pérdidas dice que una vez asumido el primer fracaso, lo mejor es centrarse en el siguiente. Dicho y hecho. La carrera por volver a ser un actor importante en la venta de móviles no era factible; es más, ni Microsoft ha sido capaz de levantar dicha área después de comprarla en 2013. Por ello, Risto Siilasmaa, presidente de Nokia, se propuso un nuevo y ambicioso plan que contemplaba un giro de 180 grados en el negocio gracias a una reconversión tecnológica enfocada a las redes 5G y al machine learning. Algo que no parecía tan descabellado en una empresa que consiguió liderar el mercado de móviles pese a que su primer oficio, más de un siglo atrás, consistió en la extracción de pulpa de madera para la fabricación de papel.

Obviamente, para beneficiarse de la corriente ascendente que genera una nueva tecnología se debe cumplir con dos requisitos importantes: por un lado, que sea una verdadera revolución que pueda cambiar el mundo. La primera cumplida, según Siilasmaa: “Es más que un simple cambio de número en la G. Esta evolución transformará industrias enteras y a la sociedad en su conjunto”. La segunda, ser un actor importante en la misma para captar el mayor porcentaje del nuevo mercado. Al parecer Nokia también lo cumplía, puesto que era “una de las dos únicas compañías mundiales que puede ofrecer ya esta red punto a punto”, en palabras del presidente.

En definitiva, con todo perfilado ¿qué podía salir mal? Por desgracia para la compañía finlandesa, muchas cosas. La más visible es la pérdida de más de un 32,2% de su valor bursátil, sus títulos están al nivel de 1997, o lo que es lo mismo volatizar cerca de 11.000 millones en la que va de 2019. Pero los movimientos bursátiles son siempre los síntomas, las causas son otras y siempre suelen estar relacionadas con la evolución del negocio. En está ocasión, el problema es de dinero. La ambición de Nokia es la de desarrollar una infraestructura líder de 5G, pero para ello necesita de un flujo de capital continuo que en la actualidad no tiene. Uno de los problemas que surgen cuando te vendes como una empresa con espíritu de startup, pero que (desgraciadamente) solo está centrada en infraestructuras.

LA TORMENTA PERFECTA CONTRA NOKIA

En el plan elaborado por Siilasmaa había un pequeño problema, y es que para cumplir con él la firma finlandesa necesita más dinero que Carmen Lomana para renovar su armario. La razón es que el nuevo perfil elegido por la compañía se circunscribe a dos de las estructuras de negocios (al parecer con una no valía) que más capital necesitan para desarrollar su negocio: la configuración de una startup unida al negocio en infraestructuras de telecomunicaciones. Lo que viene siendo una máquina perfecta de quemar efectivo, capaz de rivalizar con las elucubraciones de Elon Musk. Que también tiene su mérito.

El centro neurálgico del problema es el denominado estado de flujos de efectivo, el corazón de toda empresa, que se ve afectado por dos frentes. Por un lado, la estructura ya descrita de startup, dado que su negocio core está en desarrollo, ha limitado la entrada de dinero en ella. Así, el dinero que ingresó en 2018 y en 2019 será el segundo y tercero más bajo (si omitimos los negativos) en lo que va de siglo. Por otro lado, centrar el negocio en el desarrollo de redes exige una inversión muy fuerte, de hecho, las operadoras que llevan años en el negocio son las empresas que más deuda atesoran del mundo. En concreto, la partida de costes de capital en estos años será el doble que en años anteriores.

Lo anterior, obviamente, provoca un agujero en el flujo de caja libre, unos 800 millones entre 2018 y 2019, que debe ser capitalizado para que la compañía pueda seguir en funcionamiento. Por ello, la firma ha tenido que eliminar el pago de dividendos de cara a los próximos años. Aun así, no parece que será suficiente. “Es probable que el perfil de crédito de Nokia se debilite aún más en 2019, con la contracción del margen operativo y una reducción en las perspectivas de limitación de efectivo neto (…) impulsado por el despliegue comercial de la tecnología 5G”, señaló recientemente JPMorgan sobre la situación de la compañía.

ADIÓS AL CAMPEÓN DE LA UNIÓN EUROPEA

La evolución del flujo de caja libre es problemático para Nokia, dado que lo necesita para llevar a cabo se remodelación, pero ni de lejos es el único. También se le une que sus ingresos llevan estancados desde 2016 y se espera que siga así hasta 2020. Una situación anormal para una empresa que presume ser una startup tecnológica. Asimismo, los inventarios están alcanzando niveles históricamente altos. Por otro lado, el coste de los ingresos es cada vez más alto, lo que estrecha el margen operativo, debido a la fuerte expansión de costes que está llevando a cabo. En último lugar, el fondo de comercio sobre activos totales ha crecido en los últimos años, lo que podría indicar haber pagado precios excesivos en sus últimas adquisiciones. El resumen de todo ello se ve en la tendencia terrorífica que ha seguido el bpa, el beneficio por acción, que ha caído un 66% en el último lustro.

Todo ello, ha llevado a su desplome en bolsa. La (nueva) caída de Nokia vuelve a poner de relieve los problemas que tiene la Unión Europea para obtener un campeón en el campo de las TIC. El viejo continente no encuentra actores relevantes que puedan desafiar a las empresas estadounidenses y asiáticas: Google lidera los motores de búsqueda, Facebook como plataforma social, en cuanto a 5G gana Huawei, en la nube Amazon e, incluso, en cuanto a coches eléctricos (donde Europa lleva la delantera) Tesla es la marca más vendida. En su momento, Ericsson y sobretodo Nokia lo eran, pero quizás alguien en Bruselas ya está concienciado de que la finlandesa es una causa pérdida.