Naturgy Reynés
El presidente mostrando el nuevo logo

El 27 de junio Gas Natural Fenosa dio paso a Naturgy. Dos meses después, la reestructuración de la compañía dirigida por Francisco Reynés sigue su curso mientras en Bolsa marca una pausa a la espera de atacar máximos históricos.

En este periodo, la cotización de la empresa energética en el Ibex 35 ha pasado de 21,24 euros a 23,19 euros, es decir, una subida del 9,18 %. Aprovechó los últimos coletazos de un comienzo de año extraordinario (+16,18 % entre febrero y el 27 de agosto). Desde julio, los títulos de Naturgy dibujan un canal lateral que aún persiste.

Naturgy en el Ibex 35

Francisco Arco, analista de XTB, considera que “es muy probable que (Naturgy) ataque máximos mientras USA no caiga y Europa se mantenga”. Este respiro en la escalada de las acciones también se entiende en un marco estival, con menos volumen y un mercado más parado. Además, repartió el 31 de julio un dividendo a cuenta del ejercicio 2018 de 0,28 euros por acción, íntegramente en efectivo.

Se trata de un parón coyuntural”, explica Francisco Arco. “Su política de dividendos, el plan de reestructuración a largo plazo y el crecimiento orgánico hacen que el dinero se mantenga en el valor”, añade el analista.

El Plan Estratégico 2018-2022 ha marcado en gran medida el camino a seguir por la compañía. Dos grandes objetivos financieros en el nuevo entorno de la transición energética global: alcanzar un EBITDA de  5.000 millones y un beneficio neto de 1.800 millones de euros. “Los ejes del PE contribuirán a transformar la compañía en los próximos años, para convertirnos en un player internacional centrado en la creación de valor”, declaró Francisco Reynés durante su presentación en Londres.

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La acción de Naturgy ha tenido que enfrentarse en estos dos meses a dos rebajas en las recomendaciones. Por un lado, la agencia de calificación de riesgo Fitch bajó un escalón la nota de la deuda a largo plazo de la energética española el 1 de agosto, de BBB+ a BBB, con una perspectiva estable. Por otro lado, el banco alemán Deutsche Bank cambió de ‘comprar’ a ‘mantener’ su posición sobre la compañía.

A pesar de estos dos toques de atención, los títulos de Naturgy se mantienen fuertes en el selectivo español. En un mercado donde los grandes bancos y fabricantes automovilísticos han caído, las acciones de la compañía no caen. “Es un valor no muy fluctuante para equilibrar carteras; las compras perduran porque la Bolsa es expectativa”, concluye Francisco Arco.

Quizá uno de los momentos más complicados desde su nueva imagen fuera la presentación de los resultados semestrales en julio. El presidente de la compañía anunció un beneficio neto recurrente en los primeros seis meses del año de 532 millones de euros, un 22% más que en el mismo periodo de 2017. Sin embargo, una depreciación de activos por valor de 4.851 millones provocó un balance negativo de 3.281 millones de euros.

¿CUÁL ES EL FUTURO NUCLEAR?

Bajo este escenario, y con una ministra de asuntos energéticos que mete prisa para el cierre nuclear, pasado el tiempo queda sin resolver el valor de estas centrales. Y es que Naturgy decidió en 2015 integrar su negocio nuclear en su filial Gas Natural Fenosa Generación. De este modo, los activos transferidos a esta filial, controlada al 100% por la matriz, tenían un valor de 361 millones y todos se encontraban en España.

En concreto, la compañía cuenta con un 11% de Almaraz I y II, y con un 34,5% de Vandellós, centrales cuya potencia conjunta total asciende a 2.842 megavatios (MW). ¿Y cómo va el negocio? Complicado saberlo. Y es que esta filial de la compañía gestiona, justamente, los activos que tiene en la generación eléctrica, por lo que la desagregación neta es compleja.

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En cuanto a Gas Natural Fenosa Generación, en su conjunto, según datos del registro mercantil recogidos por Insight View, al cierre de 2016 (últimos datos publicados) la empresa facturó 1.717 millones de euros. No obstante, el resultado final arroja unas pérdidas de 374 millones de euros. Lo cual no indica que sea todo del negocio nuclear. De hecho, en esas mismas cuentas, hay un apartado donde, ahora Naturgy, desgrana los números de sus “negocios conjuntos”. Es decir, aquellos que, como en el caso de las nucleares, comparte titularidad de las infraestructuras con otras compañías (Endesa e Iberdrola).

En este caso, en 2016 este segmento arroja unas pérdidas de 17,3 millones de euros. Pero no se puede conocer con exactitud más datos. Es más, tampoco se trata del negocio nuclear sin más, puesto que en estos “negocios conjuntos” también se incluye la central térmica de Anllares (con Endesa). Lo curioso es que en 2017, según las cuentas publicadas en la CNMV por Gas Natural Fenosa, esta actividad arrojó unos beneficios de 24 millones de euros. Aunque de nuevo no se sabe cuánto pertenece a la actividad nuclear de generación eléctrica.

¿HABRÁ CIERRE, O NO?

La cuestión es que en este trayecto nuclear, Naturgy no viaja sola. Una vez que la nueva ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ya ha puesto sobre la mesa el cierre de las centrales, ahora deben mover ficha las compañías gestoras.

En el caso de Almaraz, que cuenta con dos reactores, Naturgy (11%) es copropietaria junto a Iberdrola (53%) y Endesa (36%). Tienen que decidir en consenso si cerrar al cumplirse los 40 años, o bien prolongar la vida útil hasta los 50. A favor de cerrar, los vascos; en contra, la participada italiana. Sobre la mesa: los pros y contras de mantener abiertas o no las centrales nucleares con el consiguiente gasto de inversión, bien para desmantelar las instalaciones, o para que sigan funcionando.

Sea como sea, la próxima primavera debe estar todo decidido. Aunque la inestabilidad del actual Gobierno (y a la espera de un posible adelanto electoral), sumado a las diferentes opiniones de las tres empresas, hace que todo sea bastante complejo.

Con información de Raúl Masa