Desde los albores de los tiempos, las personas se han relacionado y han hecho negocios en base a contratos. Contratos que incluían una serie de parámetros que podían abarcar diferentes aspectos como qué se podía hacer, a qué se comprometía cada una de las partes, qué penalizaciones podría haber si una de las mismas no cumplía lo pactado… En definitiva, se trataba de poner por escrito (o de viva voz) las reglas del juego por las que se iba a regir la relación entre las dos partes.

Pero ahora estamos en pleno proceso transformador digital que puede afectar a muchas personas que jugaban un papel preponderante en este tipo de acciones. El ‘culpable’ no es otro que los denominados como smart contracts. Para ver cuál es el presente y el futuro de los contratos inteligentes, MERCA2 reunió en una mesa de trabajo a Monserrat Guardia, directora general de Alastria Blockchain Ecosystem; José María Anguiano, socio de Garrigues; y Fernando Bazán, socio del área laboral de Deloitte Legal.

EL ‘SMART CONTRACT’ Y LA INTERPRETACIÓN

Cuando una persona firma un contrato, automáticamente está sometiéndose a las leyes y a las jurisdicciones que le afectan. “Un smart contract es una cláusula contractual que se programa en software de manera automatizada”, definió Monserrat Guardia. Dicho de otra manera, un contrato inteligente que se ejecuta y se hace cumplir por sí mismo. “Los pactos se vuelven autoejecutables. Por tanto, los contratos pasan de ser una promesa de realizar unas prestaciones a una seguridad de que las mismas se van a ejecutar y a prestar”, matizó José María Anguiano.

Que haga las prestaciones de forma automática no es la única ventaja. “Lo que hace smart contract es evitar interpretaciones. A los abogados, que tanto nos gusta interpretar las cláusulas para cambiarles el sentido de lo que realmente se quería decir, nos encontramos con que desaparece esa posibilidad”, sostuvo el socio de Garrigues. Es decir, que sucede una cosa. Hay una consecuencia. Está programada. Y no es susceptible de modificación. “De esta manera se hace muchísimo más ágil, y menos controvertida, la ejecución de los contratos en determinados aspectos”, añadió José María Anguiano.

Montserrat Guardia, directora general de Alantria Blockchain Ecosystem

¿Significa eso que desaparecerá la figura del abogado? “No lo creo. Quizás se modifique el momento temporal de su intervención, siendo más relevante a la intervención previa a la suscripción del contrato”, manifestó Fernando Bazán. Mientras que Monserrat Guardia especificó: “No va a desaparecer porque un abogado va a tener que saber verificar una prueba electrónica, que es lo que es un smart contract. Entonces habrá dos momentos: uno, el momento embrionario de crear un smart contract; y, dos, el momento de proyectar cómo va a ser un mundo con smart contract”.

Lo que sí está claro es que va a afectar al mundo jurídico. Estos códigos informáticos escritos con lenguaje de programación van a evitar ciertos lastres a la par que tendrán ciertas ventajas. “Por ejemplo, va a reducir drásticamente la litigiosidad en la medida en que no hay incumplimientos”, apuntó José María Anguiano. Eso no significa que el derecho contractual vaya a desaparecer del todo porque siempre cabe la posibilidad de que las partes no hayan previsto algo, que algo no funcione bien, o que haya una contingencia exógena.

EL BOTÓN DE PARADA

Por las circunstancias anteriormente descritas, el socio de Garrigues es partidario de meter un botón de parada, o de modificación, en los smart contract. “Una de las cuestiones que habrá que ver es a quién se va a poner al mando de ese botón”, advirtió. Una circunstancia que Fernando Bazán indicó que “teóricamente desnaturaliza el concepto”.

Llegados a este punto hay que matizar la naturaleza de un smart contract que no es otra que un código visible por todos que no se puede cambiar porque existe sobre la tecnología blockchain. “La visión pura del blockchain no va a afectar bajo ningún concepto a los smart contract por dos motivos. Primero, porque los registros distribuidos no serán públicos, serán todos permisionados. Por lo tanto, el concepto tradicional puro y duro del registro de blockchain va a desaparecer en los smart contract. Y, segundo, porque hay que controlar los disparadores y, por tanto, habrá uno o dos que se encarguen de este tipo de botones. No creo que el esquema puede aplicar mutatis mutantis el esquema blockchain a los smart contract. Tampoco es el objetivo”, resaltó José María Anguiano.

José María Anguiano, socio de Garrigues

Llegados a este punto, podemos hacer tres aproximaciones: quiénes son las partes (que es la identidad digital), quién es el objeto del contrato, y cuál es la automatización del contrato. ¿Cuál es la primera función importante de un smart contract? Garantizar la reciprocidad de las actuaciones en ambas partes. ¿Y cuál es la siguiente? La de pura automatización. “Un smart contract es un código en el que metes una serie de datos, que bien sacas de los IoS, o bien metes manualmente, o bien los obtienes de oráculos. Los ejecutas y dan como resultado un data exe. Esos datos pueden ir a un criptoregistro, o pueden ser un disparador. Por poner un ejemplo, la firma de llaves de un carsharing es un smart contract”, concretó José María Anguiano.

¿Qué es un oráculo? Se pueden definir como aquellos instrumentos que posibilitan actualizar estados internos de un smart contract siempre a través de información del exterior. Dicha información se suele obtener, habitualmente, a través de APIs (conjunto de reglas –código- y especificaciones que las aplicaciones pueden seguir para comunicarse entre ellas).

“Los oráculos no están desarrollados todavía seriamente. Sería la fase siguiente. Es automatización pura de cosas naturales que nos pasan en el día a día. La ventaja de ganar tiempo es enorme. ¿Se va a sustituir la función de auditoría? No. Al contrario. Se va a tener que verificar que estos oráculos, que estos smart contract, están realmente ejecutándose en las premisas que se permitían ejecutar”, recalcó Montserrat Guardia.

DUDAS SOBRE SMART CONTRACT

Llegados a este punto, muchas son las preguntas que los tres invitados por MERCA2 pusieron sobre la mesa. ¿Cómo se aplica a la realidad de las empresas? ¿Cómo deben trabajar las empresas con este tipo de smart contract? Fernando Bazán puso un ejemplo propio en Deloitte Legal, relacionado con el derecho laboral, por el que descubrieron que smart contract les dejaba muy pocas posibilidades de interacción entre empresa y trabajador. ¿Razón? “Pasan muchas cosas durante la vida del contrato”, resumió Bazán.

Fernando Bazán, socio del Área Laboral de Deloitte Legal

“El tema a nivel empresarial se debe enfocar sobre qué tipo de problema tengo y dónde me puede encajar, por ejemplo, en cosas muy transversales sobre las que ahora no tengo solución”, indicó la directora general de Alastria.

Fue entonces cuando en la mesa redonda apareció lo que se denomina como code is law (el código es ley). “Los matemáticos, y los informáticos, creen y están convencidos de que el código está haciendo ley, que se acaba convirtiendo en una especie de principio consuetudinario que te lleva a actuar de una forma y no de otra. Además, no deja salirte del camino. Si tú quieres denunciar un contenido de una red social tendrás que seguir el procedimiento programado en esa red social y no otro”, apunta José María Anguiano. Es decir, a través de la programación blockchain, con los smart contract, se puede sustituir a la ley de tal forma que los ordenamientos jurídicos que tienen el mandato de restituir, o resarcir los perjuicios que puedan ocasiones los incumplimientos contractuales, ya no lo tienen.

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“Y si no hay incumplimiento no hay que resarcir ningún perjuicio. Si todo está programado no hay ordenamiento jurídico que me diga cómo lo tengo que hacer. Ese es un planteamiento muy interesante”, recalcó el socio de Garrigues. ¿El ordenamiento jurídico va a venir dado por un software o vamos a seguir con sistemas jurídicos tradicionales? ¿O el software va a tener que cumplir con lo normativamente establecido?

Respuestas aparte, tanto blockchain como smart contract tienen un elevado significado jurídico. Algo que resulta curioso cuando los juristas, en su inmensa mayoría, no entienden de estos temas.