El año 2020 ha estado marcado por el estallido de la pandemia del coronavirus y los cambios estructurales que ha supuesto en la movilidad, el consumo, el ocio y el sector inmobiliario, entre otros. La ‘nueva normalidad’ ha venido con un despegue del negocio de bicicletas y patinetes eléctricos, así como un mayor uso del carsharing. Se trata de nuevas modalidades para realizar los desplazamientos, que son más sostenibles y reducen la boina de contaminación.

Cuando las ciudades comenzaron a recuperar el pulso tras las largas semanas de confinamiento, el transporte público no podía garantizar el distanciamiento social para evitar nuevos contagios. Lo que empujó a muchos usuarios a decantarse por utilizar el vehículo privado, o incluso los taxis o VTC.

El propio vicepresidente, consejero de Deportes, Transparencia y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, aseguró que el transporte público era incapaz de absorber la demanda de pasajeros.

En una entrevista para MERCA2, Aguado explicaba que “el reto que ahora afrontamos desde la Comunidad de Madrid, igual que el resto de España, es el de aprender a convivir con el virus. La gente debe incorporar la mascarilla en su día a día con total normalidad y cogerla antes de salir de casa, como hacen con las llaves o el teléfono móvil”.

Es evidente que el contexto económico y social ha dado un giro muy rápido en España, y la pandemia del coronavirus ha impulsado el uso de bicicletas y patinetes eléctricos en las ciudades, ya que reducen el riesgo de contagio y, además, no contaminan.

A medida que las comunidades autónomas empezaron a levantar las restricciones de confinamiento para que más gente pudiera ir a trabajar, las autoridades se enfrentaban a un nuevo dilema: ¿qué se puede hacer para que esos desplazamientos sean seguros? Pues la respuesta es clara, ganarle terreno al coche.

Cada vez son más las voces que presionan al Ejecutivo para que peatonalice más kilómetros de carreteras, así como una clara apuesta por nuevos sistemas de movilidad, como la bicicleta, el patinete eléctrico o la moto.

Con estas alternativas se apoyaba el desplazamiento individual, y buscaban reducir la demanda de los medios de transporte habituales, como trenes o autobuses, donde se suceden diariamente aglomeraciones.

El propio ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, consideraba “difícil” aumentar la oferta de los transportes públicos urbanos y metropolitanos para garantizar las distancias entre viajeros recomendadas por Sanidad.

“Si queremos articular un transporte seguro una vez que se reanude la actividad, será muy difícil hacerlo sólo con el transporte público”, sostuvo el ministro. De hecho, calculaba que era necesario triplicar la oferta, “no hay capacidad, no tenemos el triple de metros ni de autobuses”, lamentó. Una situación crítica que ni desde el Gobierno, ni desde la Comunidad de Madrid sabían cómo manejar.

En un primer momento abogaron por el uso de las bicicletas o el coche privado para realizar los desplazamientos permitidos. Pero en este punto se inicia un doble debate: por un lado, el alza en los índices de contaminación a causa del uso generalizado del vehículo y, por otro lado, los expertos apostaban por eliminar el tráfico en algunas calles.

Tras levantarse todas las restricciones de movilidad y producirse la vuelta paulatina a los puestos de trabajo, el transporte público no ha sido capaz de recuperar la tasa de viajeros que registraban antes de la pandemia.

URBANISMO 2.0

Los expertos han querido apuntar a un cambio en el urbanismo hacia el 2.0. La sensibilidad ecológica, el afán por tener una vida más saludable y la irrupción del teletrabajo, cuestionaban el modelo de ciudad conocida hasta entonces. Pues bien, el temor a un posible contagio en el transporte público, ha aumentado el número desplazamientos en coche.

El Ayuntamiento de Madrid mostró su preocupación por la rápida recuperación del vehículo privado, que volvió a tomar las calles de la capital, y un estudio reveló que hasta el 13% de los usuarios del transporte público se pasarían al coche.

De hecho, la calidad del aire, tras dos meses de registros sin precedentes de baja contaminación, se convirtió de nuevo “regular“, según las estaciones municipales de medición.

Por esto, Almeida ha pedido en numerosas ocasiones a los ciudadanos que usen el transporte público como la “mejor opción” para moverse por la ciudad. En esta línea, anunció una ampliación provisional de 42 kilómetros de carriles bus, una decisión que cuenta con el respaldo de la oposición y las organizaciones por la movilidad sostenible.

AUGE DE CALLES PEATONALIZADAS

Los defensores de la transformación urbana para darle prioridad a los peatones han querido aprovechar este contexto de pandemia para afianzar su idea. En las nuevas calles, defienden la creación de amplias zonas verdes, calles peatonalizadas y con espacio para bicis y patinetes.

La peatonalización de calles y carreteras no solo sería beneficioso para viandantes y nuevos sistemas de movilidad, sino que también permitiría desarrollar actividades comerciales fuera de las tiendas, y ampliar las terrazas de los restaurantes, que actualmente están sometidas a restricciones para garantizar la distancia de seguridad.

Además, en esta reordenación del espacio público, los expertos en urbanismo apuestan por un cambio en el retail y volver al comercio de barrio, con la incorporación del e-commerce y la logística de proximidad, así como un cambio de mentalidad y realizar la compra diaria, para evitar cargar pesadas bolsas o tirar del carro.

Además, presentan un nuevo modelo de ciudades policéntricas donde prime la proximidad y la escala humana, los desplazamientos peatonales, la movilidad compartida y la micromovilidad. Lo que se conoce como “ciudades humanas”.

A su vez, el auge del comercio electrónico y las mejoras logísticas, están revolucionando el retail físico. Los grandes centros comerciales de extrarradio se ven cuestionados, y cobra mayor fuerza un proceso de retorno de los operadores a la ciudad, adoptando formatos pequeños de proximidad.