Magdalena Valerio
Magdalena Valerio, ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Foto: Gtres.

“Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré…”. La frase es de una de las canciones más pegadizas de Alaska y Dinarama y bien podría aplicarse a la actual titular del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Porque Magdalena Valerio es tan auténtica como la cantante de origen mexicano. De ahí que no se le cayeran los anillos al reconocer en su día que le habían metido un gol “por la escuadra” al publicar el BOE la aprobación de un sindicato de prostitutas por su departamento.

Auténtica y sincera. Como esas abuelas que, en su día, o bien te daban una onza de chocolate, si te lo merecías, o un pescozón. En un acto de Nueva Economía Fórum, su presentador, a la par que compañero de partido y actual embajador de España ante la OCDE, Manuel Escudero, se puede decir que la bañó no con pétalos de rosas, sino con una marea de loas y alabanzas a su persona y a su trabajo.

No llegó a ruborizarse (lo más light que destacó de ella fue su bondad), pero ante los halagos no dudó en afirmar que “no soy perfecta” (coletilla que repitió no tres veces como Judas, pero sí lo hizo en una segunda ocasión). ¿Se estaba poniendo la venda antes de la herida?

Magdalena Valerio reconoció que sintió vértigo y respeto cuando Pedro Sánchez le propuso la cartera de Trabajo

Puede ser, porque la tarea que tiene por delante, en un ministerio que engloba trabajo, migraciones y seguridad social, es ingente. Por eso subrayó que su intención es la de “no defraudar las expectativas generadas”.

EL LADO BROMISTA DE MAGDALENA VALERIO

Bien sea porque las palabras de Manuel Escudero realmente le afectaron, bien sea porque se le había metido una mota en el ojo, lo cierto es que Magdalena Valerio subió al estrado limpiándose unas lágrimas de los ojos. ¿Sentimental o un mero accidente? Entonces apareció su lado jocoso: “Llamándome Magdalena lo normal es que llore”.

En su ‘lado oscuro’ también se le puede achacar cierta ‘mieditis’. La llamada de Pedro Sánchez para ocupar la cartera le provocó vértigo. “Vértigo y respeto”, concretó. “También sentí ilusión y un sentimiento profundo de responsabilidad ya que había que recuperar los derechos perdidos por los trabajadores durante los últimos años del gobierno del PP”.

Una tarea que calificó de “compleja y épica”: compleja por el hecho de gobernar con 84 diputados en el Congreso; y épica porque requiere un gran esfuerzo. “El camino no lo marca un solo partido político. Cada voto cuenta pero también los argumentos”, manifestó. Y ahí tiró de hemeroteca.

Lo hizo nombrando una frase del quizás mejor jugador de baloncesto de toda la historia: Michael Jordan (¿será porque le gusta el deporte, no como a su homólogo Maxim Huerta el breve, o fue un recurso?). Jordan dijo que el talento puede ganar partidos, pero los campeonatos los consigue el equipo. Y a Pedro Sánchez, y a ella misma, le gusta trabajar en equipo. Y se lo agradeció al suyo, parte allí presente, delante de toda la concurrencia.

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Los asistentes también comprobaron cómo, a la hora de hablar, no tiene fin: “Mi primer trabajo digno remunerado fue dar clase, tengo la deformación de los profesores, y me enrollo más de la cuenta”. Como las persianas, pensó alguno. Reconocer los propios defectos honra a una persona.

Tampoco es un libro abierto, ni su mente es la enciclopedia británica ni el libro gordo de Petete. Reconoció que no sabía cuál era el número concreto de personas del Aquarius que habían pedido asilo político, pero quedó con el periodista en que se lo haría llegar.

Expresiva a más no poder (reconozco que cuando la veo me recuerda a las actrices del cine mudo de principios del siglo XX), no le duelen prendas al reconocer que prefiere que la llamen ‘buenista’ (como sucedió en el Congreso) a que le pongan el calificativo de racista.

“No me gusta andarme con rodeos y zarandajas”, afirmó cuando se la interpeló por la derogación de la reforma laboral. “No invierto mi tiempo en cosas que no van a prosperar”. Y es optimista, porque le gusta ver el vaso siempre medio lleno “aunque sepa que no está lleno”.

Por eso, por ejemplo, Magdalena Valerio prefiere quedarse con el dato de que en el mes de agosto se crearon un 33% más de contratos indefinidos que en el mismo periodo del año anterior que con el hecho de que se destruyeron más de 200.000 puestos de trabajo. “Si hay un problema hay que reconocerlo pero no magnificarlo”, añadió haciendo mención a la desaceleración económica que vive España. “Hemos cometido errores pero rectificamos si nos equivocamos. No somos perfectos”, dixit de nuevo. ¿Rectificar es de sabios o de malos gestores?

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