Un SH-60 de la Armada toma en la popa de una fragata española.

El Consejo de Ministros aprobó este pasado viernes la compra de dos helicópteros más de “segunda mano” destinados a la Armada. Dos aparatos SH-60F Seahawk, procedentes de los excedentes de la marina de guerra norteamericana, la US Navy, por un precio estimado de unos 28 millones de euros. Con estas incorporaciones se soluciona una situación grave de la Armada de carencia y obsolescencia de aparatos. El problema es que el Ministerio de Defensa lleva invertidos cerca de 3.200 millones de euros en programas de helicópteros “de futuro”, los programas NH-90 y Tigre.

Cospedal lograba así autorización para dos helicópteros más, a añadir a los cinco que había recibido la semana pasada en un acto de campanillas celebrado en la factoría de Airbus en Albacete. En el mismo, Defensa recibía dos NH-90, un Tigre HAD y dos Superpuma. Estos últimos de “segunda mano”, pero casi más urgentes que los otros tres.

La carencia de helicópteros es crítica para las Fuerzas Armadas españolas, tal como reconoce el Plan Director de Helicópteros de la Dirección General de Armamento (DIGAM) del Ministerio de Defensa, que dibuja un panorama de jubilación de los diferentes modelos desolador. Y particularmente catastrófico en la dotación de unidades como las del Servicio Aéreo de Rescate del Ejercito del Aire (SAR), cuyos Superpuma, además de estar ya en fecha de jubilación, han producido dos accidentes mortales en la unidad basada en Canarias, en los que murieron sendas tripulaciones.

Por eso el departamento que dirige Dolores de Cospedal se ha visto obligado a adquirir hasta diez aparatos de segunda mano. Se trata de cuatro helicópteros Superpuma de Airbus y ocho SH-60F, Seahawk, estos de los que quedan fuera de servicio de la US Navy, por medio del programa Foreing Sales Military del Departamento de Defensa estadounidense. Todos estos helicópteros son básicos para poder seguir haciendo misiones imprescindibles de las Fuerzas Armadas, concretamente del Ejército del Aire y de la Armada, cuya situación es especialmente acuciante en este tipo de sistemas de armas. Estas compras de “segunda mano” han supuesto un desembolso de casi 220 millones de euros en aparatos usados en el último año.

La antigüedad y obsolescencia del parque de helicópteros militares fue detectado al principio de la década de 2000. Éste análisis se tradujo en la inversión en un programa extraordinariamente ambicioso desde el punto de vista industrial, el helicóptero de transporte táctico NH-90 (1.682 millones), junto al Tigre, de ataque. España no solo encargaba 45 helicópteros NH-90, un salto cuantitativo histórico, sino que el acuerdo con el fabricante Airbus llevaba aparejada la construcción de una factoría de Airbus Helicopters en Albacete, patria chica del entonces ministro de Defensa, José Bono. Y paradójicamente, también de la actual titular, Dolores de Cospedal.

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La crisis iniciada en 2008 y la realidad pusieron el ambicioso pedido que debía surtir a los tres ejércitos a un pedido limitado a 22 unidades. El problema es que, como tantos otros programas de armamento desarrollados por España, al corto pedido de unidades se suman exigencias y capacidades que requieren mucho desarrollo de diseño, casi a medida para nuestros ejércitos. Eso supone que los plazos de entrega se retrasan hasta que los complejos desarrollos están terminados, y que hay siempre incógnitas con los resultados, en contra de lo que supondría una compra llave en mano de un producto terminado y probado.

Un Tigre a la española

Algo parecido ha sucedido en el Programa Tigre, que tiene un coste autorizado de 1.515 millones de euros por 24 aparatos. Aunque los ejércitos francés y alemán ya estaban usando este aparato, un helicóptero de ataque, incluso en campos de batalla, los analistas del Ejército de Tierra dieron una vuelta más de tuerca a su futuro helicóptero de ataque.

Los modernos Tigre de Airbus tenían que reemplazar a los vetustos Bolkov (MBB Bo-105) de los años 80, diseñados para contener las presuntas masas de carros de combate soviéticos que inundarían Europa en el fantasmagórico plan de batalla de la Guerra Fría. Hoy el uso de estos aparatos está más bien en las guerras asimétricas que asolan el Globo: Afganistán, Mali, Irak, o el Sahel. De todo este cómputo de ideas y proyección de futuro nació el Tigre HAD, “Helicóptero de Apoyo y Destrucción”, la versión española del helicóptero que ya utilizan Francia o Alemania, entre otros, de apoyo o reconocimiento armado.

Helicóptero Tigre en su versión HAD volando en las inmediaciones de Almagro. MdE

Se trata de un helicóptero con mayor grado de blindaje y con sistemas más completos, equipado con misiles y ametralladoras que se apuntan con la simple mirada del artillero, gracias a un novedoso diseño de casco. Pero lógicamente este diseño tiene un coste, y además requiere de unos motores mucho más potentes que los diseñados por Airbus para el primer Tigre “estándar”.

La elección de Tigre ya fue polémica en el Ejército de Tierra. No pocos analistas preferían el AH-64 Apache norteamericano. Se trataba de un aparato que se compraba “llave en mano”, probado en numerosos campos de batalla y con el respaldo industrial estadounidense. En su contra, que el proyecto industrial no tenía retornos en Europa ni en España. Además, es un helicóptero diseñado y desarrollado en la década de los 90 del pasado siglo, con lo que su validez en las exigentes condiciones de la guerra o los escenarios de combate va a ser menor, comparado con el Tigre.

Los primeros Tigre HAD llegaron a la base del Batallón de Helicópteros de Ataque (BHELMA 1) en Almagro en 2013. Además de haber aprobado con nota en el terrible campo de pruebas que supuso la misión en Afganistán (donde fue el modelo “francés), los Tigre están pasando varias pruebas exigentes. Han aterrizado incluso en el Buque de Proyección logística Juan Carlos I, el actual buque insignia de la Armada, demostrando capacidad de proyección y expedicionaria.

Un helicóptero y una fábrica

En el caso del NH-90, el proyecto desarrollado por el entonces todopoderoso secretario de Estado de Defensa, Francisco Pardo, suponía que Airbus tenia que desarrollar un sistema de “navalización” del NH-90 para su uso por parte de la Armada. Palas plegables, motores diferentes y otros requerimientos para operar en alta mar y sobre buques, con espacios reducidos.

El encargo inicial de 45 helicópteros tenía una condición bastante peculiar. Los aparatos llegarían “pelados”, es decir el encargo solo llevaba los sistemas de vuelo, sin los complejos sistemas de seguridad y contramedidas, entre otros, de los helicópteros destinados a operar en condiciones de combate. Cuando ganó las elecciones el PP y el equipo del ministro Pedro Morenés tomó cartas en el asunto, había dos problemas. El primero, que las facturas de los encargos de armamento de los felices años 90 y primeros 2000 se antojaba insostenible cuando la crisis obligaba a drásticos recortes en todos los campos. Si se estaba recortando en Sanidad y Educación, no era públicamente sostenible que no se recortara en gastos de Defensa. La factura de los Programas Especiales de Armamento (PEAs), de unos 1.500 millones de euros anuales, era una losa con la que no pudo, por ejemplo, la ministra precedente, la socialista Carme Chacón, que más de un año los dejó sin pagar.

En ese contexto, era inasumible aumentar la factura con el equipamiento militar que requerían los 45 helicópteros. Al igual que sucedió con el A400M, se cambió el número de aparatos por llenarlos de tecnología de uso militar. Los 45 helicópteros con los que las unidades se iban a superdotar, se convertirían en solo 22 aparatos, 16 para las Fuerzas Aeromóviles del Ejercito de Tierra (FAMET) y otros seis para el Ejercito del Aire.

El programa, desarrollado en la factoría de Eurocopter en Albacete, ha contado con sus correspondientes retrasos. Muchos achacables al sistema industrial de Airbus y otros a las estrecheces el presupuesto de Defensa de España. Los primeros tres aparatos terminados se quedaron, pintados con los colores del Ejército de Tierra y con su correspondiente numeral (la matrícula de las aeronaves) durmiendo el sueño de los justos hasta el otoño de 2016, cuando el Ministerio de Defensa se decidió a recibirlos.

Este extraño suceso se repitió con alguna de las tandas de Eurofighter (EF2000, el nuevo caza del Ejército del Aire) que debían recibir las fuerzas Armadas. En este caso reposaban sobre la plataforma de la base de Getafe. La razón es que, hasta que no se recepcionaban, su pago no pasaba a la contabilidad nacional. Con Bruselas apretando con el déficit, los 40 o 60 millones que vale cada aparato eran una losa en las cuentas de ministro Cristóbal Montoro.

El alivio en las cuentas nacionales y el impulso de Dolores de Cospedal y su secretario de Estado, Agustín Conde, han hecho que estos sucesos no se vuelvan a repetir. Los aparatos que están listos para entregar, llegan a las correspondientes unidades de las Fuerzas Armadas.

Así es como ya han llegado siete NH-90 a las FAMET, que los ha destinado al Batallón de Helicópteros de Maniobra (BHELMA) 5, en Agoncillo, base situada a las afuera de Logroño (La Rioja).

Helicóptero NH-90 del Ejército de Tierra. | JV

El NH-90 sustituye al ya veterano Cougar, un hermano de la familia del Superpuma, precisamente. Sus prestaciones son muy importantes y permiten a los pilotos estar centrados en su misión de combate, con automatismos de pilotaje que se ocupan de mantener la aeronave en condiciones de vuelo. Además tiene una interesante capacidad de carga, 20 soldados completamente equipados o 2.500 kilos de carga. Además, se trata de un aparato realmente “táctico”, es decir con capacidades de vuelo y maniobra a muy baja cota, algo de lo que el diseño del Cougar tiene más limitada.

No gusta a la Armada

A pesar de la buena impresión que el NH-90 ha causado en el Ejército de Tierra, este aparato con convence a todos. Los planes que hiciera José Bono y su equipo (se llegó a pensar en encargar 105 helicópteros) han chocado con la reticencia de la Armada. A la marina de guerra española no le gusta nada este aparato. Además de tener que “navalizarlo”, choca con la doctrina de la Armada española, claramente inspirada directamente de la de la US Navy, en conceptos y materiales. Basta como ejemplo saber que los sistemas de las excelentes fragatas de la serie F-100 son de Lockheed Martin, o que la Infantería de Marina usa vehículos acorazados 8X8 Piranha, los mismos que los ‘marines’ y es el único cuerpo español que utiliza los célebres Hummer. Ahora, para sustituir a los ya casi caducados cazas Harrier de despegue vertical la Armada se decanta por el estadounidense y exorbitantemente caro F-35, decisión aún sin tomar por Defensa.

La situación de las escuadrillas de helicópteros de la Armada es más acuciante casi las de cualquier otra unidad de helicópteros de las FAS. Entre otras peculiaridades, la Armada española tiene en servicio el primer helicóptero SH-30 Seaking que salió de la factoría de Sirkovsky, allá en 1966. Eso sí, con un mantenimiento exquisito y sus correspondientes modernizaciones podría llegar a tener vida útil operativa hasta 2030. Pero lo cierto es que el Plan Director de Helicópteros de la DIGAM prevé que en el 2018 que se avecina caduque la vida operativa de los aparatos de la 5ª escuadrilla, los mencionados Seaking. Los SH-60 de la 10ª escuadrilla, basada en Rota (Cádiz), pueden volar hasta 2030, si bien son de la versión B. Hay que tener en cuenta que los helicópteros de segunda mano que llegan excedentes de la US Navy son ya la versión F…

Uno de los veteranos Seaking de la 5ª Escuadrilla de la Armada. | Ministerio de Defensa

Para reemplazar a los vetustos Seaking el Gobierno ha comprado esos ocho SH-60F del programa de Foering Sales Military de la US Navy. 150 millones de euros destinados a aparatos básicos para cubrir misiones de la OTAN tanto en el Mediterráneo como en el Océano índico. O en el Báltico, ya que una fragata española ha sido el buque insignia de la Formación naval Permanente de la Alianza Atlántica en esas aguas, en pleno escenario de tensión con Rusia.
Para las fragatas es básica la dotación de un helicóptero, ya que es el elemento que aumenta su radio de acción, tanto de vigilancia y control como ofensivo. Las aeronaves por ejemplo, son el peor enemigo para los submarinos.

Los SH-60F llegan en su versión de transporte táctico de tropas de infantería de marina. Los trozos de desembarco o la Fuerza de Guerra Naval Especial (las operaciones especiales de la Infantería de Marina española) son fundamentales en misiones de control de tráfico marítimo y antipiratería, como las que se hacen en el Cuerno de África, frente a las costas de Somalia.

La llegada de estos nuevos helicópteros es un maná para la Armada, lo que no evita que una fuente del departamento explique que “esto no deja de ser un parche”. “Los Seahawk están más que probados, son muy eficaces. El problema es que, además de que su capacidad de transporte es pequeña frente a otras opciones o incluso los Seaking, no van a ser nunca el helicóptero del futuro. Hay que resolver qué pasa con el NH-90 e iniciar un programa estable y a medio plazo para reemplazar los Seaking y los viejos Seawawk”.

Un SAR casi inexistente

Si preocupa la situación de los helicópteros navales, la de los servicios de rescate del Ejército del Aire es casi catastrófica tras años de falta de inversión. Al Ejército del Aire está atribuida una competencia de carácter de Estado e internacional: el rescate aéreo (SAR). Entre las alas destinadas a este fin están las basadas en Son Sant Joan (Mallorca) y Gando (Gran Canaria), con responsabilidades de rescate en la mar que se complementan con Salvamento Marítimo (del Ministerio de Fomento). Estas alas están dotadas con los más viejos Superpumas de las FAS, con vida operativa que se ha extendido más allá de 2015, cuando debieron ser dados de baja.

Los SAR de Canarias, el 802 escuadrón, han sido noticia trágica, tras los accidentes de dos de sus aparatos. El primer Superpuma accidentado desapareció en el mar el 19 de marzo de 2014 mientras efectuaba unas prácticas nocturnas. El aparato quedó a oscuras y se estrelló en el mar. Murieron cuatro de sus cinco tripulantes. Otro Superpuma se estrellaba también en el mar el 22 de octubre de 2015 tras despegar de Nuadibú. Murieron sus tres tripulantes, uno de ellos, el sargento Johander Ojeda, superviviente del accidente de un año antes.

Tras la devastación de los accidentes, el SAR de Canarias quedó casi desactivado. Varios de sus pilotos fueron destinados a transportes o a instrucción. La llegada de los superpumas que recibió la ministra en Albacete devolverá la actividad a este escuadrón marcado por la tragedia, y recuperará a su plena capacidad un servicio básico del Estado, e auxilio en la mar.

Otro asunto el la capacidad CSAR (salvamento aéreo en combate), que reposa en otro escuadrón basado en Cuatro Vientos (Madrid). Todas estas funciones está previsto que las cumplan los NH-90 que en el año que viene empezará a recibir el Ejército del Aire.

Una alta inversión con gran retorno

Dolores de Cospedal eligió un terno oscuro para recibir las nuevas aeronaves en la factoría de Airbus Helicopters. Y a juego con la sobriedad de su vestuario, las palabras sobre la industria de Defensa que dirigió a los ejecutivos de Airbus, industrias auxiliares, políticos y militares que componían su audiencia.

Las inversiones en material militar –sistemas de armas es su nombre técnico– es cara pero de enorme retorno para la industria española. La fórmula casi parece mágica, pero como resaltó la ministra de Defensa, por cada euro invertido en estos programas de helicópteros se ha recurado 2,5 euros.

Basta explicar que en el proyecto del NH-90 han participado Indra Sistemas (hardware de la computadora de vuelo y contramedidas), Amper (comunicaciones) o GMV (aviónica). Sin contar con que la célula ha sido fabricada por Airbus Helicopters en España.

Son empleos de alta calidad, además. El hecho de que en España haya tecnología y profesionales capaces de construir aviones y helicópteros, entre otros sistemas, da un plus industrial que no tienen otras naciones.

Ahora llegan tiempos de inversión en el sector. Tanto las exigencias de Donald Trump –un 2% del PIB en gastos de Defensa, ratificado en la cumbre de Cardiff de la OTAN–, junto a la apuesta por la Defensa Común Europea, hacen que todo vaya a favor de un nuevo impulso tecnológico e inversor. “Un avión de combate, un helicóptero, un barco o un carro de combate no se improvisa”, explica a Merca2 un ejecutivo de una empresa española de la industria de la Defensa. Como aseguraba el general de Ejército, ex JEME, Jaime Domínguez Buj, “cuando necesitas un carro de combate no lo puedes improvisar. Tiene que estar todo programado”. Por caro que parezca.