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El apícola es otro de los sectores “esenciales”, por estratégico, en este estado de alarma que nos asola. Los apicultores siguen trabajando, a pie de colmena, en el proceso de producción de la miel. “Precisamente la razón de peso por la que somos un sector esencial, es porque sin nuestras abejas no podríamos obtener otro tipo de cultivos que necesitan de la polinización de las flores para que nazcan los frutos”, explica José Juarez, gerente de la empresa Cosas de Abejas, dedicada a la venta de miel, polen o cera y a la formación en Apicultura.

La consideración de sector esencial, no libró a los apicultores de la confusión inicial tras la declaración del estado de alarma. Surgieron dudas sobre la posibilidad de seguir atendiendo las colmenas y hasta que se notificó la decisión a la Asociación Nacional de Apicultura, planeó cierta incertidumbre, con un agravante, “en un momento como este, si nos hacen parar se va todo al traste, porque las abejas comienzan a polinizar con la primavera, que se ha adelantado muchísimo, cerca de mes y medio, y con temperaturas previas muy templadas”, comenta Juárez en declaraciones a MERCA2, “estábamos en un momento crítico”, concluye.

Solventadas las dudas, su trabajo sigue su curso habitual, si no fuera por las medidas de seguridad implementadas, al igual que en la agricultura o la ganadería, con especial atención al trasporte por carretera hasta las colmenas: desplazamientos de dos personas por coche y EPIs para las personas que comparten vehículo. Aunque en el sector fundamentalmente abundan las empresas familiares.

ENEMIGOS ASIÁTICOS: COVID-19 Y VESPA VELUTINA

Al igual que nos ocurre a los humanos, las abejas también luchan contra un poderoso enemigo asiático, la vespa velutina, más conocida como la avispa asiática, para la que el sector pide que se declare plaga. Aunque no es su único frente abierto. La miel está amenazada por varios adversarios como el ácaro varroa destructor, que está diezmando las colmenas, y que contribuye en gran medida a la mortandad del 50% de las abejas en España, o como los pesticidas y plaguicidas tóxicos, empleados en algunos sectores de la agricultura, que matan a los polinizadores.

El también vocal de la Asociación Española de Apicultores, critica la falta de investigación “en cuanto a patologías de las abejas se refiere, como esas enfermedades llegadas también de Asia”, y compara la situación de los apicultores con la de otros sectores: “somos una ganadería más, en cuanto a obligaciones tenemos que cumplir las mismas, pero en derechos, no somos iguales” y pone un ejemplo, “si una vaca se muere en una explotación ganadera, en 24 horas, se da una causa, si se mueren varias colmenas pueden pasar años sin saber por qué ha ocurrido”, y concluye, “somos un sector muy frágil y desatendido”.

Sin embargo, el principal campo de batalla de la miel se dirime en los despachos, donde todavía no ha conseguido ganar una etiqueta justa que defienda la excelente miel española, cultivada en el singular ecosistema mediterráneo, con sus horas de sol, sus floraciones únicas en España y tan apreciadas en el mundo entero. Con cada bote de miel, “consumimos paisajes”, dice Júarez. Y no le falta razón, porque más allá de lo poético de la afirmación, la miel natural está condicionada en color y sabor, por las zonas de polinización en las que se obtiene el néctar de las abejas, y así hay más de una treintena de variedades de miel: de espliego, romero, roble, brezo, azahar, níspero…

ETIQUETADO: SIROPE QUE SE VENDE COMO MIEL

El cambio en el etiquetado de los envases es una de las principales reivindicaciones del sector. Los apicultores quieren poner en valor las mieles naturales frente a siropes y sucedáneos. La miel española es un producto de altísima calidad por su elevado contenido en aminoácidos, sus propiedades antibacterianas, sus enzimas o su valor vitamínico, en base a azúcares naturales, como puede ser la fructosa en el caso de la fruta. Sólo podría poner miel en la etiqueta para identificar a la miel natural “con un reconocido valor medicinal”, es decir, “la que va de la colmena al bote”, en otras palabras “el néctar de las flores transformado por las abejas filtrado y envasado, sin pasteurizar, ni recalentar”, tal cual, explica el gerente de Cosas de Abejas.

Sin embargo, los consumidores, sin saberlo la mayoría de las veces, compran en los lineales de los supermercados siropes de maíz y de arroz, con un 1% de miel, “que como edulcorante puede servir, pero que no es miel”. La actual legislación permite que con que el producto contenga un 1% de miel española el etiquetado pueda poner “mezcla de mieles de dentro y de fuera de la UE”, sin especificar el origen. Para cambiar este Real Decreto, habría que cambiar la directiva europea. De esta forma, el etiquetado afecta al sector también en otros países de Europa.

EL SECTOR DE LA MIEL EN CIFRAS

Fuentes consultadas por MERCA2 cifran los apicultores en España en unos 7.700 profesionales y 4.000 no profesionales. Los profesionales, mueven unas 2.220.000 colmenas trashumantes para las polinizaciones y se contabilizan otras 145.000 fijas.

De las 32.000 toneladas de miel natural que se producen al año en España, 30.000 se exportan. De miel etiquetada como “mezcla” se importan 27.000 toneladas al año de terceros países

El irrupción del covid-19 ha generado un repunte del consumo de miel pura, española, en el comercio local, próximo a las colmenas, y online en los establecimientos especializados, que ya la comercializaban. Las múltiples propiedades de la miel española ayudan a combatir el virus fortaleciendo el sistema inmunitario frente al contagio.

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