Metrovacesa ha hecho saltar las alarmas en el sector promotor. A lo largo de sus resultados semestrales ha desenterrado una antigua maldición que parecía ya olvidada: las cancelaciones de ventas ya realizadas. De hecho, la firma señala que en los primeros seis meses de 2020 se ejecutaron hasta 410 cancelaciones, aunque la mitad eran suyas propias. Un volumen significativo que supone multiplicar por tres las del primer trimestre y dar por perdido las preventas del segundo. Por último, la incertidumbre, económica y estructural, le ha obligado a rebajar los precios de venta hasta un 8,2% para salvar el desastre.

El fantasma de las cancelaciones es una nueva preocupación para las maltrechas promotoras españolas. La primera, años atrás, fue la de acelerar la construcción de un parque de viviendas suficientemente amplio para iniciar la actividad comercial. La segunda, más reciente, ha sido la de dar salida a ese conjunto de viviendas en un entorno cada vez más complejo. Un objetivo que se complicó, cada vez más, a medida que los efectos del covid-19 hacen mella en el ciclo económico español. La última, más reciente, es no perder esos contratos ya firmado en forma de cancelaciones.

En definitiva, el más difícil todavía. Más si cabe, cuando los nuevos rebrotes, que aumentan el temor a nuevos confinamientos, y las cuarentenas turísticas, que son un obstáculo para las adquisiciones de viviendas de extranjeros, han sacudido de nuevo a un negocio que esbozaba una leve recuperación. De hecho, la propia Metrovacesa señaló que consiguió colocar en el mercado 112 unidades, lo que supone una cifra “similar al promedio mensual de junio de 2019”. Además, la promotora detectó “clientes potenciales, visitas y nuevos contactos, por encima del promedio mensual de 2019″.

METROVACESA, UN TRIMESTRE PÉRDIDO SOLO EN CANCELACIONES

La promotora informó de que había vendido sobre plano hasta 177 viviendas, entre abril y junio. Una cifra discreta, cerca de tres veces menos que hace un año, pero más que aceptable para la situación del país. El problema es que no es más que un espejismo. El dato real neto, esto es cuando se incluyen las cancelaciones, se queda en tan solo 27 unidades. Un guarismo que supone un desplome del 90% y de hasta el 94%, respecto al primer trimestre de 2020 y el segundo de 2019 respectivamente.

Además, el impacto se ha producido sobre un trimestre clave para las promotoras. De hecho, los meses que van entre abril y junio son los más prolíficos para la venta de viviendas. En el caso particular de Metrovacesa, hace un año logró batir su récord de preventas con 424, mientras que en el siguiente apenas alcanzó las 263. En definitiva, la firma no solo ha ‘perdido’ un trimestre en ventas con las cancelaciones, sino que ha perdido el más importante del año. Un matiz que complica el futuro.

Aunque, el mayor problema es la velocidad a la que crecen las cancelaciones. Pese a que Metrovacesa no ofrece datos desagregados, al menos no los explica como tal, se sobreentiende que las mismas se han multiplicado por tres. Así, de las 202 anulaciones que registra en el semestre unas 52 corresponden al primero y las restantes al segundo. El problema es que no se puede comparar con las ejecutadas en 2019, dado que la compañía no ofrece cifras. Aun así, reconoce que en el segundo trimestre de 2020 son “más altas de lo habitual”.

METROVACESA ABARATA LOS PRECIOS MÁS DE UN 8%

Pese a que el fantasma de las cancelaciones está muy focalizado con los efectos del confinamiento, es innegable que el gran problema es la incertidumbre. Además, esta se presenta por dos vías: la primera es económica, evidentemente una crisis multiplica las posibilidades de perder el trabajo. Ante esta situación la decisión más común es diferir grandes compromisos de pago como puede ser una vivienda. Una opción que ya se ha hecho, como se ha visto, y que puede coger más fuerza una vez aparezcan los rebrotes con más vigor. Aunque, la verdad sea dicha, no es fácil salvo que se esté dispuesto a perder una cláusula que funciona como fianza.

Pero, es la segunda incertidumbre, la estructural, la que más puede afectar a largo plazo a las promotoras. Ésta es, simplemente, un cambio en los gustos de los compradores. En los últimos años, las firmas inmobiliarias se han afanado, pagando el metro cuadrado a precio de oro, para tener el mejor suelo urbanizable dentro de las ciudades. Ahora, esas localizaciones están cada vez menos demandadas, lo que empuja su precio a la baja, mientras que las zonas más periféricas son preferidas. El efecto puede tener importantes repercusiones sobre la rentabilidad de las firmas inmobiliarias en los próximos años.

De hecho, la propia Metrovacesa alerta de ello al detectar un “aumento del interés en viviendas con terraza o jardín y en la periferia de las grandes ciudades”. No es la única, dado que la tendencia se extiende por todo el sector. En lo que sí es la primera es en constatar que ha tenido que reducir los precios, o al menos vender viviendas más baratas, para salir del atolladero. En concreto, señala que el precio medio de venta se situó en 282.000 euros frente a los 307.000 euros de hace un año, lo que supone una caída del 8,2%. En definitiva, bastante mayor de lo que quiere hacer ver al hablar de “impacto limitado”.

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