Metrovacesa salvó el difícil entorno creado por el covid-19 gracias a sus dos grandes escuderos (y propietarios): Banco Santander y BBVA. Ambas entidades han inyectado, entre créditos y avales, cerca de 115 millones de euros. Una cifra que le ha permitido cuadrar cuentas y reforzar su volumen de caja para afrontar el mayor parón de la historia económica de España durante el primer semestre. A pesar de ello, el futuro todavía parece demasiado desafiante.

La firma inmobiliaria refleja en sus cuentas que durante el primer semestre de 2020 firmó dos préstamos, uno can cada entidad, por valor de 67,9 millones de euros. En concreto, Banco Santander le concedió 34,7 millones, mientras que en el caso de BBVA la cifra ascendió a 33,2 millones de euros. La cantidad representa el 87% del total de dinero recibido, en forma de crédito promotor, por la compañía en ese periodo, dado que el total ascendió a 78 millones. Un pasivo que Metrovacesa ha registrado “en el pasivo corriente por la naturaleza de los bienes hipotecados, si bien su vencimiento excede los 12 meses”.

Aunque, los créditos no son la única ayuda que ha recibido la compañía por parte de ambas firmas. Así, Metrovacesa recibió avales financieros por hasta 36,6 millones por parte de la entidad que presiden Ana Botín. A su vez, estos se repartían entre 26,7 millones que corresponden al Banco Santander y 9,9 millones al Banco Popular. Por otro lado, la promotora tiene también avales técnicos por 12 millones de los cuales 5,4 millones están a cargo del banco cántabro y 6,6 millones corresponden a BBVA.

METROVACESA DOBLÓ DEUDA

Las operaciones de financiación provocaron un importante crecimiento en el volumen de deuda de la firma inmobiliaria. Así, el pasivo corriente se incrementó un 58,4% hasta los 301 millones, mientras que las deudas a largo plazo, el no corriente, alcanzaron los 240 millones, lo que supone hasta un 122% más que en el mismo periodo hace un año. Aunque, el volumen de apalancamiento neto no creció tanto gracias a que una parte importante de dichos recursos se mantuvieron en caja para reforzar la liquidez de la compañía.

De hecho, la misma pasó de 139 millones a superar los 300 millones en apenas unos meses. Asimismo, la firma explica que una parte importante de dicho dinero tiene un uso restringido: “A 30 de junio de 2020 existen restricciones de disponibilidad por importe de 87 millones de euros que corresponden con importes recibidos y asociados a promociones que se depositan en cuentas especiales con separación de cualquier otra clase de fondos pertenecientes al Grupo y de las que únicamente se dispone para las atenciones derivadas de la construcción de dichas promociones”.

MOMENTO DELICADO PARA EL SECTOR INMOBILIARIO

El impacto del covid-19 dejó mella en Metrovacesa, y en el resto del sector, no solo en el ámbito financiero, sino también en el operativo. Así, la promotora informó de que había vendido tan solo 27 unidades netas, después de cancelaciones, en el segundo trimestre. Una cifra que supone un desplome del 90% y de hasta el 94%, respecto al primer trimestre de 2020 y el segundo de 2019 respectivamente. Una mala noticia, además, en un momento clave para el negocio como es el segundo trimestre.

Una de las grandes preocupaciones ahora es la evolución de las cancelaciones. De hecho, en el segundo trimestre se multiplicaron por tres. En concreto, pasaron de 50 hasta marzo a superar las 150 anulaciones en los siguientes tres meses. Otro desafío más para las promotoras. El primero, hace años, fue el de acelerar la construcción para ajustar cifras en el balance y captar flujos. Más tarde, el problema fue el de dar salida a ese stock en un entorno cada vez más complejo. Ahora, por último, el objetivo prioritario es no perder esos contratos.

Pero, no es el único. Dado que Metrovacesa, al igual que el resto del sector que va desde promotoras a socimis, se enfrenta probablemente a un cambio mucho más complejo que el simple ajuste al ciclo económico. La compañía alertó de que había detectado un “aumento del interés en viviendas con terraza o jardín y en la periferia de las grandes ciudades”. En otras palabras, que quizás el suelo céntrico por el que han pagado tanto dinero en los últimos años ya no es tan rentable, lo que supondrá un dolor de cabeza futuro para ajustar cuentas.