Merlin y Colonial, tras el pelotazo del ‘coworking’.
Imagen de un espacio flexible de Utopicus, de Colonial.

Los dos gigantes inmobiliarios abrazan el nuevo modelo de negocio de oficinas. El sector vira hacia espacios flexibles, sin despachos y con servicios de ocio alternativos más propios de un centro comercial que de un centro de trabajo. Colonial con su filial Utopicius ya abarca el 9% del mercado en Barcelona y el 8% en Madrid. Loom House, participada por Merlin, hace lo propio en la capital con una cuota de mercado del 4%.

“En muchas ocasiones tengo la sensación de estar trabajando en un Starbucks más que en una oficina”. Esta frase es muy habitual escucharla en los trabajadores que ocupan los nuevos espacios flexibles de trabajo de muchas compañías.

El trabajo ya no depende del dónde, sino del cómo. Los espacios han evolucionado de la mano de los nuevos horarios laborales. La rigidez en este sentido es cada vez menor y es importante que las empresas sepan adaptarse a esta nueva realidad. Todo está en la famosa nube. Por este motivo, en los próximos cinco años, las oficinas flexibles representarán el 5% del espacio total de oficinas en Europa, según un estudio realizado por JLL. El futuro de las oficinas está más cerca de una escena de la mítica serie ‘Friends’, que el de un espacio departamentado en despachos jerarquizados.

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Pero las oficinas abiertas no son sólo futuro, también el presente. Porque la realidad es que este segmento ha duplicado con creces su tamaño desde 2014 y se prevé que crecerá un 30% anual en los próximos cinco años, en Europa. En este sentido, Madrid y Barcelona se sitúan a la cabeza de las ciudades del Viejo Continente que registrarán un mayor crecimiento en los próximos años.

La contratación de espacios flexibles en la capital y en la Ciudad Condal durante los primeros nueve meses de año se situó en 71.881 metros cuadrados, o lo que es lo mismo, el 11% del total de la contratación (657.255 metros cuadrados). En concreto, esta cifra en Madrid alcanzó los 42.220 metros cuadrados, casi un 40% más que todo el 2017, y Barcelona rozó los 30.000 metros cuadrados, lo que significa un incremento del 35% si lo comparamos con 2017.

La tipología de este segmento en el mercado español también está sufriendo una auténtica revolución. Actualmente, los tradicionales ‘Business Centre’ dominan Madrid y Barcelona con una cuota del 45%. Un modelo que surgió al comienzo de estos primeros espacios flexibles y que todavía tienen demasiado peso. Muy cerca en cuanto a porcentaje –el 36%- están los ‘híbridos’, que tienen de media una superficie que oscila entre los 2.000 y los 25.000 metros cuadrados, con un modelo de membresía múltiple. Su crecimiento en 2017 ha sido espectacular, alcanzo un incremento del 194% respecto al año anterior.

Los principales operadores del mercado español –Regus, WeWork y Utopicus– siguen ganando fuerza y ampliando cuota de mercado a los pequeños operadores locales. Entre las tres firmas, concentran la mitad del stock total de Madrid y Barcelona y JLL asegura que esta tendencia continuará hacia una mayor concentración de operadores. Es decir, los espacios flexibles finalizará en un pequeño oligopolio de tres o cuatro ‘players’.

UN MODELO REAL, PERO INMADURO

“El auge del espacio flexible en Madrid y Barcelona está resultando en una de las transiciones más importantes en el sector inmobiliario a las que hemos asistido”, afirma José Miguel Setién, director de Oficinas en JLL España. Desde la consultora creen que este modelo ya no es una moda, sino una realidad. “Es evidente que esta tendencia ha llegado para quedarse y está teniendo repercusiones tangibles en el contexto de inversión en espacios de oficinas en España, especialmente en Madrid y Barcelona”, explica Guzmán de Yarza, responsable de Workplace Strategy para la región EMEA en JLL.

De todos modos, no todos son buenas noticias, porque la realidad es que todavía es un sector poco maduro que también acarrea ciertos problemas. Entre los obstáculos detectados para la adopción del espacio flexible, destacan las preocupaciones en torno a la dilución de marca, los costes, la seguridad y la confidencialidad. No obstante, elegir no apostar por el espacio flexible también conlleva riesgos relativos a la atracción y retención de empleados, así como la posibilidad de ser considerada una firma obsoleta.

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