Ya lo avisó hace tiempo el fundador de La Sagra, Carlos García, en una entrevista en MERCA2: “De los seis grandes grupos cerveceros en España, ninguno ha podido meterse con ninguna fabricación artesanal. Desconozco el porqué, pero están intentando lanzar ediciones fuera de lo convencional. No lo han conseguido”. Motivo por el cual Mahou se suma (otra vez) a la larga lista de cervezas que se hacen con un rival pequeño, pero con potencial como son las cervezas artesanas.

El grupo cervecero de origen madrileño ha protagonizado la última gran compra al adquirir el 70% de Brutus. De esta forma, reforzará su presencia en establecimientos de hostelería de tendencia a través de una marca moderna y cosmopolita que apela a la diferenciación desde una estética muy cuidada y un posicionamiento Premium en el mercado. Brutus se producirá en las instalaciones del grupo en Alovera (Guadalajara).

Con la compra de Brutus, Mahou refleja la situación de un sector en el que las grandes cerveceras se rinden al poder de las artesanas

No es ni la primera vez que lo hace. Sus incursiones en este mercado van más allá. En 2014 ya compró Founders. Más tarde se hizo con Nómada (2016) y Avery Brewing (2017). De hecho, el grupo tiene hub para los productores de este tipo de cerveza.  

Lo cierto es que ninguna de las grandes cerveceras imaginaba hace años que esas pequeñas fábricas de cervezas artesanales llegarían a hacerles sombra, llegando incluso a rivalizar con ellas. Tal ha sido el auge de estas que han decidido comérselas. A principios de 2017, el grupo de Budweiser compró La Virgen. Más tarde, Heineken adquirió el 51% de La Cibeles y Molson Coors se hizo con el 51% de la toledana La Sagra. Movimientos que parece que no vayan a cesar en el sector.

LOS INTENTOS FALLIDOS DE LAS GRANDES CERVECERAS

Resulta curioso que, a pesar del peso de las grandes cerveceras como Mahou, Damm, Heineken o Hijos de Rivera (con Estrella Galicia), no hayan sabido sacar partido a su tamaño para lanzar cervezas artesanas que calen en el mercado. Si bien es cierto, todas han hecho pruebas con distintos estilos e incluso sabores. Damm fue de las primeras en lanzar una cerveza diferente, Inedit.

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Mahou es de las que más ha experimentado con sus cervezas, con marcas como Barrica o Maestra, aunque algunas de ellas han sembrado la discordia por aprovecharse de la terminología del mundo del vino para crear marcas. Estrella Galicia se ha especializado en lanzar cervezas de sabores tan curiosos como calabaza, percebes o pimientos de Padrón. Algunos, incluso, ya habían salido previamente en otras artesanas. Estos intentos son los que el sector de la cerveza craft califican de fakes porque están fuera de esa percepción de la cerveza artesanal en el mercado.

El éxito de las producciones artesanales residen en que la mayoría están asociadas a una localidad y los compradores de la región se identifican con ella. Su forma de trabajar, con producciones más pequeñas, y su independencia han permitido que crezcan. Esta filosofía es la que ni siquiera las grandes cerveceras quieren romper, por eso solo compran una parte –la que les haga accionistas mayoritarios– sin poseer la totalidad.

En el caso de una de las más famosas, La Sagra, el acuerdo de venta del 51% suponía pactar que la minoría mantuviese la independencia en la gestión, mientras que por otro lado contasen con el apoyo inversor en maquinaria de Molson Coors.

Además, actualmente el entorno de consumo ayuda. En 2018 se superaron por primera vez en España los 40 millones de hectolitros, lo que representa un incremento del 1,5% respecto a 2017. Así, además del turismo, ha sido fundamental la hostelería, cuyas ventas han crecido un 3,4%, y la estabilidad económica y fiscal, según se desprende del informe socieconómico de Cerveceros de España.