En los últimos 10 años el doscerismo nos ha traído algunas cosas maravillosas, y que nos hacen más grandes, como la capacidad de contacto y comunicación a través de la tecnología. Pero de forma colateral, han llegado algunas cosas absurdas. Entre ellas una subcategoría del citado doscerismo, que podríamos denominar ombliguismo.

Es algo del día a día. Puedes ver como frases de “todo a 1 euro” son repetidas sin cesar por personas que se creen brillantes haciendo un copy/paste de obviedades y simplificaciones. Su vida gira en torno a pensar que van a tener más clickslinkslikes, fansfollowers. Y en vez de avergonzarse de tanta chorrada, orgullosos acaban por enmarcar su absurda obra cogiendo imágenes de internet y escribiendolas sus chorradas, firmandolas luego, como si se tratara del epitafio (¡ojalá!) con el que van a pasar a la posteridad.

Lo peor es que hay otras personas que  comparten con admiración y alboroto, difundiendo al por mayor esta subcultura de todo a cien.

Mitad en serio mitad en broma debo señalar como parcialmente culpables, a Paulo Coelho y a Mr. Wonderful.

El primero por cansino, por obvio y por triste. Por muchos 200 millones de libros que haya vendido –cosa extraordinariamente meritoria-, no deja de ser la prueba que las obviedades, las frases hechas, y el pensamiento superficial funcionan. El consumo rápido se instala con conceptos escasamente sesudos, a la altura de “la Vida es bella”. La gente asiente irracionalmente, y no discute creencias infantiles como si fueran dogmas de fé. Creer es mucho más fácil que pensar, y esa es la razón por la que hay muchos más creyentes que filósofos. Es por eso que en el ombliguismo, filósofos no hay ninguno.

El segundo porque por mucho que te empeñes, y pongas lo contrario en una bonita taza azul los lunes son una bazofia, una muñiga, vamos una mieeerda con todas sus letras. La mayor utilidad que le encuentro a adquirir una de estas tazas por 12,95 Euros, es que, gracias a su robustez, puedes rompérsela a otro idolatra del buenísimo en la cabeza. Lamentablemente, lo estricto de la legalidad vigente hace que eso pudiera ser delictivo y acarrearte algún tipo de problema. Por ello no es recomendable.

Cansinos poetas del fracaso Mr Wonderful
Mr. Wonderful: “Si puedes soñarlo puedes hacerlo”. ¡Y una mierda, a mi no me sale!. Lo que si puedes hacer es comprarlo por 12,95 Euros del ala.

Dentro de ese pensamiento absurdo y facilón se instalan los subgéneros. Uno de los que poco a poco me va dejando más perplejo es el de los cansinos poetas del fracaso.

Los leo en la prensa y en redes sociales, tengo el infortunio de vez en cuando de escucharles en alguna conferencia, incluso, esporádicamente me indigestan la comida si me tocan en la mesa de al lado en un restaurante y tengo el infortunio de escucharles. Son vendedores de mercadillo, que hacen un remix de las tres cosas que han leído en su vida (lo siento, Paulo Coelho sueles estar siempre entre ellas), y las dos y media que les han contado. Con todo ello lanzan mensajes y consejos delirantes y desalentadores.

La mayor utilidad que le encuentro a adquirir una de estas tazas de Mr. Wonderful por 12,95 Euros, es que, gracias a su robustez, puedes rompérsela a otro idolatra del buenísimo en la cabeza.

No es ni una ni dos, sino muchas las veces que escucho a un cansino poeta del fracaso felicitar a un desconsolado tipo que acaba de perder su empleo, porque “ahora podrás hacer con tu vida lo que quieras, estarás abierto a nuevas oportunidades y te has quitado las cadenas”. ¡Acojonante! A alguien que ha perdido un buen trabajo decirle esas estupideces debería acarrear un mínimo de dos años y un día de prisión. Y a alguien que ha sido despedido de un mal empleo, chico que quieres que te diga, tampoco parece como para felicitarle.

Lo detecto cada vez más en charlas de emprendedores, que repiten una y otra vez los mismos conceptos cansinos. Durante años aparecieron estos poetas del fracaso vendiendo la idea de que no pasa nada por fracasar, que eso es parte del camino; es bueno y necesario. Si, hijo sí, todos repiten hasta la saciedad ese concepto, “todos los grandes empresarios han fracasado y en Estados Unidos si no has fracasado no se te valora”, porque se considera algo imprescindible sin lo que profesionalmente “no estás completo”.

Y la verdad es que empiezan por apropiarse de un mensaje cierto. En este caso es eso de “chico no pasa nada, todos la liamos parda alguna vez, y eso no debe impedir que vuelvas a intentarlo”. Y acaban prostituyéndolo hasta el punto de que parece que si no fracasas eres un inútil integral, y hay algo que falta en tu vida.

Acaba por lo tanto convirtiéndose en una estupidez existencial, y te encuentras con personas que te dicen sin rubor, que sólo confían en otros que ya la hayan cagado previamente. (Con aplausos de fondo).

Hay gente a la que le sale algo mal y luego hace cosas brillantes, ¡claro que sí! Otros que alguna vez han tenido mala suerte. Pero también existe un tipo de personas que la lían parda sistemáticamente, que son unos inútiles integrales y son la viva imagen del Principio de Dilbert. Eso es así como la vida misma.

El principio de Dilbert afirma que las compañías tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar así la cantidad de daño que son capaces de provocar.

No es necesario fracasar para existir, igual que no es necesario que tu novia te la haya pegado con tu mejor amigo para escribir una canción romántica. Los conceptos, de tanto manosearlos, se prostituyen, y por desgracia poca gente tiene arrestos en medio de una conferencia de levantar la mano y le decirle al orador “¡eso es una gilipollez, chato! Fracasa tú, sufre tú las consecuencias, y ya de paso llévate contigo a toda esa gente que, sistemáticamente, la lía parda”.

El ejemplo con el que lo adornan suele ser el de que grandes empresarios tuvieron un fracaso previo, lo suelen personalizar en Steve Jobs, Bill Gates, Walt Disney, Amancio Ortega). En ocasiones usan también con grandes artistas y deportistas (Los Beatles, Michael Jordan), todos fracasaron antes. Bien, es cierto. Tan cierto como que la mayoría de los ganadores de lotería primitiva habían jugado y perdido algunas veces anteriormente. Se llama estadística, no causa-efecto de necesidad.

A los poetas que pregonan el fracaso como algo necesario en nuestras vidas, yo les deseo lo mismo con todo amor y cariño. ¡Qué se arruinen!. ¡Qué les despidan!. ¡Qué les corneen sus parejas!. ¡Qué les desahucien!. Y que así, de esta manera, tengan la bella posibilidad de empezar de nuevo y disfrutar de todo lo que pregonan en primera persona.

Ya está bien de charlatanes.

No es necesario probar la mierda para saber que sabe mal.

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