Hace unos días Jorge Javier Vázquez cerró sus dos años sabáticos en Sálvame y regresó al programa que le ha consolidado como uno de los presentadores con mayor éxito de nuestra televisión. El de Badalona volvió con fuerza y ganas, acaparando cientos de titulares de la prensa digital tras su desmesurado monólogo contra Isabel Pantoja. ¿Está enfadado Jorge Javier Vázquez con la tonadillera? Para saberlo tendríamos que analizar las fases por las que ha pasado el presentador con su programa y con Telecinco, con la que acaba de renovar por tres años tal y como adelantó hace más de dos meses Merca2.

Primera fase

Jorge Javier Vázquez tuvo éxito y se lo creyó. El periodista había rozado el cielo con los dedos gracias a Aquí hay tomate, programa que se convertiría en tortura para él por su tormentoso final. Tras un tiempo en un segundo plano, el presentador regresa con Sálvame, gracias al cual recibe premios, críticas positivas y contratos millonarios.

Segunda fase

2011 es su año. El presentador salta con éxito al prime-time gracias a Supervivientes y Acorralados, prepara su desembarco en el campo editorial con La vida iba en serio y cierra el año sonriente junto a Isabel Pantoja y Kiko Rivera presentando las campanadas. Pero la gloria le dejó una peligrosa resaca en forma de aburrimiento con varias etapas y una escena que retrata la agonía: la expulsión de Olvido Hormigos del plató del Deluxe en septiembre de 2013. Jorge reconocería en su segundo libro que este incidente encerraba su agotamiento al frente del programa.

Jorge Javier tocó el cielo televisivo en 2011 y cayó a los infiernos a finales de 2013

Tercera fase

Jorge Javier ve con placer como Telecinco le permite descansar del formato diario y puede cumplir su sueño: compatibilizar la televisión en prime-time con una gira teatral de dos años con un brutal éxito de público. Él se convierte en faraón y afirma en una entrevista que en su próxima renovación va a exigir por contrato no hacer un espacio diario, declaraciones que evidencian que él ya cree haber subido de división.

Cuarta fase

Telecinco confía en él para presentar Gran Hermano y él, inmerso en la cresta de la ola y cegado por los aplausos teatrales, se estrella. En realidad se estrella el programa, lastrado por un errático casting. Pero la ola de solidaridad con la excéntrica Mercedes Milá se revuelve contra él y las redes sociales y los críticos televisivos lo masacran con exceso. Pero ya saben, se aprenden más de los fracasos que de los éxitos y Jorge Javier, más humanizado, vuelve a poner los pies en la tierra.

Quinta fase

Jorge Javier se siente culpable y comienza a valorar el cortijo al que implícitamente prometió no volver. Él, tras soportar el infernal frío de Gran Hermano, vuelve a la madriguera con muchas ganas por dos razones: sabe que el narciso que lleva dentro le ha hecho despreciar Sálvame. Y sabe que el programa le necesita tras las bajas de Karmele Marchante, Rosa Benito y Raquel Bollo, los descansos de las carbonizadas Paz Padilla y María Teresa Campos y el adiós temporal de Kiko Hernández tras su paternidad.

Sexta fase

Jorge vuelve y estalla contra Isabel, sobre la que se contradijo este viernes: en algunos momentos señaló que no tenía demasiada relación con ella y en otros se disfrazó de amigo traicionado. Con una soberbia excesiva, el presentador se entrega y muestra sus mensajes privados por una razón: cree que le ha dado más Sálvame a él que él a Sálvame, del que no ha querido oír nada mientras realizaba su gira intelectual por provincias. Y por eso se entrega, pero no es valiente por una razón: él sabe que Isabel Pantoja tiene la reputación por los tobillos tras ser encarcelada. La cantante ya no cuenta con las fieles de antaño, no hay más que ver los números de su último disco, y es una presa fácil para el Vázquez más carnívoro, ese que se mofaba con maldad mientras su Tomate caricaturizaba a la tonadillera dibujándola como un ser sin escrúpulos que se movía por interés económico, campaña aliñada por un barniz de outing que retrata a los que realizaron el programa: “activistas” que primaron los números por encima de los escrúpulos para divertimento de este señor, que este viernes pretendió convertirse en plañidera herida en la que es su última representación teatral y el prólogo del infierno que le queda por vivir al frente de un programa que no se cree. Como vemos, Jorge Javier no está enfadado con Isabel Pantoja: lo está contra sí mismo.