Literal. España pisa fuerte en los mercados exteriores.  El del calzado ha estado históricamente entre los sectores que más alegrías ha dado a las exportaciones. De hecho, desde 2013 no ha habido año en que los zapateros no hayan cerrado con superávit en la balanza comercial -exportamos más que importamos-.

En 2015, y según los datos que maneja Fice (Federación de Industrias del Calzado Español) a partir del Departamento de Aduanas de la Agencia Tributaria, los 152 millones de pares vendidos allende nuestras fronteras generaron el mayor volumen de ingresos de la serie histórica, alcanzado los 2.934 millones de euros.  Un 11,1% más que en 2014 y 243 millones por encima de lo que nos gastamos en los 287 millones de pares que importamos.

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Los zapatos de plástico son más baratos de fabricas, lo que obliga a disminuir el precio de venta.

Sin embargo, entre enero y agosto de este año a las exportaciones de zapatos marca España se les ha colado una china. Aunque en número de pares los datos reflejan un crecimiento del 2,83% en volumen (113,1 millones de pares), el volumen se desploma a un ritmo del 7,16% hasta los 1.910,3  millones de euros.

El 3D llega al calzado

Zapatero a la impresora.  Los más de 1.600 fabricantes de calzado español apuestan fuerte por la innovación y las nuevas tecnologías han llegado para sustituir el tradicional hilo y aguja.

Proceso en los que España lleva parte del camino avanzado y en el que la firma española Callaghan ha sido pionera, por delante incluso de marcas deportivas como Nike.

La firma riojana presentaba el pasado martes los primeros zapatos con amortiguador fabricado con impresión 3D.  La labor de impresión se alarga durante 12 horas, en la que “los costes justifican por la propia personalización del zapato”, explica Basilio García, director general de Callaghan. Y es que este sistema permite adaptar el zapato al peso, altura y talla del cliente.

El zapato más adaptado a la venta “on – line” ayudará asimismo en la expansión internacional de Callaghan, que cuenta con presencia en 30 países entre ellos Alemania, Japón, China y México y que aportan en torno al 30% de su volumen de negocio.

Además de la transformación digital en la que en palabras del presidente de Fice “la mano de obra seguirá siendo fundamental” y los robots colaborativos serán “un complemento para agilizar y hacer más productivos la fabricación”, el sector se enfrenta a tres retos a medio plazo: “cambio generacional –con la paradoja que conlleva  el crear marcas globales frene a la personalización del producto-  profesionalización directiva y diversificación de mercados”.

El batacazo hubiera sido mayor de no haber sido porque los fabricantes españoles se decidieron a cruzar el charco. Así, desde Fice ponen de relieve la evolución “muy positiva” en Estados Unidos (+15%) y que se replica en otros mercados como China y Corea del Sur.

Y es que con excepción de Italia, donde se registran crecimientos de más de dos dígitos, la caída de la demanda se concentra en nuestros vecinos de la Unión Europea, especialmente en Francia y Bélgica, con tasas de retroceso en torno al 20% .

Fabricado en China

Así las cosas y en una época dorada del calzado español en que su posicionamiento internacional mejora cada día cabe preguntarse ¿a qué se debe el desinterés?

La respuesta tiene todo que ver con la situación económica de los mercados destino “hay países que no pasan por su mejor momento”, explica José Monzonís, presidente de Fice. Y continua “el consumidor opta por zapatos más económicos”.

China es considerada como la fábrica del mundo. Sus costes han obligado a la industria española a reinventarse

Ésta no es la única causa. Las tendencias son determinantes. “No todos los modelos tienen el mismo coste de fabricación”. Por ejemplo, de unos años para acá las espadrillas (tradicionales alpargatas) ocupan un lugar privilegiado en los escaparates cuya fabricación “es mucho más barata que la de un zapato de salón, pero cuya demanda a nivel internacional se ha incrementado exponencialmente”. Algo que provoca muchas ventas pero poco beneficio.

También está el caso de Tempe, a las que fuentes muy próximas al sector achacan parte del retroceso de las exportaciones. La firma de zapatos de Amancio Ortega (Inditex), incrementó sus ventas más de un 15% habiendo registrado una facturación de 1.117 millones de euros. Pero no todo el montante es imputable a España ya que, además de la matriz y base logística de Elche, la compañía tiene filiales en México, Sao Paulo (Brasil), Hong Kong y Shangái (China).

A este respecto la pregunta sobre el efecto China es obligada. Monzonís lo tiene claro “es algo lógico. China es la gran fábrica del mundo”. Asimismo explica que la entrada  del gigante asiático ha sido beneficiosa ya que “ha obligado a una reestructuración en el sector”.

exportaciones_calzadoEn el caso de España llama la atención el abismo entre lo que compramos y vendemos al gigante asiático. Según las cifras que maneja la Secretaría de Estado de Comercio del Ministerio de Economía, en 2015  se exportó por valor de 42.995 millones de euros mientras que las importaciones supusieron 973.222 millones. Diferencia que, pese al crecimiento de las ventas, no acortará distancias en 2016. No obstante “¡ojo con Vietnam!”, enfatiza el presidente de Fice, que considera que es el “gran competidor” frente a los chinos.

Todo lo anterior no es óbice para que el zapato español continúe siendo referente mundial tanto en diseño como en calidad y el sector –que agrupa a más de 1.600 fabricantes y sostiene ceca de 26.800 empleos- espera concluir el año con buenos resultados. Y no sólo por las exportaciones. La demanda interna creció el año pasado un 5,3%. Cifra récord que aunque “soñada es difícil de lograr”. Ahora bien “estamos convencidos de que cerraremos 2016 en positivo”.