Javier Arenas tiene la manía de llamar a casi cada uno que se cruza con un expresivo “¡campeón!”, con marcado acento sevillano. Eso suele emocionar a los políticos novatos, que se creen reconocidos por el viejo prócer ‘popular’. Nada más lejos de la realidad. Arenas llama “campeón” a todo aquel cuyo nombre ignora, pero cuya cara le suena vagamente, porque no quiere dejar de saludar a nadie: es su forma de estar encima de todo el partido. Algo que casi no ha dejado de hacer ininterrumpidamente desde los años 80. Hoy es el paladín de Soraya Sáenz de Santamaría en su carrera por controlar el PP.

Arenas, de 60 años, ha salido, a su pesar, de la oscuridad, ambiente en el que mejor se mueve y más prestaciones consigue en la política. Él encabeza el vídeo sarcástico que alerta del inmovilismo del equipo de Soraya Sáenz de Santamaría. La ex vicepresidenta, tras años en Moncloa y siempre alejada de las estructuras del partido, ha logrado un cierto control del aparato merced a su alianza con Javier Arenas, al que secunda Fernando Martínez Maillo. Un político en activo desde 1983, prácticamente el único que sobrevive de aquellos años con capacidad de decisión en la cúpula de su partido.

Pero, ¿cómo ejerce su poder Javier Arenas? Generalmente por teléfono y sin notoriedad pública. Pero nunca deja de intervenir en los órganos internos, “para que nadie crea que está perdiendo comba, que todos sepan que está ahí”, señala una fuente de los órganos de dirección del PP.

Así intentó mediar en el conflicto de la sucesión de Juan Vicente Herrera, presidente castellano-leonés del PP, crisis que acabó en catástrofe y sin relevo para el veterano dirigente castellano. “Casi siempre las cosas acaban así”, explica la misma fuente del PP, excéptica sobre la figura del político sevillano.

Los tentáculos subterráneos de los dos vicesecretarios del PP (Maillo y Arenas) han sido de enorme utilidad para Soraya Sáenz de Santamaría, en su pulso primero con Dolores de Cospedal y luego con Pablo Casado.

No es raro ver a Javier Arenas cerca o aliado a una mujer. La leyenda sobre las amistades femeninas de Arenas en el PP es larga y expresiva. En su momento en la lista de amistades legendaria estaba incluso Dolores de Cospedal. Ana Mato, María Ángeles Muñoz, la propia Dolores de Cospedal… “Muchas alcaldesas”, asegura una veterana del PP. Tal es la leyenda, que según una veterana corresponsal política, “la que merece un monumento es su mujer (Macarena Olivenza), que ha soportado toda la rumorología”.

El último ejemplo de la trayectoria de alianzas de Arenas con mujeres de su partido es el de Carmen Fúnez, todo un paradigma de la situación actual interna del PP. Fúnez fue presidenta de Nuevas Generaciones del PP, castellano manchega. Sin embargo, su sintonía con la líder del PP de Castilla-La Mancha, y secretaria general del PP nacional, Dolores de Cospedal, era inexistente. Fúnez desapareció de las listas electorales del PP castellano manchego. Pero Arenas la rescató como asesora del Grupo Popular en el Senado. “¿Cómo dejó Cospedal que le hicieran eso? Demuestra que no ha controlado el partido”, explica otra fuente del PP de Castilla-La Mancha.

Carmen Fúnez
Carmen Fúnez, ex dirigente de Nuevas Generaciones del Pp y hoy asesora deArenas en el Senado

La afición por estar rodeado de mujeres llevó en el pasado a situaciones sorprendentes en el PP. Incluso para José María Aznar, cuando era presidente del PP y del Gobierno. Una fuente veterana de los entresijos de Génova recuerda que Arenas tomó una decisión estrambótica durante una campaña electoral municipal y autonómica, en 2003, casi la ultima campaña de Aznar. Contrató a varias conocidas periodistas –mujeres todas– para montar lo que se llamó un Gabinete de Crisis. Ellas estaban situadas en una sala grande de la sede del partido, aunque no se sabía bien cuál era su función. Una tarde, tras una reunión, Aznar se confundió de puerta y se metió de lleno en la sala llena de periodistas mujeres contratadas por Arenas. Las reconoció y con notable sorpresa preguntó con su habitual tono áspero:

–¿Qué hacéis aquí vosotras?

Curri Valenzuela, una de las del equipo, contestó a modo de portavoz de sus compañeras: “Somos el gabinete de crisis”.

Para entonces Arenas había entrado a intentar controlar la situación, visiblemente nervioso. Aznar siguió preguntando.

–¿Qué Gabinete de crisis es este?

Valenzuela remató: “Nosotras somos el gabinete, Javier Arenas es la crisis”.

EL AUTODENOMINADO “SOCIALDEMÓCRATA DEL PP”

El camuflaje es una de las características más acusadas de Javier Arenas, según explican políticos que han estado junto a él desde los años 90. De hecho, cuando era ministro, en almuerzos reservados con periodistas en las dependencias privadas del Ministerio, solía explicar que él era un “socialdemócrata encubierto en el Gobierno de Aznar”.

Muchas voces en el PP consideran que Arenas, su forma de llevar la manija del partido –es vicesecretario para Asuntos Autonómicos–, su forma de hacer política, ya han caducado. De hecho, su larga mano trabajando en la oscuridad se aprecia en lo que está sucediendo estas semanas durante el proceso de primarias del PP.

Quizás su momento de mejor forma fue en los años 90, cuando era un prometedor candidato del PP para la Junta de Andalucía. Hasta se le consideraba el antídoto del PP para Felipe González por su verbo parecido y acento sevillano. Un terrible error que cometió él solo le cerró las puertas del Palacio de San Telmo para siempre.

ASÍ FUE LA FOTO DEL LIMPIABOTAS

El candidato concedió en la primavera de 1994 una entrevista al semanario Interviú, hoy desaparecido. La entrevista tuvo lugar durante un desayuno en el Hotel Palace, elegido sobre todo porque está enfrente de Congreso de los Diputados. En el momento de las fotos había que buscar un escenario en el que retratar al protagonista. El fotógrafo, Paco Llata, un profesional de la estética gráfica, buscó un escenario de cierto aroma aristocrático: la silla del limpiabotas del Palace, entre nobles maderas. Javier Arenas aceptó y, para rematar la composición, tomó un ejemplar del Financial Times. Según explica algún testigo, incluso lo podía haber cogido boca abajo, porque solo estaba pendiente de la foto y prácticamente ni lo miró. Una catástrofe que pasará a los anales de los asesores de imagen, que arruinó su campaña electoral.

Javier-Arenas y el limpiabotas
Javier Arenas y el limpiabotas del Palace, obra del fotógrafo Paco Llata.

Pero las derrotas en Andalucía, las amistades y recomendaciones femeninas, e incluso la mala gestión de conflictos en el PP no han pasado factura al rocoso político andaluz. “Es que es muy pelota”, explica un veterano parlamentario. “Cuando, en el final de su etapa, Aznar terminaba un discurso, allí estaba Javier para decir: ‘Aznar ha estado cumbre. ¡Cumbre!’. Se fue Aznar y se hizo de Rajoy. Hoy ha olido Soraya, que es la que va mantener al viejo aparato, y para ella está trabajando, clandestinamente, como siempre, por debajo de los focos”.

CONTROL DEL GRUPO DEL PP EN EL SENADO

El residuo de poder de Javier Arenas es la vicesecretaría del PP y la secretaría general del Grupo Popular en el Senado, donde ha tenido atribuciones para nombrar a Fúnez como colaboradora. Fuentes del Grupo explican que Arenas lleva a sus parlamentarios de la misma manera funcionarial y oscura con que lleva los manejos del PP. “Eso sí, se asegura de intervenir en cada reunión del Grupo. Con chorradas, asuntos en los que nunca se había metido un secretario general. Pero lo hace para que todo el mundo se de cuenta de que él sigue ahí, que no suelta las riendas, que le oigamos y lo tengamos presente”, explica una persona miembro del Grupo Popular.

El poder de Arenas en el apoyo a la candidata Soraya Sáenz de Santamaría se ha sustanciado sobre todo en dos territorios, Andalucía y Castilla y León. En ambos territorios ha habido sorpresas a favor de la ex vicepresidenta. El vicesecretario Maillo está funcionando en este sentido como escudero del “Príncipe Negro”, que es como algunos miembros del PP empiezan a llamar sarcásticamente a Javier Arenas.

Junto al senador sevillano están varios “apparatchic” del PP. Viejos funcionarios que llevan instalados y enquistados en las plantas del edificio de la calle Génova desde los tiempos de José María Aznar.

Soraya Sáenz de Santamaría intenta dar una imagen de mujer dinámica, menor de 50 años, que repite el mantra de “la renovación” como arma electoral. Lo que pasa es que presencia de Arenas, en la parte trasera de la foto, desmiente cualquier renovación, porque aunque no recuerde el nombre de los políticos jóvenes “campeones”, sigue teniendo una compleja tela de araña tendida durante años de intervenir en conflictos internos de asambleas locales del PP.