inversión sostenible

Con el paso del tiempo se está instaurando cada vez más una tendencia de inversión que es bastante imparable: la sostenibilidad. Invertir siendo consecuente con el espacio que nos rodea es una máxima que está ganando cada vez más adeptos y, con el tiempo, se convertirá en un requisito indispensable.

En este sentido, están apareciendo, como no podía ser de otra manera, oportunidades de inversión en diferentes áreas. Una de ellas es en la renta fija. Sin ir más lejos, el mercado de los bonos de impacto es cada vez más diverso, pero muchos de los instrumentos más recientes no cumplen con los requisitos mínimos de sostenibilidad establecidos.

Según las estimaciones que se manejan, cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas requerirá una inversión total de entre cinco y siete billones de dólares de aquí a 2030.

De esta forma, se espera que los bonos de impacto, que se usan para financiar proyectos con un impacto medioambiental o social positivo, contribuyan en gran medida a alcanzar esa cantidad. No obstante, en Insight creen que “es urgente que exista una mayor alineación entre los objetivos que persiguen estos bonos y los intereses estratégicos de las empresas que los emiten”.

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Los desafíos a los que se enfrenta este tramo del mercado están bastante definidos y por ello puede ser más que interesante apostar de cara al largo plazo. Por ejemplo, el mercado de bonos verdes necesita un nuevo bono de “transición” para permitir que las compañías con uso intensivo de carbono financien su alejamiento gradual de los combustibles fósiles, tal y como expone AXA Investment Managers.

Si bien los bonos verdes se han convertido en opciones establecidas para los inversores de renta fija, AXA IM cree que la clase de activos se encuentra en una encrucijada, con la posibilidad de que los bonos se vean menoscabados por el deseo de una mayor emisión que el sector no pueda ofrecer en la actualidad.

Josh Kendall, analista senior de ISR en Insight Investment, expone que demasiados bonos de impacto son simplemente “programas de sostenibilidad desarrollados expresamente para la ocasión y tienen poco que ver con las actividades diarias del negocio del emisor”. La pregunta es inevitable: ¿qué autenticidad tienen estos bonos? Nos gustaría llegar al punto en el que los objetivos de un bono de impacto “fuesen indistinguibles de las operaciones del emisor”.

Aunque el mercado de emisiones está dominado por los gobiernos, las empresas del sector financiero y las de suministros públicos (utilities), hay cada vez más diversidad: en 2019, tres operadoras de telecomunicaciones han emitido bonos de impacto para los que la demanda superó la oferta.

Es bueno que haya más diversidad, aunque las iniciativas de impacto en sectores como el de los suministros públicos pueden “provocar cambios más profundos si logran mejoras de eficiencia en las industrias más intensivas en carbono”.

A la hora de valorar estos bonos, hay que centrarse en la alineación entre el núcleo del negocio del emisor y “el compromiso con comunicar de forma cuantitativa y transparente el impacto del bono”. Así se podrán detectar claras alternativas para invertir.

EL AGUA COMO HERRAMIENTA DE INVERSIÓN SOSTENIBLE

Dentro del esquema de la sostenibilidad sin lugar a duda el agua se plantea como una de las opciones a largo plazo más atractivas. La aceleración de la crisis mundial del agua queda reflejada en su mayor escasez, la contaminación generalizada y el rápido descenso de la biodiversidad.

El sexto Objetivo de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (ODS), Agua limpia y saneamiento, se centra en abordar los problemas que impiden que todos podamos acceder a agua limpia.

En esta línea, George Crowdy, analista en la gestora Janus Henderson Investors, analiza que la industria del agua se percibe como una suerte de “dinosaurio” en el uso efectivo de los datos y la tecnología. En su opinión, esto responde, por un lado, a la naturaleza extremadamente fragmentada de las empresas de suministro de agua, que “a menudo carecen del tamaño suficiente para implementar soluciones tecnológicas a gran escala y, por otro, a la reticencia cultural al cambio”.

Otro de los obstáculos para la adopción de la tecnología y los datos ha sido que las startups, que por lo general desarrollan tecnología innovadora, han tenido un tamaño demasiado pequeño (con los riesgos que ello conlleva) “como para que las empresas de suministro de agua colaboren con ellas”, añade.

Afortunadamente, el experto concreta que este aspecto “está cambiando a medida que tanto las empresas de suministro de agua como los clientes residenciales toman mayor conciencia de las ventajas del uso de los datos y la tecnología”.

De esta manera, desde el punto de vista de la inversión, el equipo internacional de ISR de Janus Henderson se centra en invertir en compañías que ofrecen soluciones para los retos medioambientales y sociales.

Empresas como Xylem o Evoqua Water Technologies cumplen con estos criterios de selección y contribuyen a “abordar los problemas relacionados con la calidad y la eficiencia del suministro del agua”, concluye.