Iberdrola EEUU

Siemens (la alemana) juega. Iberdrola denuncia. Así parece que es el día a día en Siemens Gamesa (la española, aunque veremos por cuanto) a la espera de un movimiento mayor. La eléctrica, a la que no la gusta demasiado como se divierten en Alemania, en el fondo espera forzar la situación para sacar una importante plusvalía. Por ello, muchas de sus exigencias son las de demostrar que se vulneran acuerdos prioritarios que desembocarían en una venta de su 8%. Pero a la firma germana no la interesa tanto, dado que ya tiene un control casi total sin tener que desembolsar los más de 700 millones (le pueden obligar a pagar más) que podría rondar la operación.

El desenlace de tan accidentada historia de amor es incierto, aunque no cabe duda que en los próximos días va a subir la tensión. Éste jueves ambas firmas tienen una cita en el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Bilbao, el 20 de enero se volverán a ver las caras en el número 1. Así, los alemanes han deslizado, a través de Bloomberg, la idea de que sopesan adquirir finalmente el 8% que mantiene la española, mientras que desde JPMorgan no están tan de acuerdo. Entre medias, Siemens ya ejecutó una fusión para integrar al fabricante de aerogeneradores español en su división de energía, que sacará a bolsa, y no le tiembla el pulso para seguir con los trucos contables con los que opera su participación.

En concreto, eran dos. En primer lugar, Siemens Gamesa se ha convertido en la gran fábrica de la alemana, pese inicialmente en el acuerdo que generó la firma se había prohibido (con la boca pequeña). El problema es que, antes de que la alemana incrementase su peso, Iberdrola aprovechó su posición. Ahora, lo hace Siemens y a la española no le gusta. Así, los pedidos que recibe la productora de aerogeneradores española desde Alemania no ha parado de crecer hasta el punto de que se ha convertido en un socio vital en el aspecto del negocio.

En segundo lugar, a la hora de capitalizar los gastos en I+D. La nueva normativa contable que se ha ido aprobando deja margen para que las compañías se apunten como beneficios algunos de esos gastos, aunque no es lo normal. Pese a dicha posibilidad, Siemens apenas se ha apuntado dichas partidas dado que su criterio (escogido por los propios directivos) es más estricto y se asemeja al que se utiliza en EEUU. El problema es que ese criterio restrictivo no lo utiliza para el caso de Siemens Gamesa, el único caso en toda la compañía. “No entendemos por qué las estrictas reglas de Siemens no se aplican (…) El argumento de que “otros en la industria eólica también lo están haciendo” no es válido, en nuestra opinión, ya que esperaríamos que los principios de Siemens tengan prioridad“, concluye contundentemente los analistas de JPMorgan.

SIEMENS GAMESA, LA GUINDA DEL NUEVO PASTEL ELÉCTRICO

La puesta a punto de la nueva área de energía del gigante alemán ya está en marcha, solo falta dilucidar si Siemens Gamesa entrará íntegramente o con el porcentaje actual. La firma constituida alcanzará un volumen de ventas que superará los 25.000 millones de euros, aunque también presenta importantes retos. Por ejemplo, los desarrollos de nuevas infraestructuras de energía renovable requerirán de un importante aporte de capital. También deberá lidiar con la amortización y extinción de otras patas del negocio de carbón y gas que mantenía anteriormente.

El proceso de dividir el negocio que todavía mantiene de Gas y Energía, el cual lleva años perdiendo margen por la competencia de las renovables, va en el sentido de los importantes desempeños de capital necesarios. Los planes de la compañía suponen completar el proceso de exclusión en el tercer trimestre fiscal del próximo año (abril de 2020), aunque todos los preparativos de salida a bolsa y demás papeleo se retrasaría a septiembre de 2020. Hasta entonces, tiene tiempo Siemens para seguir jugando con Iberdrola.

Por el momento, las acciones de Siemens Gamesa todavía están muy lejos de años atrás, con una caída acumulada desde 2017 (cuando tocaba los 22 euros) de algo más del 30%. Además, las malas cuentas del último año fiscal presionan a la baja la previsión de los analistas, JPMorgan le da un precio objetivo de 11,5 euros frente a los 14,3 en los que cotiza. Además, existe un problema más para la española, puesto que reservó 206 millones de lo que se conoce como ‘one offs’, pero solo 32 millones correspondían con la reducción de los trabajadores prevista, por lo que el resto queda en el aire. Una técnica que también ha sido criticada por el banco de inversión que opina que “no está en línea con las mejores prácticas establecidas por el Grupo Siemens”.