Iberdrola
Parque eólico en Hungría

Europa del Este, y gran parte de la región central, son un oasis para la quema de carbón. La energía renovable apenas ha asomado, y las grandes eléctricas del viejo continente recelan en cuanto a los proyectos. Iberdrola en estos momentos tiene una posición algo tímida en la zona, aunque las cifras le llevarán a hacer lo contrario.

La Comisión Europa ha acelerado la máquina ‘verde’ para que los países del Este de Europa se suban al vagón de la sostenibilidad. Hace falta. En Rumanía, por ejemplo, cuentan con 4,1 GW de capacidad instalada de carbón por 2,9 GW de energía eólica. Por su parte, Hungría tiene tan solo 327 MW de eólica, mientras que de tecnologías fósiles cuenta con 1,05 GW de carbón y 4,03 GW de ciclos de gas.

Son las dos únicas regiones del Este donde Iberdrola tiene presencia. En Rumanía dispone de 80 MW de eólica en un parque, tras la decepción de un proyecto que iba para millonario, pero que años más tarde se vio salpicado con la sombra del célebre excomisario metido a espía. En cuanto al país magiar, tiene cinco parques eólicos con una potencia instalada de 158 MW, casi la mitad de esta tecnología con la que cuenta Hungría.

Estas cifras permiten a la compañía de Ignacio Sánchez Galán repensar su presencia en esta zona, que también incluye Bulgaria (otro quemador neto de carbón) y República Checa (una utopía en renovables). Todo ello para un negocio que, según explican fuentes del sector a MERCA2, podría situarse sobre los 32.000 millones de euros en oportunidades de inversión. Además, según datos que maneja Irena (Agencia Internacional de las Energías Renovables), hay un potencial de 700 GW para instalar capacidad en los próximos años.

¿SE LANZARÁ IBERDROLA?

En estos momentos el desarrollo de las renovables en Europa del Este es bastante escaso. Pero la Comisión Europea quiere poner remedio. También es consciente de que ahora mismo las grandes empresas, entre ellas Iberdrola, tienen ciertas reticencias, sobre todo en el ámbito regulatorio.

Para ello, la CE presionará para que se desarrollan marcos legales estables que inviten a la inversión de grandes ‘utilities’ europeas, puesto que las compañías nacionales por ahora no tienen gran proyección renovable. De igual modo, hará entender que la creación de empleo relacionado con los negocios ‘verdes’ pueden suponer una importante fuente de riqueza. Asimismo, la seguridad de suministro en la inminente electrificación de la sociedad será necesaria en cualquier país europeo.

No obstante, el camino no será sencillo. Hace unos meses Iberdrola y la compañía energética polaca Enea decidieron cancelar el megaproyecto de 3.300 MW de energía eólica marina que tenían previsto realizar en el mar Báltico (para Polonia, sobre todo). Se trataba de una potencial inversión de 5.000 M€ que se dio al traste sin explicaciones aparentes.

Y no es el único escollo. En Hungría llevan años mostrándose reticentes a las inversiones renovables. Lo argumentos, más allá de la necesidad que existe, se basan en las complicaciones geográficas de un país donde, explica, el viento apenas sopla. Por eso se aferran a las tecnologías fósiles y la eólica es residual.

Por el momento Iberdrola no ha mostrado su posición clara sobre esta región de Europa. En estos momentos ha iniciado grandes proyectos de eólica marina, así como importantes desarrollos en materia de ‘hidrógeno verde’. Con un reguero de fondos europeas a la espera que fomentos ‘verdes’, la gran eléctrica española tiene la oportunidad de ampliar negocio en el Este y, además, alejarse del mal sabor de boca de inversiones fallidas en la región.