Ibercaja
José Luis Aguirre y Víctor Iglesias, presidente y CEO de Ibercaja.

A Ibercaja le crecen los enanos. Mientras descuenta meses para su hipotética salida a Bolsa, las últimas cuentas de la firma presentan una ristra de problemas, algunos bastante serios, que podrían limitar y mucho tanto su colocación como el precio final con el que salga a Bolsa. Principalmente destaca su bajísima rentabilidad que le sitúan no solo como uno de los peores de España, sino incluso de toda Europa. Aunque no se pueden obviar la fuerte caída de su capital o su alta (todavía) tasa de morosidad.

Ibercaja cerró el 2018 con una rentabilidad (medida como beneficios entre fondos propios, más conocida como ROE) de apenas el 1,5%, merced a que su beneficio atribuido apenas sumó 40 millones. La firma se excusa en que si se excluyen los gastos por el ERE (de 55,8 millones de euros), el impacto de la venta de la cartera de activos adjudicados Cierzo (de 31 millones de euros) y la elevada tasa fiscal efectiva (¡vaya han pagado demasiados impuestos!), el beneficio habría sido de 117 millones. Dicho de otra manera, aun en el mundo ideal que propone la entidad, en que nada le afecte, su resultado habría sido un 14,4% menor al de hace un año.

Si se sigue en el mundo utópico de Ibercaja, para describir la crudeza real de la situación de su negocio lo más fiel posible, (y se toman por buenos los 117 millones que habría obtenido) el ROE habría pasado a ser cerca de un 4,2%. Pese a la mejoría evidente, la realidad es que no solo seguiría siendo muy pequeño; de hecho, sería más bajo que un año antes sino que apenas mejoraría la obtenida por Banco Sabadell, Unicaja y Liberbank.

Aun en el mundo ideal que propone la entidad, en que nada le afecte, su resultado habría sido un 14,4% menor al de hace un año

Aunque claro, los mundos ideales salvo en alguna película no existen. Lo único que queda es la cruda realidad, y ésta es que a pocos meses de salir a Bolsa el valor del banco ha sufrido un durísimo revés. Una de las claves de la importancia del denominado ROE radica en que ayuda a los inversores a conocer el verdadero valor que tiene un activo cuando se pone en relación con el coste de capital. De hecho, cuando una empresa (más si se trata de un banco) no es capaz de generar una rentabilidad por encima de dicho coste, inexorablemente se hace más pequeña.

Lo anterior proviene del mundo académico, más en concreto de la famosa ecuación creada por Shapiro y Gordon: dicha ecuación tomaba el valor contable de cualquier firma y lo multiplicaba por el cociente resultante de dividir el ROE entre el coste de capital (al que se llega a través del modelo CAPM y que en el caso del sector oscila entre el 9% y el 10%). Al final dicho calculo explica el motivo por el cual, cuando la rentabilidad es pequeña, el activo pierde valor. En el caso de Ibercaja, siguiendo las últimas cifras presentadas, tendría un valor por debajo de los 500 millones de euros, mientras que un año antes rondaba los 1.500 millones. En resumen, solo en 2018 el valor ha perdido cerca de un 66% de su valor real.

Un ejemplo de lo anterior se puede comprobar con la situación que vivió el año pasado Banco Sabadell, la segunda entidad por la cola en cuanto a rentabilidad. La firma presidida por Josep Oliu se derrumbó en bolsa cerca de un 40% después de que su valor medido según Shapiro y Gordon lo hiciese algo más de un 50%, en el caso de entidad catalana los problemas vinieron desde su filial de Reino Unido que le costó hasta casi 400 millones en provisiones y gastos.

IBERCAJA Y SU LARGA LISTA DE PROBLEMAS

El rompecabezas de Ibercaja para cuadrar sus cuentas de cara a su estreno en el parqué no solo se quedan en la rentabilidad, de hecho la lista es bastante más larga que la que se cita. En primer lugar, la entidad se congratula de que ha conseguido reducir sus activos problemáticos (créditos dudosos más adjudicados) y ha mejorado la ratio de eficiencia, pero si en realidad se observa el volumen de Activos Ponderados por Riesgo (que son una representación del nivel de riesgo de los activos de un banco) la caída es de apenas un 4,8%, al pasar de los 22.150 millones a los 21.084 millones, lo que todavía supone una cifra muy elevada para los 52.000 millones de activos que mantiene.

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Por otro lado, también destaca la caída en el nivel de ratio de capital CET1 Fully Loaded que ha pasado del 11% con el que cerró 2017 al 10,5%. Este aspecto es importante por varios motivos: el primero es que dicha ratio mide la salud financiera de un banco, ya que pone en relación los fondos con los que cuenta la entidad, de forma inmediata, ante posibles imprevistos. Por otro lado, porque las entidades están obligadas por el regulador a mantener un cierto porcentaje (aunque todavía se mantiene por encima de lo exigido). Además, la caída prácticamente tira por tierra el trabajo de la entidad respecto a la acumulación de capital en los últimos años.

La tasa de mora, concepto que va intrínsecamente ligado a lo anterior, también sigue siendo excesivamente alta para cualquier entidad con un 6,7%. Aunque Ibercaja la ha conseguido reducir hasta en un punto porcentual, cerró el 2017 con un 7,7%, los valores por encima del 5% son peligrosos para los balances. Por último, su tasa de apalancamiento (que técnicamente se conoce como Loan to Deposits) ha caído por debajo del 100% (cerró en el 98%) lo que denota que a la entidad todavía le sale bastante caro financiarse en los mercados de capitales mayoristas.