José Luis Aguirre, exconsejero delegado de Ibercaja, junto con su sucesor Víctor Iglesias.

El 2018 se presentaba como un año complicado para Ibercaja, en especial debido a que debía sacar brillo a unas cuentas (de cara a su salida a bolsa) que han sido un auténtico rompecabezas para José Luis Aguirre y su equipo. Un crucigrama que la entidad maña ha resuelto a medias -a falta conocer el último trimestre-, gracias a una de las políticas más agresivas en términos de comisiones y recargos a sus clientes que haya visto el sector.

Ibercaja se ha enfrentado en los últimos años a un reto mayúsculo: el de mantener un volumen de ingresos creciente, que ha conseguido levemente, pese al hundimiento de la principal partida, los intereses cobrados. El secreto para conseguirlo no ha sido otro que aplicar medicina medieval a sus clientes, la sangría, y elevar por un lado con fuerza las comisiones cobradas; y por otro eliminar prácticamente cualquier atisbo de remuneración a los ahorros de sus cuentas.

A lo largo de los últimos años, la partida de comisiones netas de Ibercaja se ha ido convirtiendo en el auténtico pilar sobre el que se sostiene su cuenta de resultados. Dicha partida ha hecho más que doblarse, desde los 190 millones que sumaba allá por 2012 a los 379 con los que cerró 2017. Un porcentaje que a finales de 2018 será más alto, ya que hasta el tercer trimestre de 2018 se había incrementado por encima del 4%. Todo ello, mientras que los intereses cobrados por la actividad bancaria, su negocio ‘core’, se ha hundido un 40% desde 2012.

Los 0,37 euros en forma de comisiones sobre ingresos totales que sumó Ibercaja hasta septiembre de 2018 es cerca de un 50% superior a la media del sector

Aunque donde realmente se ve la importancia de los cobros a sus clientes por los servicios prestados para sostener al banco es cuando se mide respecto del volumen de ingresos. Un apartado, además, en el que Ibercaja supera con fuerza a cualquier otra entidad española. En 2012, por cada euro de margen bruto (total de ingresos) que sumó la entidad 0,17 céntimos provenían de las comisiones, una cifra que en 2017 llegó a los 0,32 euros y que en el tercer trimestre de 2018 alcanzó la cifra de 0,37 euros.

Las anteriores cifras no solo son con diferencia la más altas del sector bancario español, sino que también distan con fuerza de otras entidades. Los 0,37 euros en forma de comisiones sobre ingresos totales que sumó Ibercaja hasta septiembre de 2018 es cerca de un 50% superior a la media del sector. Además, está por encima de los 0,29 euros de Caixabank, los 0,21 euros en el caso de BBVA o 0,23 que presenta Banco Santander cuyas gestoras poseen el mayor volumen de patrimonio de todo el país.

Ibercaja
Foto: Bloomberg.

La clave del fuerte crecimiento de las comisiones se encuentra en los fondos ofertados por Ibercaja, que tienen aparejados un nivel total de gastos bastante superior al resto de competidores. Así, el producto de la firma maña que menos comisiones presenta (entre los más vendidos) es el Ibercaja Plus que tiene unos costes del 0,4%, mientras que en el caso de Caixabank (tanto el Monetario como el Ahorro) sus comisiones están levemente por encima del 0,2%, y el Ahorro Cartera de BBVA es cuatro veces más barato.

IBERCAJA HA ELIMINADO EL PAGO POR LOS AHORROS

El problema no solo es que por norma general dichos fondos sean más caros, sino que ofrecen una pobre rentabilidad lo cual se convierte en un problema doble para los clientes: por un lado, porque ni el Ibercaja Renta Fija (-1,10% de rentabilidad a tres años) ni el Ibercaja Plus (0,10% de revalorización a tres años) ni el Flexible (+1,39% a tres años frente al de referencia que ha subido un 3,54%) que suman un patrimonio cercano a los 2.000 millones ha podido siquiera ganar a la inflación, el objetivo de este tipo de productos. Por otro, porque el banco no ofrece una alternativa real a ellos, después de casi eliminar lo que remunera a los ahorros.

En los últimos cinco años, Ibercaja ha reducido en un 97,2% la remuneración a los depósitos de sus clientes. Dicho derrumbe, articulado por la cúpula directiva, ha llevado a mínimos el coste que paga el banco por los ahorros, y es que mientras que en 2012 salieron de la entidad por dicho concepto hasta 605 millones de euros en 2017 cayó hasta los 134 millones, un 77,8% menos.

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Pese a esa fuerte reducción, el margen de intereses neto ha sido la partida que más ha sufrido en el balance de la entidad. El saldo neto que ha mantenido la firma entre lo que paga por el dinero y lo que cobra por prestarlo se ha reducido más de un 21% en los últimos años, desde los 533 millones que sumó hasta el tercer trimestre de 2014 millones hasta los 419 millones de finales de septiembre de 2018.

La fuerte caída del resultado neto en su negocio core, y pese al fuerte incremento de las comisiones, trae consigo una lógica caída en la rentabilidad que ofrece la entidad sobre el capital invertido. De hecho, Ibercaja se quedó casi un 50% por debajo, con un ROTE del 5,3% frente al objetivo del 10%, de la rentabilidad prevista en su Plan Estratégico para el 2017.

Una situación que ha empeorado a lo largo del 2018, ya que el ROTE en los nueve primeros meses del año cayó hasta el 4,2% frente al 5,3% del 2017. Además, podría empeorar todavía más, debido a las comisiones (muchas de ellas son por éxito, esto es un porcentaje de las ganancias) probablemente caigan a consecuencia del descalabro de los mercados. Lo que podría colocar a Ibercaja ya no solo muy lejos de ser capaz de repagar el coste del capital (que se sitúa entre el 8 y el 9%) sino entre los bancos menos rentables del sector.