En algún momento de los últimos años, la plataforma de crowfunding inmobiliario denominada Housers llegó a verse como un caso de éxito. En 2018, la startup lanzó una ronda de financiación valorada en 5 millones para crecer internacionalmente. Un año después recibió distintos premios por su buen desarrollo. Ahora todo aquel brillo ha languidecido abruptamente. Así, la compañía fundada por Álvaro Luna no es más que una oscura amalgama que acumula créditos aplazados, multas del regulador o querellas y cuyo futuro está más en el aire que nunca.

Housers es ahora mismo un ente que parece que debe dinero a media España. El primero en su larga lista es el propio Estado. Así, la startup no ha devuelto la ayuda del programa Emprendetur I+D en forma de crédito reembolsable que recibió en 2016 del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. El apoyo económico de medio millón de euros debía haberse empezado a pagar en 2020, tras un par de años de carencia, pero la compañía no lo abonó. Más tarde, en junio, logró posponer definitivamente el desembolso de esa primera cuota gracias a un aplazamiento otorgado por el Ministerio de Economía.

Pero no es el único aplazamiento de pago que contempla Housers. Así, este mismo mes de enero debía devolver otro préstamo, por 300.000 euros más un interés del 9%, que se obtuvo a comienzos del 2020 para “desarrollar su aplicación web”. Por suerte, dicho crédito contaba con una prórroga de seis meses. Al igual, por ejemplo, que otro por valor de 350.000 euros que logró en abril del año pasado para subsistir en mitad de la pandemia. En este caso, se trata de un “préstamo participativo entre inversores particulares” que se tendrá que devolverse en abril de 2021, pero que previsiblemente se aplazará al menos seis meses más.

EL AUDITOR ALERTA DE UNA POSIBLE QUIEBRA DE HOUSERS

Aunque dichos inversores no deberían estar muy seguros de poder recuperar su capital. Al fin y al cabo, desde Housers avisan en sus cuentas de que el retorno del mismo “depende de la capacidad de la sociedad de hacer frente al pago del interés devengado y de amortizar el capital prestado”. En otras palabras, que si la situación empeora el dinero podría desaparecer. Una alternativa cada vez más real, dado el difícil panorama de los próximos meses por la llegada de una tercera ola mucho más virulenta que las anteriores.

Tan delicada es la situación para la fintech que el propio auditor pone en duda su supervivencia. Así, en el informe al que ha tenido acceso MERCA2 existe un apartado específico titulado: “Incertidumbre material relacionada con la empresa en funcionamiento”. En dicho ladillo, E&Y advierte de que “a consecuencia de la situación generada por la crisis sanitaria provocada por el Covid-19 (…) la continuidad de las operaciones dependerá del grado de cumplimiento del nuevo plan de negocio”. Y, a su vez, que esta evolución “podría no materializarse en los términos esperados”, por lo que existen “dudas significativas sobre la capacidad de la Sociedad para continuar como empresa en funcionamiento”.

Además, el propio auditor hace ver que en última instancia será el compromiso de los socios, a través de la matriz Housers Europe, el que determine el futuro de la startup. En otras palabras, que será la disposición de asumir más pérdidas la que decante la balanza. Una situación complicada por varios factores. Primero, porque la compañía no va bien. El volumen de ingresos en 2019 se desplomó un 17% pese a que el 2019 fue un buen año para el inmobiliario. Segundo, porque en los últimos años han asumido ya pérdidas por más de tres millones.

LOS PEQUEÑOS INVERSORES PLANTARAN BATALLA LEGAL FRENTE A LOS DIRECTIVOS

Por último, porque la imagen de marca que antes era fresca y disruptiva ahora parece languideciente. Y no solo por los problemas anteriores, sino porque Housers podría acabar investigado por la justicia, al estar presentadas varias querellas en distintos juzgados de Madrid. Una de ellas está en estudio en la Audiencia Nacional. En concreto, en este caso son varios muchos pequeños inversores que no han recuperado su dinero, tras innumerables proyectos fallidos.

Quizás, ahí radica el grueso del problema. Que no se trata de los inconvenientes de toda inversión, que alguna de ellas salga mal, sino que en la actualidad hay decenas de proyectos en los que ha habido retrasos en abonar el dinero. Pero ¿y por qué no aparecen esas cifras tan altas de mora? Simplemente porque se extienden los plazos. “Al renovarse el crédito que no se ha pagado, a través de una votación poco transparente en su web, éste desaparece automáticamente como impagado. Pero no es más que tiempo extra, puesto que esos proyectos no tienen viso de llevarse a cabo”, explica a MERCA2 el abogado Manuel Merino que lleva años litigiando con la firma.

Al fin y al cabo, el problema de fondo es que estos proyectos que llegan a Housers y otras plataformas de crowfunding vienen en su mayoría desechados por los bancos. Además, “sin garantías reales”, explica Merino. Un combo que por lo general muy pocas veces acaba bien. Esa situación ha provocado que meses atrás se constituyese oficialmente una asociación de afectados llamada ‘Afectados Housers’. La misma explica que “nace de la impotencia de un inversor por sentirse ignorado de manera constante durante años. Era imposible seguir de brazos cruzados viendo el rumbo tan oscuro que llevan los proyectos”. Un panorama poco claro.