Espacio flex de WeWork.

El sector del alquiler de oficinas compartidas ha sido uno de los más castigados por la pandemia del coronavirus, ya que sus clientes optaron por refugiarse en casa y reducir el riesgo de un posible contagio. 

Además, las bondades del teletrabajo, unidas al descenso de ingresos por parte de estos autónomos y pymes, han hecho que muchos usuarios hayan optado por reducir gastos y montarse la oficina en casa, al menos de momento.

En este escenario, el gigante del coworking WeWork es, sin duda, una de las empresas más perjudicadas por el covid-19. A pesar de sus esfuerzos por insistir en que la consecuencia natural de esta crisis es la flexibilización de los espacios de trabajo, la realidad es que muchos de sus clientes han cancelado sus alquileres, y no saben si volverán.

Quizá el modelo de negocio tan flexible de esta compañía ha fallado ya que, al no existir un contrato de permanencia que ate al usuario a una localización por un tiempo determinado, éste puede dejar de pagar y listo.

En cambio, los gastos de mantenimiento de estos edificios y los impuestos se mantienen intactos, y las compañías de coworking presentan pérdidas. 

LAS PÉRDIDAS VIENEN DE LEJOS

El gigante de los espacios de trabajo flexible ya estaba empezando a tambalearse antes de la crisis sanitaria. E incluso algunos expertos apuntaban a que se asemejaba a una presunta estafa piramidal, con frivolidades como llevarse de vacaciones a 2.000 empleados y gastar 60 millones de dólares en un avión Gulfstream G650.

De hecho, ya en noviembre de 2019 las cuentas de WeWork no cuadraban, cuando el grupo norteamericano perdió 1.137 millones de euros entre julio y septiembre, después de un trimestre más en el que los gastos superaron con creces los ingresos. 

Y es que durante 2019 la compañía no hizo otra cosa que multiplicar sus números rojos. Una situación que preocupa, y mucho, a sus inversores, al igual que su fallida salida a Bolsa el pasado verano.

Además, hay que sumar los meses convulsos que vivió la compañía tras la salida de su fundador y consejero delegado, Adam Neumann, y el rescate de SoftBank.

La situación financiera límite de la startup provocó que dos de sus principales inversores, el grupo japonés dirigido por Masayoshi Son y el fondo Vision Fund, acudieran al rescate de WeWork para poner a salvo su inversión, que se estima en 10.300 millones de dólares. 

En cuanto a la valoración de la compañía, ha caído en picado desde 47.000 millones de dólares (41.850 millones de euros) en enero de 2019 a tan solo 2.900 millones de dólares (2.582 millones de euros) a mediados de mayo de 2020.

De hecho, a finales del pasado mes de mayo, el consejero delegado de SoftBank, Masayoshi Son, reconoció que “fue estúpido por mi parte invertir en WeWork, me equivoqué”. Hasta el momento, la empresa ha invertido 18.500 millones de dólares (16.677 millones de euros) en la compañía de espacios flexibles.

WEWORK ESQUIVA LA CRISIS

Sin embargo, desde la compañía aparentan normalidad y, tras el confinamiento, han inaugurado su último edificio en Passeig de Gracia 17, en Barcelona, que ya cuenta con nuevos inquilinos. 

La estadounidense ocupará las cinco plantas de oficinas con las que cuenta el inmueble, y que suman una superficie total de 4.700 metros cuadrados. Este será el quinto centro de WeWork en la ciudad. 

Además, la compañía también está trabajando para abrir un espacio flex en el número 371 de la Avenida Diagonal un edificio propiedad de Alting que alquiló en octubre.

En declaraciones a MERCA2, el director general de la empresa para España e Italia, Muhannad Al Salhi, asegura que “el confinamiento ha servido como experimento a las empresas para comprobar cómo pueden ser operativas con un sistema más flexible y virtual y, así es como se ha comprobado que trabajar desde casa puede funcionar. También se ha evidenciado el valor que supone disponer de una oficina y la necesidad de flexibilidad. Las empresas no sólo quieren mayor libertad, sino que se están replanteando todo el concepto de la oficina”.

En este sentido, se muestran optimistas y defienden que habrá una oleada de empresas que decidan descentralizar sus sedes y alquilen oficinas de WeWork. “Tenemos la capacidad de distribuir equipos en distintas localizaciones, ciudades y países para ayudar a reducir la densificación de los espacios de oficina, así como a reducir el tiempo de desplazamiento para los empleados”, afirma. 

Pero según algunos expertos consultados por este medio, la realidad actual es desoladora. La empresa espera con urgencia que SoftBank le compre acciones por 3.000 millones de dólares, algo que según ha declarado la entidad ya no sucederá. 

Además, el regreso a las oficinas en muchos países no está programado y, donde se pueden usar las instalaciones, se debe hacer con una distancia que choca frontalmente con la política de negocio de WeWork, que apuesta por explotar al máximo cada metro cuadrado.

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