Heineken
Akos Stiller/Bloomberg

El grupo Heineken ha arrancado 2018 con una caída del beneficio de 11,3% en los tres primeros meses a nivel global. Una situación, que unida al ERE en España, contrasta con un crecimiento en ventas, en plantilla y en previsiones en nuestro país que invitan a pensar que no estaban acordes ni con su estructura, ni con el mercado.

En los últimos años el crecimiento de Heineken en España ha sido continuado. En 2010 su cifra de negocio fue de 919,8 millones de euros; en 2011, de 921,4 millones; en 2012, de 906 millones; en 2013, de 869,4 millones; en 2014, de 907,9 millones; y en 2015, de 950,9 millones, según datos del registro mercantil recogidos por InsightView.

Al igual que la facturación de la compañía, el número de empleados también ha ido en aumento en los últimos años: 1.604 en 2012; 1.646 en 2013; 1.710 en 2014; y 1.797 en 2015. De hecho, entre 2016 y 2017 es cuando más crece al alcanzar los 2.400 trabajadores en España. En tan solo cinco años ha crecido 800 empleados.

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Pero, ¿esta situación era sostenible en el tiempo? La respuesta es no. Y esto tuvo su reflejo directamente en su plantilla, aquello que más había engordado estos años. Con el objetivo de “reorganizar las áreas de producción, ventas y soporte de los distintos centros”, en febrero Heineken anunció un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afectará a 220 empleados de los 2.400 que tiene en España. La mayoría en sus centros de Sevilla.

SEGUNDO ERE HEINEKEN ESPAÑA

“No nos lo esperábamos, ni tampoco habíamos notado una reducción de la producción, pero no ha sido traumático”, explica el coordinador nacional de empresas privadas del sindicato CSIF, Pedro Poves, quien asegura que es una cuestión de “ajuste productivo y organizativo”, especialmente en la parte de embotelladora. Este se pactó con CCOO, UGT y CSIF.

Este ERE, además, se produjo siete meses después de que Heineken España firmara un convenio colectivo a nivel estatal para unificar y homogenizar las condiciones laborales de todo el personal, ya que anteriormente había nueve convenios colectivos diferentes.

Pero no es la primera vez que la compañía cervecera toma estas medidas. Entre 2004 y 2006 llevó a cabo otro ERE. Esta vez afectó a 186 empleados de la plantilla de Sevilla. Es a partir de este ERE cuando comienza a producirse el incremento continuado de ventas.

Y ahora queda la duda de la necesidad de un ERE si este crecimiento de empleados hubiera sido acorde con las verdaderas necesidades.

UNA DURA COMPETENCIA

En los últimos resultados auditados, correspondientes a 2015, las previsiones de la compañía eran positivas al mantener “sus objetivos de crecimiento anual de la sociedad en el corto, medio y largo plazo, tanto en la cifra de negocio como del resultado operativo”. Unos pronósticos que años después cuestionan si Heineken estaba creciendo tanto como esperaba o acaso no se fijó en el mercado.

La patronal cervecera, Cerveceros de España, cerró con 35,7 millones de hectolitros de cerveza comercializados durante 2017 en España. Un récord que encabeza el primer grupo en España y principal competidor de Heineken: Mahou San Miguel.

Este distribuye en España 38 marcas como Mahou, San Miguel y Alhambra. Solo en 2016 vendió 13,5 millones de hectolitros de cerveza, un tercio del total de litros consumidos en España. Ese mismo año, Heineken comercializó 10,3 millones de litros. Además, el fuerte ascenso de Hijos de Rivera, fabricante de Estrella Galicia, y la siempre cercana competencia de Damm hacen tambalear su segunda posición en España.

Heineken también asoció sus buenas previsiones a las innovaciones como Shandy Cruzcampo Zero o Cruzcampo Cruzial, pero estas no han tenido el efecto que esperaban en el mercado. La compañía holandesa tiene en España 45 variedades de cerveza, entre ellas especialidades como Desperados y Paulaner.

Por último, la empresa también ha apostado a la grande por la sostenibilidad y el medio ambiente con proyectos donde no ha escatimado un solo euro. Entre estos destaca el ‘Proyecto Doñana’ con una inversión de 300.000 euros, el ‘Proyecto Olivo’ en Jaén a través de 150.000 euros, y el ‘Proyecto Cañaveral’ en Valencia con un apoyo económico de 250.000 euros. Todos ellos con el objetivo de mejorar la calidad y el ahorro del agua.

En definitiva, el crecimiento poco sostenible en el tiempo y unas altas previsiones le han pasado factura a Heineken en España.