El pasado jueves, sobre las 10 de la noche, varios medios de comunicación adelantaban la que es (hasta la fecha), la operación financiera del año dentro del sector bancario. Bankia y CaixaBank negocian una fusión inminente.

Ante la avalancha de noticias, las entidades confirmaban contactos a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) una hora después. Aunque explicaban que de momento “no se ha alcanzado ningún acuerdo”, solo han firmado un acuerdo para intercambiarse información y valorar la operación, en el seno de una due diligence.

CaixaBank había dejado claro a lo largo del año que fusionarse no estaba en sus planes. Su camino estaba “en el crecimiento orgánico”, y además, han dedicado los últimos dos años a transformar el negocio.  Tomaron el control de BPI en 2018 y poco antes de Barclays España. Algo que le ha llevado a reducir un 18% la red de sucursales y la salida de 2.000 personas.

El caso de Bankia era bien distinto. El Estado inyectó 22.424 millones de euros para rescatar a la entidad durante la anterior crisis económica. El FROB recibió a cambio el 68,3% del capital social del banco y en estos años, las arcas públicas solo han recuperado un 6,5%.

LA PRESIÓN DE LOS REGULADORES

Entre tanto, el Banco Central Europeo apretaba al sector desde hace años con la necesidad de consolidación a través de fusiones y adquisiciones. También lo hacía el Banco de España. Sin embargo, parecía muy lejano porque  todos los bancos trataban de silenciar los rumores.

Pero la crisis provocada por el covid-19 ha acelerado todo. Y tal y como señala el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, el pasado 20 de julio “en las próximas semanas y en los próximos meses” se irían produciendo movimientos en el sector bancario. El pasado 1 de septiembre insistió más que nunca en la necesidad de reestructuración de sector bancario.

Ese día declinó hacer valoraciones sobre Bankia, un banco por el que se preguntó en concreto. Los rumores de fusión han perseguido a la entidad a lo largo del año, los analistas y expertos del sector ya apuntaban a que algún banco estaba avanzando, pero Guindos decidió ser prudente.

Ahora, distintas fuentes coinciden en que CaixaBank y Bankia llevaban más de dos meses negociando y que los planes que se han puesto sobre la mesa contemplan que Fundación La Caixa controle un 30% del grupo resultante de la fusión y el FROB baje su peso de casi el 62% actual al 14%. Estas dos mismas entidades ya intentaron llevar a cabo una fusión en 2012, pero entonces no hubo acuerdo.

DEMASIADO RÁPIDO

Según explica Cinco Días, todo avanza a una velocidad de vértigo. Pues al parecer, fue el mismo jueves cuando las entidades celebraron un consejo de administración que dio el visto bueno al inicio de las negociaciones y ya tienen previsto reunirse el próximo 13 de septiembre para aprobar su operación.

Aunque después tengan que pedir autorizaciones al regulador y convocar una nueva junta. El objetivo estaría en poder acabar todo el proceso en seis meses, esto es en marzo de 2021. Todo apunta a que CaixaBank tendrá mayor poder tras la integración, pero el actual presidente de Bankia, José Ignacio Goirigozarri, pasaría a ser presidente del nuevo banco resultante. Mientras que el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, se quedaría de número dos como consejero delegado.

El dónde se va a ubicar la sede de la futura entidad también ha traído cola. Desde el Govern catalán, Pere Aragonès, comentaba que sería “bueno” que la sede de CaixaBank retornara a Cataluña. La entidad trasladó su sede social a las antiguas dependencias del Banco de Valencia, tras el referéndum independentista del 1-O. Sin embargo, distintas fuentes apuntan que la futura entidad se mantendrá en Valencia, donde ya están ubicadas las dos.

SUCURSALES Y PLANTILLA

Según los datos que aportaron ambas entidades a cierre de semestre, la fusión de CaixaBank y de Bankia, tercer y cuarto banco en España por volumen, daría origen a un grupo con activos por importe de 650.000 millones de euros. En total, tendrían 6.600 sucursales y la plantilla superaría los 51.000 empleados.

Es decir, de salir adelante, generaría grandes sinergias de costes, pero se tienen que llevar a cabo ajustes en el número de empleados y de oficinas. Un informe de Barclay’s explica que esto permitiría a la entidad resultante incrementar un 18% su beneficio en 2022. Según el estudio de la entidad británica, el solapamiento de sucursales entre ambas entidades alcanzaría el 23% (1.411 oficinas), si se atiende al código postal.

Suponiendo que por cada oficina cerrada se recorte la mitad de sus empleados (escenario medio), los costes de reestructuración podrían ser superiores a los 1.000 millones de euros, con un potencial de ahorro anual de casi 500 millones de euros.

Respecto a la forma en que se estructuraría la operación, avala que la fusión de acciones “es el enfoque correcto”. El accionista mayoritario sería Criteria (principal accionista de CaixaBank), con una participación de entre el 31% y el 29%, si se considera una prima del 30% al precio de cierre de Bankia el 31 de agosto. Seguido del FROB, que controlaría entre el 14% y el 17% de la entidad combinada.

LÓGICA LABORAL

CCOO ha exigido a las direcciones de CaixaBank y Bankia garantías para la plantilla si se produce la fusión. El sindicato reclama un acuerdo laboral que garantice el empleo de todos los trabajadores. También vela por que haya salidas voluntarias si se plantean excedentes, la preservación y mejora de las condiciones salariales y laborales, y un proyecto de empresa con viabilidad futura.

Entienden que la operación tiene lógica empresarial dada la situación de mercado, los tipos de interés y el avance de la digitalización. Pero piden que también tenga lógica laboral. Los representantes de los trabajadores valoran que este movimiento se anticipe a los impactos que puedan amenazar los balances ante la destrucción de tejido productivo y que se trate, además, de una “operación de alcance en términos estratégicos de país”.

También ha mostrado preocupación por el futuro de los trabajadores Unidas Podemos, que ha señalado que este tipo de fusiones “suelen tener importantes implicaciones sobre las plantillas laborales de las empresas”. Y este “no es precisamente un buen momento” para posibles despidos de trabajadores, en un contexto de alto desempleo. En este caso, habría que hacer ajustes entre los más de 35.000 trabajadores de Caixabank y los casi 16.000 de Bankia.

SE ABRE EL CAMINO A NUEVAS FUSIONES

Pero si hay algo en lo que coinciden todos los expertos es que la unión de Bankia y CaixaBank abre el camino a una nueva oleada de fusiones bancarias. En España, las cajas de ahorro han ido desapareciendo y sólo quedan los bancos que no arrastró la burbuja inmobiliaria, pero los ajustes no han hecho más que empezar.

Hace un año ya se vaticinaban fusiones y absorciones que dejarían al sistema español en cinco o seis entidades con el único objetivo de mejorar la rentabilidad. Ahora, en medio de una crisis mundial, se habla de tres.

En este sentido, el profesor de Banca en EAE Business School, Luis Losantos, considera que hay que estar pendientes de BBVA y el Banco Santander, pues entidades como Sabadell o Liberbank están en las quinielas de nuevas operaciones y la entidad de Ana Botín y Carlos Torres son los que tienen pulmón para plantearse alguna operación.