Los coches más antiguos son más contaminantes. La no renovación de la flota tiene consecuencias para la polución.

La buena intención del Ejecutivo de Pedro Sánchez en materia de energía y clima es incuestionable. Sin embargo, el resultado no está siendo el previsto. La incertidumbre sobre la configuración del Gobierno, y las propias dudas que sembró el anterior con respecto a los tramos impositivos del diésel, ha creado una espiral negativa en muchos ámbitos.

Así lo ha puesto de manifiesto el presidente de BP España, Luis Aires, durante la presentación -este jueves- del informe ‘BP Statistical Review 2018’. Junto a la presentación de una importante batería de datos macro sobre la situación energética a nivel mundial, donde destaca el aumento de emisiones contaminantes el pasado año, el directivo de la petrolera ha sido crítico con las consecuencias, de negocio y medio ambiente, que genera la incertidumbre.

Este binomio negativo, economía y medio ambiente, se inicia con un importante cambio de tendencia en el sector de la automoción. El pasado ejercicio se produjo el sorpasso de la gasolina al diésel. Es decir, por primera vez en años el número de matriculaciones de coches con este tipo de motor superó al hasta ahora favorito (y más barato) diésel.

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Dentro de un par de décadas el parque móvil de vehículos eléctricos será comparable al de coches con motor de combustión. Pero...

Antes de pasar a las consecuencias, los motivos para este cambio de tendencia se encuentran enfrentados. Por un lado, Luis Aires lo achaca a la incertidumbre sobre los impuestos que se pueden aplicar a este combustible, así como las limitaciones expresadas en el anteproyecto de Ley de Cambio Climático, que quiere dejar al margen todas las alternativas que sean contaminantes.

Lo curioso es que, casi a la misma hora –en otro foro público-, la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, manifestaba que la caída de matriculaciones de diésel se debe a los últimos escándalos que ha habido a nivel mundial.

Sin prejuzgar quién lleva razón, la única evidencia es que se venden menos coches en general. El Gobierno, lógicamente, defiende la postura exógena sobre el problema; pero la realidad es que el sector de la automoción cola menos vehículos en circulación que hace un año. ¿Y qué problema genera esto?

AUMENTO DE LAS EMISIONES

Con un perverso efecto mariposa, el Gobierno que de forma más acalorada está luchando contra el cambio climático se ha convertido, por ahora, en un problema para la reducción de emisiones.

El máximo responsable de BP España ha hecho especial énfasis en que el parque móvil en nuestro país está alcanzando unas medias de edad muy elevadas. Ha afirmado que en estos momentos los vehículos rondan una vida media de 12,5 años, y eso tiene un efecto directo sobre las emisiones (diésel y gasolina): los coches más antiguos tienen motores menos eficientes y más contaminantes.

Por lo tanto, si en estos momentos cada mes de venden menos coches que el año pasado, ya sean no contaminantes o de combustión, el efecto final es que hay un volumen más importante de coches que contaminan más. Así pues, mayor volumen de emisiones. Eso, de manera directa, incide en la calidad del aire, sobre todo en las grandes ciudades donde se intensifica el volumen de coches antiguos.

Bajo esta ecuación, y sin una voluntad directa de querer generar el problema, la incertidumbre sobre los vehículos de combustión ha provocado un descenso en la coches (que no compensan los eléctricos, apenas un puñado al mes); y como consecuencia de todo esto un parque móvil envejecido produce más contaminación.