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Con cada bote de miel natural “consumimos paisajes”, dice José Juárez, gerente de la empresa Cosas de Abejas. Y no le falta razón, porque la miel española está condicionada en color y sabor por las zonas de polinización en las que se obtiene el néctar de las abejas. Se cuentan así más de una treintena de variedades: de espliego, romero, eucalipto, tomillo, roble, brezo, azahar, níspero…Por eso resulta tan arbitrario que la palabra miel se utilice para etiquetar envases que contienen desde un 100% de miel pura hasta aquellos que sólo cuentan con un 1% en su mezcla.

Ahora, el Gobierno ha modificado la normativa vigente sobre etiquetado “para garantizar una información más detallada sobre el origen del producto”. Pero la modificación ha sido tan insignificante que la etiqueta se quedará prácticamente como estaba. Los apicultores avisan: “seguiremos con nuestra lucha por una etiqueta justa, pero ya será en Europa”.

Para los apicultores no deja de ser una buena noticia la modificación de la normativa vigente relativa al etiquetado de la miel: “es cierto que se abre el marco, porque este primer cambio hace a la norma más vulnerable y susceptible de seguir evolucionando” admite Juárez, pero el cambio es claramente insuficiente.

El Gobierno exigirá a partir de ahora información detallada sobre el origen del producto envasado, pero no así sobre los países de cosecha, sobre el porcentaje de mezclas o sobre la temperatura a la que se ha sometido. El Ejecutivo asegura que da un paso para favorecer al sector frente a sus competidores extranjeros, pero lo cierto es que, el paso es minúsculo, casi un amago. Por decirlo de otro modo, “de tres exigencias que tenía el sector, el Gobierno ha aprobado media”, comenta Juárez en declaraciones a MERCA2.

Los apicultores agrupados en la Asociación Española de Apicultores y también en la plataforma ciudadana Etiquetado Claro Ya, que representa a todas las asociaciones del sector en España, con más de 11.000 miembros entre profesionales y no profesionales, hacían tres reivindicaciones que fueron aprobadas por la Comisión de Agricultura del 19 de marzo de 2019.

TRES EXIGENCIAS, MEDIA CONCESIÓN

La primera de las exigencias de los apicultores se centraba en que la etiqueta indicara el país de cosechado de la miel y no tanto el origen, porque “el  cosechado muestra de donde es esa miel y procedencia original” explica Juárez, “porque el origen se triangular”, por ejemplo, “se puede haber cosechado en China, comprado en Uruguay y vendido en España”, de forma que delimitar el origen resulta engañoso para el consumidor.

La segunda de las reclamaciones tenía que ver con las mezclas, para que –en caso de haberlas – se especifique el porcentaje de miel en la composición del producto. El tercer requerimiento  solicitaba que se regulara la temperatura máxima a la que se pueden someter las mieles para evitar pasteurizaciones y, en consecuencia, engaños a la hora de identificar el producto. “Por encima de 40ºC o 45ºC, la miel pierde sus propiedades y pasa a ser una amalgama de azúcares, es decir, deja de ser miel y le podemos añadir cualquier tipo de sirope, que la miel muerta no decanta es decir, no lo excluye, lo incorpora sin problemas”, describe Juárez.

Para eso precisamente se sobrecalientan las mieles de forma industrial “para hacer mezclas con siropes de arroz o maíz, con sólo un 1% de miel y colocarlo en la estantería de miel”, afirma el representante de los apicultores que añade “no nos oponemos a que se comercialicen estos productos, pero consideramos que sería oportuno que se vendieran en los lineales de los edulcorantes”.

Por contra, con este Real Decreto, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación asegura “favorecer la transparencia en la información”, puesto que “el consumidor tendrá un conocimiento más completo sobre el origen de la miel, lo que le permitirá ejercer una opción de compra con más fundamento”, afirma en un comunicado.

Con este cambio normativo, en adelante, “cuando el producto proceda de un único país, también será obligatorio indicarlo en la etiqueta, por lo que la miel 100% española se podrá identificar claramente”, alega el Ministerio.

El departamento del que es titular el ministro Luis Planas defiende que “además, los apicultores españoles producen una miel de excelente calidad” y este nuevo marco legal les permitirá “competir en el mercado con la miel que proviene del exterior, en mejores condiciones”.

En términos prácticos,  el cambio en el etiquetado se va a limitar a sustituir el enunciado “mezcla de mieles de dentro y de fuera de la UE”, sin especificar el origen, por el nombre del país o países de origen. En este sentido, desde el Gobierno se aferran a que para cambiar la normativa vigente habría que modificar la directiva europea. Sin embargo, estas tres exigencias se aprobaron en la Comisión de Agricultura del 19 de marzo de 2019. En cualquier caso, “nosotros reclamaremos en la Comisión europea y seguiremos luchando”, anuncia Juárez.

LA ETIQUETA, UNA REIVINDICACIÓN HISTÓRICA

El cambio en el etiquetado de los envases ha sido una de las principales reivindicaciones del sector. Los apicultores llevan luchando desde el año 2005 por un cambio normativo que contribuya a poner en valor las mieles naturales frente a siropes y sucedáneos. Años de reivindicaciones sin éxito por una etiqueta y una identificación justa de un producto autóctono muy valorado por los consumidores.

La miel española es un producto de altísima calidad por su elevado contenido en aminoácidos, sus propiedades antibacterianas, sus enzimas o su valor vitamínico, en base a azúcares naturales, como es la fructosa en el caso de la fruta.

Precisamente en correspondencia con la excelente calidad del producto, los apicultores reclamaban que la etiqueta sólo pudiera identificar como tal, a la miel natural “con un reconocido valor medicinal”, es decir, “la que va de la colmena al bote”, en otras palabras “el néctar de las flores transformado por las abejas, filtrado y envasado, sin pasteurizar, ni recalentar”, tal cual, explica el también vocal de la Asociación Española de Apicultores.

EL SECTOR DE LA MIEL EN CIFRAS

Fuentes consultadas por MERCA2 cifran los apicultores en España en unos 7.700 profesionales y 4.000 no profesionales. Los profesionales, mueven unas 2.220.000 colmenas trashumantes para las polinizaciones y se contabilizan otras 145.000 fijas.

De las 32.000 toneladas de miel natural que se producen al año en España, 30.000 se exportan. De miel etiquetada como “mezcla” se importan 27.000 toneladas al año de terceros países

La irrupción del covid-19 ha generado un repunte del consumo de miel pura, española, en el comercio local, próximo a las colmenas, y online en los establecimientos especializados, que ya la comercializaban. Las múltiples propiedades de la miel española ayudan a combatir el virus fortaleciendo el sistema inmunitario frente al contagio.

En el Día Mundial de las Abejas, celebrado este miércoles 20 de mayo, la ONU ha recordado que la apicultura es una forma de apoyar a las comunidades rurales que permite “en esta difícil situación provocada por la pandemia del coronavirus una mejora de la seguridad alimentaria y nutricional“.

De hecho, cerca del 90% de las plantas con flores dependen de la polinización para reproducirse y el 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen, en cierta medida, de la polinización. Por ello, la ONU no solo hace hincapié en la incidencia de los polinizadores en la seguridad alimentaria, sino que además los defiende como “indispensables” para conservar la biodiversidad.