El actual presidente de la CNMC, Marín Quemada

Aumento de costes que repercuten en la productividad, daño al crecimiento económico y paralización en la creación de empleo. Las circulares publicadas hace unas semanas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) que afecta a los negocios regulados del gas y la electricidad pueden tener una incidencia directa sobre el tejido socio-económico que el regulador y Gobierno quieren tapar.

Así se refleja en diversos documentos internos que manejan las grandes energéticas españolas a los que ha tenido acceso MERCA2. El principal lamento, según la información a la que ha tenido acceso este medio, es que todo se desarrolla desde una perspectiva ideológica por parte del Gobierno en sus recomendaciones, y que la CNMC ha desarrollado de manera seguidista y dando rienda suelta a los prejuicios del Ejecutivo.

El problema, antes incluso que el desarrollo de las propias circulares sobre las retribuciones al gas -principalmente-, surge cuando el Gobierno pretende una transición climática y energética tan rápida que puede ser dañina para nuestro país, según indica el documento. España, en su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (Pniec) aspira a la descarbonización plena en 2050 y establece compromisos en eficiencia energética, reducción de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y penetración de renovables que van mucho más allá que lo que exige el Acuerdo de París y los compromisos asumidos por la UE.

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La descarbonización tiene un coste: limita la cantidad de CO2 que emitimos a la atmósfera. Ello mejora la calidad del aire, pero aumenta los costes de la actividad productiva y, por tanto, afecta al crecimiento económico y a la creación de empleo. Por eso, a la hora de contribuir a este esfuerzo necesario, que además tiene que ser global, se produce una negociación: cada uno quiere tener el menor coste posible.

Con los objetivos del Gobierno, mucho más ambiciosos que los que nos corresponden según la Comisión Europea, España pagará más que sus socios. Por ello, en sus borradores del Pniec, la mayoría de los países ha optado por ser prudentes y plantear objetivos incluso inferiores a los que les corresponden hasta ver los compromisos de los demás.

Y EN ESTAS LLEGÓ EL GAS

Por si fuera poco este exceso verde, ahora resulta que se pone en tela de juicio la tecnología energética que debe servir al respaldo renovable durante los próximos años. Y es que ningún país en Europa apuesta porque el gas pierda peso significativo en 2030, ni en el consumo energético total ni en el gas que se utiliza para generar electricidad.

Como aseguran fuentes del sector, más bien al contrario, muchos países (y la Comisión Europea) apuestan porque el gas sea la tecnología de transición. Y lo curioso es que, al menos según el Pniec, entre esos países también se encuentra España. ¿Entonces por qué se ha asestado ese golpe a un segmento energético que debería ser clave?

Nadie lo entiende. Según el documento que manejan las energéticas, cumplir con el Pniec exige inversión en redes de distribución de gas. Sin embargo, el Ministerio parece haber declarado la guerra al gas, poniendo incluso en riesgo el cumplimiento de su propio Pniec.

Esto deja entrever que los borradores de circulares  publicados por la CNMC esconden un sesgo ideológico evidente: desincentivar la inversión en redes de gas, para facilitar la inversión en tecnologías renovables y redes de transporte y distribución eléctrica.

En este sentido, en la parte política, las orientaciones del Gobierno a la CNMC para elaborar las circulares establecen con relación a la retribución de las redes de distribución y transporte de electricidad que contemplen incentivos para nuevas inversiones. Por el contrario, en el caso del gas, no existen incentivos para nuevas infraestructuras ni de transporte, ni de distribución ni de regasificación.

De esta forma se interpreta que estas orientaciones han sido formuladas de la forma más radical posible por la CNMC, creando un marco que hace imposible el sostenimiento financiero de las empresas y la financiación de nuevas inversiones.

Así, las grandes energéticas asumen que frente a una Europa que incorpora de forma prudente la descarbonización en 2050 y contempla el gas como una fuente energética clave en su estrategia, España, sobre todo a través de este nuevo régimen retributivo, está dando pasos para el desmantelamiento del gas a corto plazo. Esto contradice su propio Pniec que considera al gas imprescindible en la transición.