Los bonos high yield han registrado su mejor arranque anual en casi dos décadas, espoleados por el tono expansivo de la Fed, las noticias positivas en torno a las conversaciones comerciales entre Estados Unidos y China y la subida continuada de los precios del petróleo

Ante la perspectiva probable de una ralentización económica, Uli Gerhard, de Insight Investment, explica por qué tal desarrollo es positivo para los activos high yield a corto plazo, siempre que uno invierta de forma selectiva.

Según Uli Gerhard, gestor de la estrategia global de crédito high yield a corto plazo en BNY Mellon, cabe esperar un aumento de los incumplimientos a medida que se desacelera el crecimiento económico mundial, pero esto no constituye necesariamente un desarrollo negativo para los inversores en deuda high yield.

Gerhard afirma que el crecimiento se está ralentizando, pero no llega a pronosticar un escenario sombrío, al considerar poco probable que estemos abocados al precipicio de forma similar a 2008. Aunque los mercados sufrieron fuertes retrocesos en el cuarto trimestre, el gestor destaca que las cotizaciones se han estabilizado desde entonces y no anticipa que Estados Unidos entre en una recesión este año. En lugar de ello, cree que los tipos de interés aumentarán y que, por ende, los incumplimientos podrían subir.

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“Nos gusta cuando el crecimiento se frena, al evitar que los equipos directivos de las empresas cometan estupideces: en tales escenarios adoptan un enfoque más cauto y se lo piensan dos veces antes de endeudarse y gastar dinero. Del mismo modo, no obstante, existen compañías que necesitan crecer y quizá lo mejor sea evitarlas”.

Por este motivo compara el mercado high yield actual con las setas: algunas son venenosas, y otras inocuas; se trata de elegir las correctas. Por lo que respecta a los bonos, el vencimiento es otro criterio en esta selección. Gerhard destaca que durante el complicado mes de diciembre, los inversores habrían ganado más dinero en crédito high yield a corto plazo que en emisiones a largo en esta clase de activo.

En los últimos dos años, uno podría haber recogido cualquier seta: había tantos compradores en el segmento high yield que a las empresas les resultaba fácil vender las tóxicas. Hoy en día, elegir la equivocada podría ser desastroso.”

Al gestionar su estrategia a corto plazo, Gerhard afirma que vale la pena ser valiente y no atenerse demasiado al índice de referencia. Si no le gusta un sector, lo evita completamente: “Si sus bonos son basura, ¿por qué invertir en esa área?”. Ahora mismo prefiere bonos de telecomunicaciones y de ciertos productores de energía, pero debido a su énfasis en los flujos de caja disponible, advierte de que emisores populares como Tesla o Netflix no figurarán en su cartera.

Invirtiendo en bonos high yield con un plazo típico inferior a dos años hasta su vencimiento y manteniéndolos en cartera hasta dicha fecha, Gerhard también se inclina por bonos rescatables y persigue una volatilidad de casi la mitad de la de su índice de referencia. Actualmente, su estrategia se compone aproximadamente de un 95% en deuda high yield y de en torno al 4% en préstamos, con una ponderación nula en derivados de crédito (CDS).

Por lo que respecta a la disyuntiva entre Estados Unidos y Europa, el gestor continúa firmemente concentrado en bonos estadounidenses, con una exposición cercana al 70%: en su opinión, este mercado es mayor y más maduro, con mejores empresas y una mayor liquidez en el mercado secundario. En el espectro de deuda con calificación inferior a grado de inversión, Gerhard se inclina por bonos B frente a los de emisores BBB, que califica de “sobreapalancados”.

VULNERABLES A UNA DESACELERACIÓN ECONÓMICA

Aunque la dinámica del mercado y la favorable coyuntura de tipos de interés podrían volver a comprimir los diferenciales, esta clase de activos es especialmente vulnerable a la desaceleración de la economía mundial, destacan, por su parte los expertos de Fidelity.

Un rasgo destacado de los mercados estadounidenses en los últimos meses y que no se ha observado en Europa ha sido la reactivación de la oferta tras los insignificantes volúmenes de emisión a finales de 2018. A raíz de la reapertura de los mercados primarios y la mejora de la tolerancia al riesgo, se prevé que “la oferta se mantenga en niveles elevados entre marzo y mayo”.

Esta oferta podría ser un obstáculo para las rentabilidades, pero a la vista de la estabilización de los flujos de inversión y el aumento de los cupones y reembolsos, creen que el cuadro técnico continuará siendo favorable. Desde una perspectiva de valoración, EE.UU. sigue siendo más caro que Europa.

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De hecho, la gestora norteamericana piensa que en Europa “existe margen para nuevos estrechamientos de los diferenciales dado que la región se ha comportado peor que EE.UU. y Asia”, pero ante la amenaza del Brexit y las elecciones europeas “las noticias políticas serán determinantes para los diferenciales”.

Por otra parte, en Asia, siguen “siendo optimistas a la vista de la postura expansiva de la Fed, las medidas de relajación que están aplicando las autoridades chinas y las tendencias de reducción del endeudamiento”.

Por tanto, la mejor opción sería ser neutrales en bonos high yield; así, el escaso apoyo de las valoraciones se compensa” con nuestra opinión de que es poco probable que haya una recesión en 2019 y que el carry debería sostener las rentabilidades totales”; además, sus modelos cuantitativos indican la existencia “de factores de momento y estacionales favorables”.

De esta manera, en Estados Unidos, pese a que no son neutrales por el momento, están “buscando oportunidades para aumentar la calidad media de nuestra exposición y reducir ligeramente el riesgo”.