Manuel Menéndez
Manuel Menéndez, consejero delegado de Liberbank.

Liberbank vuela en Bolsa al calor de una posible fusión que da esperanza a sus más de 3.000 trabajadores. Desde que el pasado jueves 3 de septiembre, Bankia y CaixaBank confirmaran conversaciones, el banco asturiano ha repuntado un 13% en el parqué madrileño. Aunque no es el único, precisamente las entidades que tienen más probabilidad de estar dentro del baile de fusiones son las que más han subido en los últimos días, como Unicaja (+11%).

El caso de Liberbank es peculiar, ya ha estado en conversaciones con Unicaja e Ibercaja (incluso hubo  oferta de Abanca) para fusionarse, hace no mucho, aunque ninguna llegó a buen puerto. A diferencia de lo que ha ocurrido entre CaixaBank y Bankia, donde ha estado claro desde el principio quién mandará en la nueva entidad, “las altas esferas” de Liberbank nunca han cedido y “siempre han querido tener el máximo poder”, comentan a MERCA2 fuentes del sector.

Según explican, el principal motivo de ruptura en las antiguas negociaciones fue “la lucha de sillones”. No por el presidente, Pedro Manuel Rivero, pero si por Manuel Menéndez, consejero delegado de la entidad desde 2011. “Su papel es clave y no se mueve un dedo sin su consentimiento”. Tener una posición dominante fue más importante que salvar a un banco que solo en 2019 perdió más de un 20% de su valor en Bolsa.

Y a esto se suma al “desagradable” trato hacia la plantilla, que lleva con líos judiciales desde 2013 y les ha convertido en el banco con más litigios de España. La esperanza de los trabajadores está puesta en que una fusión aparte al dirigente de la entidad.

7 AÑOS DE JUICIOS

Todo se precipitó en 2013, cuando la entidad aplicó un ERTE que tuvo que ser anulado por la Audiencia Nacional (tras la denuncia de los sindicatos) y que ratificó el Tribunal Supremo. La sentencia estimó que el banco devolviera a los empleados lo que no les habían pagado durante siete meses. Pero Liberbank no pagaba y los sindicatos tuvieron que acudir de nuevo a la justicia.

Entonces decidieron que cada afectado interpusiera una demanda ante los juzgados provinciales pertinentes de manera individual. Siete años después, solo han pagado a algunos trabajadores y les han acusado de saturar juzgados. A esto se suma un nuevo problema. Liberbank comunicó a los sindicatos en diciembre de 2019 una reducción del salario a partir del 1 de enero.

La decisión se adoptó de manera unilateral, así que los trabajadores decidieron ir otra vez a la Audiencia Nacional. La cita fue en julio, pero también ese mes tenían cita para denunciar que el banco había notificado por correo electrónico a todo el personal de los departamentos de Banca Privada y Centros Api, un nuevo horario, sin negociar.

Esto afectó a 85 personas ubicadas principalmente en las ciudades con más volumen de negocio. Por suerte, el banco les ofreció llegar a un acuerdo igualando la jornada con el resto del personal de las oficinas en un acuerdo amistoso previo a la vista. No tienen tanta esperanza con el otro juicio, confían en la sentencia, pero entienden que si les acaban dando la razón el banco acudirá de nuevo al Supremo.

Con esto, Liberbank ganaría mínimo un año más de tiempo y mientras se ahorra buena parte del sueldo de los trabajadores (16,3 millones en tres años). Esto “solo es bueno para la cuenta de resultados” y les deja en una situación favorable de cara a la nueva ola de fusiones que arranca ahora.

NO HAY RESPUESTA

Entre tanto, los trabajadores denuncian la falta de respuesta de Manuel Menéndez ante sus peticiones. Entienden que si hubiera buena fe no se hubieran tomado ciertas medidas de manera unilateral. Y aunque ganen el juicio de julio ante la Audiencia Nacional, el banco se las buscaría para acabar de nuevo con demandas individuales y esto llevaría al menos a 2.000 trabajadores a denunciar, como en 2013.

También están teniendo problemas con la vuelta física al trabajo, pero de nuevo no reciben respuesta. El horario laboral está establecido por convenio, pero no ocurre lo mismo con el horario de atención al público (en oficina). Durante el confinamiento se redujo y ahora hay mucha disparidad entre unas sucursales y otras.

“Este lo marca cada entidad, y hay un desbarajuste enorme porque las plantillas no saben a qué atenerse. En Asturias abren hasta las 14:15 y en Extremadura hasta las 14:00, es una empresa muy desorganizada” detallan.

A ello se unen los problemas de conciliación, los trabajadores con hijos que han vuelto al colegio y les mandan a hacer cuarentena “necesitan estar con ellos, pero proponen teletrabajar y se lo deniegan”. Es una empresa “que no mira a las personas, solo los números”.

Los trabajadores entienden que su entidad necesita cordura, pues ahora “tiene mala fama”. El consejero delegado prefiere ir por su cuenta antes que fusionarse y perder su puesto. Los reguladores (BCE y BdE) “poco pueden hacer” más que recomendar, pero no obligar. Solo darían este paso si hay riesgo para la clientela con los depósitos, pero no es el caso. “La reducción de salarios les facilita mejores datos económicos y le garantiza poder seguir en solitario o tener más poder en una negociación”, concluyen.