Esther Alcocer Koplowitz, Presidenta de FCC, durante la Junta General de Accionistas 2013

Los resultados presentados por FCC (Fomento de Construcciones y Contratas) evidencian que la empresa ha recuperado parte de su vigor. El cómputo general de las partidas importantes es buena: la compañía ha mejorado en el margen operacional, con ello su resultado bruto de explotación a lo que une un importante incremento –se ha más que doblado– de los beneficios. Pese a ello, son otras cuentas menos visibles las que realmente denotan la mejoría de la compañía.

La partida que más evidencia la mejoría de FCC es la evolución de su patrimonio neto. En los peores años de la crisis para la firma, en 2012 y 2013, sumaba tan solo 243 millones de fondos propios. Un lustro después se acerca a los 730 millones. El cambio es notable si se mide el peso del patrimonio respecto del resto de pasivo. En 2013, los fondos propios representaban tan solo un 1,6% de todo el pasivo, en el primer trimestre de 2018 el porcentaje asciende al 7,12%. Además, el incremento viene viciado por la importante caída –en 210 millones de euros– por el efecto contable de la nueva normativa europea.

Entre 2009 y finales de 2017, la partida de fondo de comercio en FCC ha caído de los 2.615 millones hasta los 1.083 millones, un 60%

El incremento del patrimonio neto es por sí mismo una buena señal para la compañía, aunque es todavía mejor por el hecho de que se ha logrado vía reservas. Además, la decisión de la firma parece que se prolongará en el tiempo, lo cual es una buena señal –aunque pese en algún momento sobre la cotización–. Así lo ha confirmado en la presentación de resultados el director de Mercado de FCC, Miguel Coronel, al ratificar que “se priorizará la rentabilidad y la generación de caja” frente al pago de dividendos.

La segunda gran partida que ha experimentado importantes cambios, es decir, que ha virado hacia la normalidad, es el denominado fondo de comercio. El hecho de inflar el ‘good will’ –como se conoce en la jerga económica– tiene dos efectos favorables para una empresa: por un lado, produce un efecto de ingeniería contable que eleva ingresos a través de la partida ‘trabajos para la empresa’. Por otro lado, esa irreal sobrevaloración aumenta el activo con lo que da más posibilidad a la empresa para endeudarse. Entre 2009 y finales de 2017, la partida de fondo de comercio ha caído de los 2.615 millones hasta los 1.083 millones, un 60%.

Evolución de la partida de fondo de comercio en FCC.

La cuenta de pérdidas y ganancias también ha mostrado una mejora evidente, aunque todavía se muestra débil. En los años duros de la crisis, la cuenta se sostenía gracias a partidas que no deberían casi ni aparecer en ella. Un ejemplo de ello es la partida denominada ‘otros ingresos operacionales’, que en 2012 supuso 327 millones de euros, cinco años después la cifra casi se ha dividido entre tres.

Otra partida curiosa que en los peores años de crisis apoyó la cuenta de FCC es la denominada ‘Impairment of Goodwill’. En resumidas cuentas, dicha partida mide plusvalías registradas en los estados misioneros. Por dicha partida, FCC se apuntó en 2011, 2012 y 2013 hasta 734 millones de euros, en los años siguientes dicha partida ha sido cero. ‘Otros elementos atípicos’ sumó en 2012 hasta 170 millones y en 2013 más de 238 millones, en los cinco años siguientes suma tan solo 20 millones.

El último punto que conviene resaltar en FCC, aunque esta es verdaderamente famosa, es la deuda de la compañía. Es importante recordar que los gastos financieros en los momentos más negros de la compañía absorbían el 80% del beneficio de explotación, ahora apenas representan menos de la mitad de lo que eran en 2012 o 2013. La clave ha sido la espiral de venta de activos que ha permitido a la compañía situar su deuda neta en los 3.780 millones. Aunque ha crecido levemente en lo que va de 2018 por elementos técnicos, es un 17,8% inferior qué en 2016, y un 50,5% por debajo de su volumen en 2012.

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En otros tiempos, FCC se reconocía por constructora, de hecho, una de las ‘c’ de si denominación es por ello, ya que la construcción era la actividad principal. Ahora, años más tarde y tras superar una brutal crisis económica, la construcción parece como poco marginal. En cuanto a volumen de ingresos, la construcción sigue aguantando el tirón. En la parte más alta de la cuenta de pérdidas y ganancias mantiene un estatus alto, aunque por detrás –con mucho margen– de los servicios medioambientales.

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El problema es que el margen que ofrece unos servicios y otros, por los costes desiguales, crean mucha diferencia. El Ebitda que generan las actividades medioambientales es casi seis veces más grande que el que genera la construcción con tan solo el doble de ingresos. En el caso del segmento del agua, casi todo por concesiones en tratamientos, la diferencia es todavía más grande: genera 3,2 veces más de Ebitda, aunque el segmento de construcción ingresa un 23% más.

Por último, la tendencia parece que se mantendrá en el tiempo. La evolución de las carteras en cada una de las actividades da por hecho que la construcción quedará como una actividad marginal. La cartera de medioambiente, con 10.800 millones, es tres veces mayor que la de la construcción. En el caso de los contratos de agua la diferencia ronda hasta cinco veces más, con 15.004 millones. En definitiva, curiosamente la mejoría de la todavía denominada constructora ha venido acompañada por dejar de lado el segmento de la construcción. Ironías que tiene la vida.

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