Jesús Aguilar

A estas alturas de la película, uno no sabe que es peor. Si que a las altas instancias del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos les tomasen por pardillos, tras adquirir 240.000 mascarillas no homologadas. Si, por el contrario, que los farmacéuticos hayan estado expuestos en primera línea frente al covid-19 engañados al pensar que estaban debidamente protegidos. O, por último y como colofón, que el mismo presidente del organismo, Jesús Aguilar, se ofreciese al Ministerio de Sanidad para la distribución de mascarillas para toda la población. Por suerte, no se ofreció también a adquirirlas, sino quizás aún estábamos confinados.

La historia comienza a finales de marzo. El desabastecimiento a nivel global de mascarillas homologadas por las autoridades europeas colapsa los mercados. Un hecho que obliga al Gobierno de Pedro Sánchez a tomar medidas drásticas para asegurar la salud de los empleados que trabajan en primera línea. Los denominados esenciales. Una de ellas, es la ‘Resolución de 20 de marzo de 2020‘ acerca de las especificaciones alternativas a las mascarillas EPI con marcado europeo, publicado en el BOE. Con ella, se abre la veda para la compra de materiales de todo tipo provenientes especialmente del Asia, pero que cumplan con “las especificaciones NIOSH y Chinas (KN)”.

En este contexto, el Consejo de Farmacéuticos extiende un contrato, del que no han especificado que fuera público, para adquirir hasta 240.000 mascarillas. “Desde el Colegio queremos facilitar, en la medida de lo posible, el acceso a material de protección”, explicaría más adelante el organismo en su repartición. Una observación que les honra, obviamente la de “en la medida de lo posible” dado que le sucedió una continuación de pasos desacertados.

PROSERSA, UNA TIENDA DE REGALOS, SE ENCARGÓ DEL CONTRATO

Así, con esa intención de proteger (imagino que algo harían) el director general del Colegio, José María Campo Alonso, encargó un envió de 240.000 mascarillas por las que pagó 653.000 euros. Lo curioso, al menos hasta que llegaron, fue que se utilizó una compañía especializada en regalos de Barcelona, cuyo nombre es Prosersa. Aquí, la verdad que saltan algunas dudas, dado que quizás fue a sabiendas, puesto que como iban a ser regaladas a los farmacéuticos de toda España, qué mejor que una firma con décadas de experiencia en ello.

Aunque, por otro lado existe la sospecha de que el ágil comerciante, se valiese de un proveedor chino con el que mantuviera relaciones comerciales para ejecutar el encargo. De hecho, por aquellos días se convirtió en una práctica muy usual como ejemplifica a la perfección las variopintas firmas a las que adquirió material en los primeros días el propio Gobierno de España o el reportaje del periódico The New York Times sobre la “ley de la selva” en el mercado de las mascarillas.

La motivación era más que obvia. Un gran número de empresarios se aprovechaban del descontrol de precios y requisitos reinante. Así, como detalla el rotativo neoyorquino los precios de las mascarillas en suelo chino apenas superaban los 50 céntimos, mientras que en occidente su precio se multiplicaba varias veces. En el caso de las mascarillas que importó Prosersa para el Colegio de Farmacéuticos se pagaron a 2,25 euros la unidad. Por lo que si tomamos por buenas las cifras que ofrece The New York Times la ganancia ascendería a 420.000 euros netos, gracias a incrementar su precio un 350%.

EL PROBLEMA ES QUE LAS MASCARILLAS NO ESTABAN HOMOLOGADAS

Todo lo anterior habría quedado en una anécdota si las mascarillas adquiridas y, posteriormente, repartidas hubieran sido homologadas. Pero, no fue así. En realidad, el material que se entrego no cumplía con los nuevos requisitos exigidos ni tenía las etiquetas que lo demostraban. Así, se adquirieron las mascarillas Protocolo NIOSH99 (un estándar incorporado por el Gobierno) del tipo N99. Pero, en el etiquetado pertinente de las mismas no se indicaba realmente de que siguiera ese protocolo, puesto que no aparecía el número relativo bajo la forma legal: NIOSH TC-#XXX-XXXX.

Por otro lado, el certificado que debía servir como nueva homologación para la Comunidad Europea no era el correcto. En los paquetes, a los que ha tenido acceso Merca2, el llamado Certificado ON contenía la siguiente formulación: UNE-EN149:2001+A1: 2009. Mientras que la norma aprobada por el Boe para certificar los Epis en territorio europeo era: UNE-EN149:2001+A1: 2010. Cómo se puede comprobar difiere en cuanto al año, las últimas cifras, por lo que tampoco tenían la certificación correcta. Esto, por ejemplo, fue un problema que se repitió con muchos cargamentos de test importados desde China.

Por último, también sorprendía el precio y la calidad de las mismas. En pleno colapso y ebullición del mercado de las mascarillas es difícil imaginarse un precio tan bajo. Más si cabe, que no eran mascarillas al uso, sino de lo que se podría considerar como Premium. Las N99 que se dijo que se adquirieron, que corresponden a la tipología FPP3, son como los Ferraris de las mascarillas gracias a su triple capa de protección entre otras atribuciones. Por lo que si ya era raro encontrar mascarillas quirúrgicas a esos precios (y no al doble) ni que decir tiene de otras de alta gama.

En definitiva, que ni los que debían estar más preparados, como el Colegio de Farmacéuticos, sabían realmente que compraban. Una historia que podría quedar en anécdota divertida, sino fuera por los graves daños de salud que ha podido causar. De hecho, el número de farmacéuticos infectados se acerca al millar y el número de muertos supera las dos cifras. Porque, se debe recordar, que a los farmacéuticos se les lanzó al frente en los momentos más peligrosos y, ahora sabemos, sin las medidas de protección adecuadas. ¿Alguna responsabilidad?

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