Red Bull

Red Bull ha tocado techo en la F1. A nivel deportivo, y a nivel de imagen, donde su asociación a la competición ha disminuido en más de quince puntos en el último lustro. La marca de bebidas contempla los dos escenarios que vaticinó en el pasado su jefe de filas, Helmut Marko: abandonar la F1 de forma total o parcial. Cualquiera de las dos vías permitirá a Red Bull focalizarse sobre otros nichos de mercado con más de 200 millones de euros, tras explotar el motor (F1, Moto GP, Dakar…) y el fútbol (Red Bull Leipzig), entre otras muchas disciplinas.

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La marca de bebidas, que pisó el gran circo por primera vez en 1990, suma casi tres lustros con un equipo propio en parrilla. Una etapa donde se han sucedido los éxitos, encabezados por Adrian Newey y materializados por Sebastian Vettel. Cuatro mundiales de constructores y pilotos que dieron sentido a una más que notable inversión de Red Bull. El objetivo era ganar y lo hicieron a toda costa, tras destinar sumas importantes en el presente y futuro de la escudería.

El equipo austriaco ha desembolsado 200 millones de euros por temporada. Un dinero que sumado al de otras marcas completaba el presupuesto anual marcado cada curso, de entre 300 y 400 millones de euros (el tercero más ambicioso tras Ferrari y Mercedes). A ello habría que sumarle la apuesta por su programa de jóvenes pilotos, del que han salido promesas dispuestas a tomar el relevo de los más grandes (Verstappen, Sainz, Ricciardo…). Una apuesta económica más que rentable para la marca de bebidas, que ha expandido su victoriosa imagen por todos los rincones del mundo. La F1 ha sido la cima de una montaña de patrocinios que ha tocado prácticamente todos los deportes.

CADA VEZ MENOS GENTE VINCULA A RED BULL CON LA F1

La problemática es que ahora Red Bull sólo disfruta de victorias esporádicas. No es poco, pero tampoco suficiente. Sobre todo, en los ambiciosos planes de Helmut Marko, cuyo único fin siempre ha sido ganar. La era híbrida relegó a la escudería a un segundo plano y de ahí la sincera amenaza de abandonar la competición que esbozó el director a finales de 2018. En su momento nadie del gran circo quiso valorar sus palabras, pero lo cierto es que Red Bull no tiene demasiados motivos para mantenerse en la competición.

La imagen de marca del equipo se ha deteriorado en los últimos años, como consecuencia del dominio de Mercedes. En 2015 Red Bull era la segunda empresa más asociada a la F1, según el Índice de Barómetro Deportivo de ese mismo año. En una escala del 1 al 100 se situaba por encima de los 50 puntos. Al cierre de 2018 cayó hasta los 37,60 puntos, ubicado en el cuarto escalón. Y los que más le asocian a la marca de bebidas con esta competición son los menos aficionados al deporte, un resultado que avala la estrategia de marketing de Red Bull, que figura en casi todas las listas de todos los deportes tras adentrarse en una multitud.

En otros territorios la inercia es similar: Red Bull, a la baja. No podía ser de otra manera, cuando ha pasado de acaparar todos los focos a sólo unos pocos. Ahora la incógnita es si el equipo austriaco alargará su estancia en la F1. Lo que está claro es que su adiós se producirá más pronto que tarde. La rentabilidad ha sido exprimida y su huella tardará años en borrarse (como la de otras marcas como Marlboro que aún figuran entre las diez más asociadas a la F1 en España). Y son demasiados millones para prolongar una agonía, que la FIA hará más dura al eliminar los beneficios a ciertas escuderías como Red Bull.

EL ADIÓS A LA F1 PERMITIRÍA A RED BULL EXPLOTAR OTROS MERCADOS

Ahora la escudería tiene ante sí dos vías abiertas de cara a su futuro: abandonar definitivamente la F1 o limitarse a un patrocinio convencional. Esta segunda opción fue valorada a finales de 2018 por la directiva de Red Bull, que vislumbró el movimiento con buenos ojos. Supondría un importante ahorro. Con 50 millones de euros de los 200 que invierten en la actualidad podrían copar un espacio mayoritario en cualquier monoplaza. O, simplemente, una publicidad general en los circuitos, como Rolex u otros patrocinadores.

Esta fórmula sería la más interesante a nivel de imagen. Tras vislumbrar cómo ha caído la asociación de la marca de bebidas con la F1 pese a seguir en la competición, un patrocinio de menor coste permitiría mantener niveles más bajos de imagen, pero con una inyección de dinero mucho más asequible.

La opción de abandonar por completo la F1 tendría como único objetivo explorar otros nichos de mercado. Red Bull es en una de las marcas más asociadas al deporte en general en España y en el mundo. Y no es fruto de la casualidad. Desde hace más de una década la marca de bebidas se ha integrado en diferentes mercados: fútbol, Moto GP, Motocross… Y en diversos eventos deportivos de forma ocasional.

En el horizonte, aún tiene terrenos por explotar: tenis, ciclismo… Lugares donde con una inversión mucho más escasa podría obtener grandes resultados. De ahí que este plan pueda compaginarse con el de mantener un patrocinio sin equipo propio en la F1. Lo que es obvio es que Red Bull ya ha obtenido el máximo que podría esperar de su longeva y exitosa estancia en la F1.