La minustra Dolores Delgado y el comisario Villarejo
En contra de lo que ha dicho, la ministra Dolores Delgado mantenía una relación cercana con el comisario José Villarejo.

La ministra de Justicia, Dolores Delgado, formaba parte del círculo de confianza del comisario José Villarejo, actualmente en prisión. Como tal, fue una de las comensales del almuerzo que ofreció el policía con motivo de una condecoración, al que acudió un selecto grupo de seis amigos, cuatro policías –parte de la cúpula policial del momento–, el exjuez Baltasar Garzón y Dolores Delgado, a la que el comisario llama “Lola”, como desvela nuestro confidencial político MONCLOA.COM hoy. El almuerzo tuvo lugar en un restaurante de Madrid el 23 de octubre de 2009 y los audios de todas las conversaciones –a las que ha tenido acceso MONCLOA.COM– que mantuvieron los policías con la actual ministra y el entonces juez de la Audiencia Nacional desvelan la relación de confianza y compadreo entre todos ellos.

La ministra ha negado haber tenido “ningún tipo de relación personal, profesional, oficial o no oficial” con Villarejo. La Audiencia Nacional investiga las actuaciones en torno a la petición de extradición a Guatemala del empresario Ángel Pérez Maura, que contrató los servicios de Villarejo. En las actuaciones judiciales se investigan los movimientos en este caso de Delgado, que entonces era fiscal de la Audiencia Nacional.

En el almuerzo organizado por Villarejo participaron –además de Delgado– el exmagistrado Baltasar Garzón, el entonces director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, Eugenio Pino, y tres mandos policiales adjuntos al DAO de aquella época: Enrique García Castaño, alias ‘El Gordo’; Miguel Ángel Fernández Chico y Gabriel Fuentes.

Salvo a Delgado, al resto de comensales que celebraban aquella medalla no les ha ido bien. Cuatro de los cinco policías presentes están o han estado imputados en casos relacionados con corrupción (Villarejo sigue en prisión provisional), el otro ha fallecido (Miguel Ángel Fernández Chico), mientras que el juez Garzón ha sido inhabilitado.

La comida se celebró en el restaurante Rianxo, en el número 47 de la calle Raimundo Fernández Villaderde, duró más de tres horas y media desde la llegada de los comensales hasta la sobremesa, y fue especialmente generosa: en ella se sirvieron tortillas de patatas, jamón serrano con tomate, ‘xoubas’ con pimientos, almejas al natural, lubinas y solomillos. Todo ello regado con un Ribera del Duero -Pago de Capellanes-.

Las conversaciones están recogidas en un dispositivo de grabación que el comisario Villarejo activó minutos antes de llegar al restaurante. MONCLOA.COM ha tenido acceso en exclusiva a las casi cuatro horas de grabación.

 

La camaradería entre la ministra y los amigos de Villarejo llega a tal punto que los mandos policiales se dirigen en varias ocasiones al entonces magistrado de instrucción de la Audiencia Nacional y a la fiscal con los motes cariñosos de ‘Lola’ y ‘Balta’, lo que desmonta la versión de la ministra de Justicia en la que afirma que no tenía relación alguna con el comisario hoy en prisión.

COMPADREO CON LOS POLICÍAS

La hoy ministra bromea abiertamente sobre sexo, comenta asuntos judiciales y policiales y tiene conversaciones sobre asuntos de índole íntima y familiar con los comisarios de policía y su compañero de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. El ambiente es de absoluta familiaridad y compadreo.

Delgado, quien es identificada como “pareja” de Garzón en la conversación previa que tienen los mandos policiales antes de que lleguen al restaurante, relata nada más sentarse en la mesa el asunto judicial de aquel momento: la llegada a España de dos piratas somalíes –uno de ellos presuntamente menor- que habían sido detenidos por la Armada en un esquife tras formar parte del secuestro del pesquero ‘Alakrana’ en aguas del Índico.

La entonces fiscal lamenta la “horrible” imagen que está dando España, “de país bananero” y “de coña”, por las peripecias del caso que desencadenó la fragata ‘Canarias’ en aguas somalíes.

Los detenidos fueron trasladados en avión desde las costas africanas a la Audiencia Nacional para que se les tomase declaración bajo la acusación del delito de piratería.

Tanto Delgado como Garzón se muestran muy críticos con estas detenciones, e incluso insinúan que hubiera sido preferible hacer un arreglo bajo cuerda de intercambio con los prisioneros, e incluso frivolizan con si hubieran resultado muertos los somalíes en el asalto.

“Lo que pasa es que no tenían que haber traído a ninguno de los dos, eso lo primero”, subraya Delgado antes de que varios de los presentes despotriquen por el hecho de que uno de ellos haya venido con dermatitis y sífilis. “Ni menor ni pollas. Tiene dermatitis, tiene sífilis, me cago en Dios, que cuando lo llevaron al hospital –el Gregorio Marañón-, ¿por qué te crees que venía con un mono blanco?”, advierte García Castaño, “el Gordo”. “¿Tanto le han mirado el rabo?” espeta un policía a la hoy ministra Delgado, que acompaña la broma.

Garzón acapara toda la atención y entra de lleno en el caso Alakrana ya que, de inicio, el caso recayó en él por ser el juez de guardia, aunque el exmagistrado confiesa que estaba en una boda durante su guardia.

Garzón critica “lo torpes” que han sido los mandos de Defensa en este asunto ya que lo más fácil, a su juicio, hubiera sido aprovechar el “limbo jurídico” y utilizar a los piratas detenidos como “moneda de cambio”.

Garzón confiesa que hubiera sido mejor “abordar” el ‘Alakrana’ con todas las consecuencias. “Que mueren una persona, que mueren dos. ¡Qué le vamos a hacer! En la vida, aquí puede haber un atentado y que mueran cincuenta”, justifica.

Además, desvela que en Defensa ha habido “bronca” ya que el entonces JEMAD, el hoy dirigente de Podemos José Julio Rodríguez, se negó a la intervención militar pese a la presión “de los operativos”.

Garzón y su compañera no se evitan ningún tipo de pullas hacia sus compañeros de la Audiencia Nacional. La primera víctima de sus dardos es el “acojoneras Angelito Juanes”, por salir únicamente en defensa del magistrado Eloy Velasco “cuando ha puesto a la etarra (Maite Aranalde) en polvorosa” -en “libertad máxima” precisa Delgado-, cuando Santiago Pedraz se encuentra ese día con que el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, está sugiriendo una posible “prevaricación” con los piratas somalíes. “Se ha quedado el chaval con un agobio…”, apostilla Delgado refiriéndose a Pedraz.

La conversación sobre el ‘Alakrana’ concluye de forma lapidaria por parte de uno de los comisarios. “Si es menor y dice que quiere estar en Somalia”, les dice a Garzón y Delgado, “le coges y le metes en un avión y pum: a tomar por culo y te quitas del medio al negrito”.

PRESIÓN PARA ECHAR A DOS POLICÍAS

“Oye, ahora que estamos solos aquí te lo digo muy muy en serio, sé que me vas a contentar”, espeta Garzón a Eugenio Pino, jefe de la Policía. “Llévate de allí por favor a Feijóo y al comisario (se refiere al comisario Mata). Feijóo es de extrema derecha, es un facha de la hostia, es un borracho impenitente”, asegura el exjuez.

–Eso no es verdad, Baltasar. Si eso se lo preguntas a Marlaska, te dirá que es el mejor del mundo –responde el comisario Pino.

Garzón desgrana sus quejas contra esos policías a los que quiere echar a toda costa, proclama que respalda Dolores Delgado con comentarios como “es un cero a la izquierda”, y apostilla el magistrado: “Y no me pongas delante de Marlaska, que entonces la hemos cagado”.

La conversación sigue en estos términos:

–Garzón: Tenéis que quitar de allí a esas dos personas, pronto. Que el comisario me mande a alguien nuevo.

–Delgado: No es normal esto.

–Garzón: Que dinamite a todo el que esté allí. Si es que es una pena. Tienen 12 o 13… Es que no hacen nada. Mira, o quitas la puta unidad (de Policía) de la Audiencia Nacional.

–Delgado: También es eso.

–Villarejo: Mándame dentro de unos meses allí (dirigiéndose a Chico).

–Fernández Chico: Está Medina.

–Delgado: La Audiencia tiene que hacer cosas.

–Garzón: No puede haber gente de Policía en la Audiencia Nacional que está en su coche con el Cara al Sol fuerte en la puerta de la Audiencia.

–Villarejo: Eso no es serio.

–Garzón: Yo creo que eso no es de recibo.

–Fernández-Chico: No es recibo eso, ni que haya uno que lleva la Internacional.

–Delgado: Tampoco.

–Garzón: No, pero lo de la Internacional a mí no me consta. Cuando me lo demuestres y me digas qué es… este oído, que se lo van a comer los gusanos, lo han oído. Y este Feijóo, es un tipo que es un cero a la izquierda. No hace nada.

–Castaño: Escucha, da seguridad

–Garzón: Qué seguridad ni qué pollas.

–Castaño: Da seguridad en sede judicial.

–Garzón: Lo único a lo que se dedica es a perder tiempo.

–Castaño: Ah, ¿sí? No me digas esto, porque entonces vamos a joderle todos.

–Garzón: El puesto que tiene Feijóo se lo tienes que dar a (ininteligible)

–Delgado: Pero Enrique, si no hace nada, es un cero a la izquierda, pasa de todo.

–Garzón: Además, ni uno ni otro te han dado la enhorabuena por la medalla (la medalla a Villarejo).

–Delgado: Es un gilipollas integral.

El almuerzo dura casi cuatro horas, si bien Garzón y Dolores Delgado se van a las tres horas de comida. Es significativo que en su agradecimiento por la medalla obtenida, solo hubiera dos personas que no fueran policías, Garzón y Delgado. El exjuez mantiene y tenía entonces una fuerte relación de amistad con Villarejo. La confianza personal era fuerte también con quien Villarejo llama “Lola”. Comenta con ella asuntos íntimos de su relación con una pareja de menor edad y ella le explica su criterio sobre los hombres.

En la conversación no faltan comentarios sexistas, homófobos contra compañeros de la carrera judicial y chanzas sobre personalidades del entorno. Durante el almuerzo se sirvieron varias botellas de vino y cervezas. En un momento dado Garzón advierte a los policías de que “aquí hay una fiscal que solo está bebiendo cerveza. Aunque luego bebe el vino de mi copa”, comentario que los comisarios acompañan con sonoras risotadas.

Poco antes de las tres horas Dolores Delgado dice a sus compañeros de mesa, “bueno, yo me voy a por mi niña”. La hoy ministra y Baltasar Garzón se van juntos, igual que habían llegado.

Cuando se alejan de la mesa Villarejo hace un comentario para sí mismo: “Ayyy, qué malandrín”.

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