Foto: Daniel Acker/Bloomberg

China ya no crece a doble dígito. El gigante asiático busca más calidad que cantidad. Pero los resultados van más lentos de lo deseado por las autoridades chinas. “La prioridad china es el liderazgo tecnológico mundial”, afirma Ivana Casaburi. Quieren tener su propio Apple, Microsoft o Tesla. ¿Cómo?

La estrategia se llama Made in China 2025 e incluye tanto el desarrollo tecnológico desde China como la adquisición de know how en el exterior. En sectores como high tech sus avances no caminan a la velocidad deseada, de ahí que den el salto al exterior, impactando en el factor clave de éxito de compañías punteras.

“No necesariamente implica la formación de técnicos chinos en las empresas adquiridas. La transferencia tecnológica se puede dar en varias formas y la capacitación de técnicos en el exterior es solo una de ellas”, añade Casaburi.

El desembarco en empresas de otros países es para acelerar su nivel tecnológico. Podría hacerlo sola, pero iría más lenta

¿Cuáles son esas otras formas? Básicamente cuatro: la formación y capacitación de personal chino en Europa, a través de las empresas adquiridas; el registro, en China, de patentes ya registradas en Europa; la captación de talento de Europa, a través de las empresas adquiridas, por parte de las empresas del grupo chino (en China); y la creación de un centro de I+D del grupo en China, con la participación de la empresa adquirida. “Necesita avanzar a nivel tecnológico. Podría hacerlo solo, pero iría más lento”, puntualiza la representante de Esade.

APPLE NO ES EL ÚNICO OBJETO DE DESEO

Made in China 2025 se propone la fabricación en casa de su propia tecnología. Es decir, se trata de ser autosuficiente. “Las empresas chinas pueden progresivamente sustituir a las compañías que ahora desarrollan estos productos tanto en China como fuera”, asegura Casaburi. Es el caso de Apple, que fabrica en la ciudad china de Taoyuan.

La consecuencia que pretenden con este cambio es clara: llegará un momento en el que el consumidor chino prefiera el producto local al internacional. Y luego comenzarán su propio proceso de internacionalización. “No habría problemas si las reglas del juego fueran claras y se desarrollaran en un contexto de cooperación. Pero ahora las reglas no son equitativas. Las empresas tienen restricciones para estar en China y no al revés”, concreta la profesora de Esade. Así, automoción, maquinaría industrial, robótica o energía tienen restricciones para desembarcar en China. Sólo hay una excepción: el inmobiliario.

Entonces, como Mahoma no va a la montaña, pues la montaña va a Mahoma. Dicho de otra forma, la inversión china está copando los cinco continentes, tanto para adquirir nuevas capacidades como para llegar a nuevos mercados. Los ejemplos comienzan a ser legión.

Así, el fabricante chino de electrodomésticos Midea ha adquirido la alemana Kuka (símbolo de la industria 4.0) por 4.500 millones de euros. “En el corazón del continente europeo se han extendido posturas proteccionistas que tratan de evitar que empresas tecnológicas puedan pasar fácilmente a manos extranjeras. Estas posturas han desembocado en una propuesta de la Comisión Europea con la que pretende dotarse de una mayor capacidad de bloquear operaciones de inversión exterior”, señala Javier Solana, presidente de EsadeGeo, en el prefacio del documento Tendencias de la inversión china en Europa.

China ya es el tercer inversor mundial, por detrás de Estados Unidos y Japón. Además, es el tercer receptor e Inversión Extranjera Directa (IED) del mundo en términos acumulados. Pasos para ser, en 2050, el líder mundial en ciencia y tecnología a partir de la propia innovación.

Uno de los campos en los que pretenden ocupar lo más alto del podio es el del vehículo eléctrico. El gigante tecnológico Tencent adquirió el 5% de Tesla a principios de 2017 por 1.700 millones de dólares. Otras firmas han hecho lo propio con empresas asentadas en la costa este de Estados Unidos. E incluso Faraday Future, del chino Jia Yueting, quiere construir un coche eléctrico en suelo estadounidense para competir con Tesla.

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Otro campo es la biotecnología. En este caso, Fosun adquirió el 86% de las acciones de una empresa india por 1.260 millones de dólares experta en medicamentos genéricos y con licencia para comercializar en Estados Unidos. O China Resources, que ha adquirido la australiana GenesisCare, especializada en el tratamiento del cáncer. Son sólo dos ejemplos, pero hay muchos más.

Made in China 2025 contempla cuantiosas ayudas para que el país sea el número uno a nivel mundial en el campo de la robótica. Como muestra, un botón: Midea se hizo con la israelí Servotronix, especializada en soluciones de automatización aplicables a un gran número de industrias.

La fecha está más cerca de lo que parece. Y, como hemos visto en el caso de las autoridades europeas, se piensa en poner barreras para frenar el avance chino. Apple, Tesla, Microsoft o Kuka pueden tener el ‘enemigo’ más cerca que nunca. Incluso en su propia casa. Un ‘virus’ que puede ser, si no su fin, si el inicio de su ocaso.

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