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El dilema de levantar los ERTE para el Gobierno se recrudece. Así, los últimos datos acerca del paro registrado han vuelto a poner de manifiesto que son las poblaciones más pobres las que más se están beneficiando de su prolongación. Pero también que están perdiendo sus beneficios. Cuando se comparan las diez provincias con menor PIB per cápita con las diez más ricas se aprecia que las primeras registraron una menor caída del desempleo y del número de afiliaciones, respecto a hace un año. Pero los datos frente abril sugieren que extenderlos solo han incrementado sus limitaciones.

En sus comienzos, el impacto de la crisis del covid-19 no diferenció en gran medida entre trabajadores. Los afectados se contaban por igual sin importar los sueldos. Ahora, cerca de nueve meses después la película ha cambiado. Así, mientras que aquellos empleados con los salarios más altos han recuperado prácticamente lo perdido, o están cerca de ello, los de clase más baja acumulan todavía un paro excesivo. Esa polaridad se puede comprobar en EEUU donde el paro para los ciudadanos con los ingresos más bajos todavía es un 20% superior a antes de la crisis, según los datos de un equipo de investigación de la Universidad de Harvard.

En España estamos empezando a asistir a ese efecto, aunque todavía está limitado por los ERTE. Los expedientes temporales de empleo han sido (y todavía son) una herramienta muy importante para limitar el impacto de las crisis económicas, especialmente recomendados para ésta dado que es corta y muy traumática. En la actualidad, todavía son un muro importante para muchas regiones, sobretodo, las más pobres. El problema es que sus beneficios están perdiendo fuerza y sus vicios ganando enteros.

LOS ERTE BENEFICIAN A LAS REGIONES MÁS POBRES…

Los datos de fondo, en principio, son alentadores. Así, si tomamos las provincias más pobres –que engloban a Cádiz, Jaén, Badajoz, Granada, Córdoba, Toledo, Málaga, Guadalajara, Alicante, Cáceres y Huelva- se aprecia que registraron un incremento del paro registrado del 20,4% en noviembre de 2020, frente a un año antes. El porcentaje supone hasta 3,2 puntos porcentuales menos que el aumento del desempleo, medido por el SEPE, en la lista de las diez regiones más ricas de España. Incluso el resultado es mucho mejor a Madrid (+25,26%), Barcelona (+23,6%) o Huesca (+32,53%).

En cuanto a la afiliación el efecto también es consolador. Así, las regiones con más producto interior –que engloban a Álava, Madrid, Guipúzkoa, Vizcaya, Navarra, Tarragona, Barcelona, Lleida, Huesca y Girona- perdieron un 2,2% de sus trabajadores inscritos a la Seguridad Social, mientras que esa cifra fue del 1,3% en el caso de las más pobres. De hecho, algunas de las del segundo grupo, como Jaén o Toledo, registraron un mayor número de afiliaciones en 2020 que en 2019. En el caso de la segunda, se puede explicar (quizás) por el efecto trasvase de Madrid que es, además, una de las que más ha pérdido.

Así, bajo estas condiciones la decisión de levantar los ERTE antes de que se pueda volver a una normalidad relativa, a medida que lleguen las vacunas, se vuelve muy controvertida. Al fin y al cabo, se implementaron para eso mismo, ayudar a los trabajadores con menos recursos. ¿Quién quitaría algo que funciona? Por ello, muchos países han ampliado estos programas más allá de este 2020. Pero la otra cara de la moneda empieza a atenazar a la economía española.

…PERO TAMBIÉN SE ZOMBIFICAN Y LIMITAN SU CAPACIDAD PARA CRECER

Entre los muchos problemas que plantean este tipo de sistemas de protección destacan dos: sus altos costes económicos y sociales en forma de zombificar una parte de la economía. En España, desgraciadamente, se tienen los dos. Aunque es especialmente importante poner la mirada en el segundo, dado que del primero ya somos conscientes. En resumidas cuentas, el termino zombificar se utiliza para designar aquellos puestos de trabajo, en este caso, que se mantienen artificialmente (por el ERTE), pero que no se van a recuperar. Un ejemplo es mantener un número de trabajadores ligados al turismo más alto del que se necesitará en 2021 o 2022.

Se pueden tomar los datos de algunas de las provincias más pobres para ver como esa tendencia ha cogido fuerza. Así, si tomamos los datos del paro registrado conjunto de Cádiz, Granada, Málaga y Córdoba se observa que la cifra de abril (con 562.477 desempleados) es prácticamente idéntica a la de noviembre (con 559.877). Además, hay un hecho más perturbador y es que las últimas cifras son apenas 5,2% superior a las registradas en julio. En otras palabras, que el paro registrado de dichas provincias apenas experimentó cambio ni siquiera con el verano.

Pero ¿qué ha pasado con otras regiones más ricas? Simplemente, que el efecto beneficioso de los ERTE no ha podido extenderse, pero tampoco los vicios. Así, la suma de parados en Madrid y Barcelona ha pasado de 746.012 desempleados a superar los 780.000, entre abril y noviembre. Pero el número de afiliados de Madrid, como ciudad, ha pasado en de 1,694 millones al comienzo del segundo trimestre del año a 1,735 millones. En otras palabras, pese a que hay más paro (más gente apuntada) la realidad es que se ha creado trabajo neto.