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Bezoya lanzaba la primera agua de mineralización muy débil en brik en julio de 2018 y lo presentaba como un envase “atractivo, sostenible y rompedor”. El nuevo modelo con diseños “llamativos, impactantes e innovadores” buscaba apoderarse de la cada vez más demandada ocasión de consumo ‘on the go’. Además, vendía las excelencias de este formato de 0,5 litros como “una nueva propuesta 100% reciclable”, si bien la naturaleza reciclable del recipiente es más que dudosa.

Pese a todo, la marca mantiene este formato a la venta alegando que se trata de “un segmento minoritario dentro del portfolio y una alternativa más de las que estamos trabajando”. De nuevo, desde una envasadora se renuncia a la gestión de los materiales contaminantes en origen, en otras palabras, no se evita la emisión de este envase, cuando existen alternativas como la botella de plástico reciclado, generando de inicio un daño ambiental que se podría evitar

El envase de Bezoya arrastra en sí mismo dos grandes inconvenientes de cara a su aprovechamiento y segunda vida. Por un lado, “cualquier envase de bebidas consumido ‘on the go’ es susceptible de ser abandonado”, explica a MERCA2 Eusebio Martínez de la Casa, presidente de Recircula. La propia sencillez de formato que permite disfrutar de la bebida en cualquier lugar, también se presta con más facilidad a dejar tirado el envase en el lugar de consumo.

En cuanto a la reciclabilidad, “hablamos de un material multicapa – 75% de cartón, 20% de plástico (PE) y 5% de aluminio-“, cuya dificultad de cribado y separación propicia que los conocidos como briks “acaben masivamente en el vertedero”, asegura De la Casa.

Ante estos argumentos, fuentes de Pascual consultadas por MERCA2 afirman que “el principal mercado de Bezoya es la botella en PET, constituyendo el formato ‘on the go’ en brik un segmento minoritario dentro del portfolio”.  En este sentido, desde la matriz de la marca de agua comentan que “la apuesta por la sostenibilidad de la compañía en los envases de Bezoya se centra en el uso de plástico 100% reciclado (rPET)”.

“Nuestro objetivo es no utilizar más plástico virgen, sino reutilizar el que ya existe”, porque “el reciclaje de envases es importante en la lucha contra la contaminación y el calentamiento global”, aseguran las mismas fuentes.  “Como decíamos”, prosiguen “también envasamos una pequeña parte del agua en brik y seguimos trabajando en ofrecer un envase cada vez más sostenible con materiales procedentes de fuentes renovables”. Una afirmación que lleva implícita la propia condición del envase: si trabajan en uno “cada vez más sostenible”, es que el actual no lo es.

El “Brik Bio-based” de Bezoya cuenta “con tapón de origen vegetal, el 76% de los materiales provienen de fuentes renovables”, puesto que “está elaborado a partir de caña de azúcar y cartón procedente de bosques responsables”. En definitiva, “se trata de un envase 100% reciclable en el contenedor amarillo y puede ser transformado en nuevos productos”, concluyen.

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Pero la realidad que se cuenta en la teoría no es tan limpia en la práctica. En España apenas se recupera el 25% de los envases plásticos, lo cual es mucho menos del porcentaje del 77% que asegura reciclar Ecoembes, el sistema integrado de gestión (SIG) que monopoliza la recogida y tratamiento de plásticos, latas y briks en España. En Madrid, dos de cada tres envases se recogen en la fracción ‘resto’ o contenedor gris o papeleras. Además, en el amarillo apenas cabe el 19% de todos los envases que se ponen a la venta.

Precisamente, el presidente de Recircula hace especial hincapié en las dificultades en la criba de material para su posterior gestión. De la Casa explica que el vidrio de los envases es monomaterial y el papel cartón también, “pero el contenedor amarillo de mezclas de plástico lo mismo contiene restos de lejía y amoniaco, que de refrescos y zumo” y recuerda que “gran parte de ese material reciclado, se usa como fibra textil y para objetos” un infrarreciclaje a partir de material de baja calidad que, en ningún caso, cumple con la circularidad de los envases.

La mezcla de materiales es otro problema, por ejemplo “un brik está compuesto de aluminio, plástico y cartón, que no se pueden separar de forma mecánica”, y en este caso, “el plástico, no se llega a reciclar”.

Algunos gobiernos autonómicos han comunicado a Recircula que la valorización de los briks es energética y que mayoritariamente se realiza en España. En concreto, la empresa Saica, en Zaragoza tiene acuerdos con Ecoembes para su tratamiento. Por otro lado, Victoria Ferrer, directora del Gremi de Recuperació de Catalunya, explica al respecto que, “actualmente el brik sigue el camino del contenedor amarillo, descargado en planta de selección y embalado en balas de 1 tonelada de peso más o menos”.

“El Brik de toda España va por este circuito”, detalla Ferrer al tiempo que recuerda que “Ecoembes tiene un acuerdo con Saica, gestor recuperador y fabricante de papel”, mediante el cual “recuperan una parte de las fibras de los brik, por ser unas fibras largas de buena calidad, más o menos el 60% del cartón que compone el brik, descontando tintas y adhesivos”, en cuanto a la otra parte “el 40% restante, se quema para generar la energía que Saica usa para la fabricación de papel nuevo reciclado”, comenta la representante sectorial.

La cantidad recogida que no se queda en España, es decir, ese “otro porcentaje de briks, que probablemente vaya a exportaciones transfronterizas” no deja muchas pistas, explican desde Recircula. De hecho, “se carece de estudios de impacto ambiental sobre esas operaciones”.

COMPROMISO BEZOYA

Preguntados por el envase en brik del agua, desde Calidad Pascual ponen en valor la responsabilidad ambiental de la marca. “En julio presentamos el ‘Compromiso Bezoya’ donde integramos todas las iniciativas de la marca, a lo largo de su cadena de valor, para cuidar el medioambiente y favorecer su Economía Circular”. En cuanto a los envases, “trabajamos a diario en la búsqueda proactiva de materiales alternativos y sostenibles para ser la punta de lanza del sector”, afirman.

Hoy el principal mercado de Bezoya es la botella en PET, constituyendo el formato ‘on the go’ en brik un segmento minoritario.  En este sentido, “la apuesta por la sostenibilidad de la compañía en los envases de Bezoya se centra en el uso de plástico 100% reciclado (rPET)”. La idea se resume en “hacer botellas hechas de otras botellas múltiples veces, siempre que sean transparentes y no de colores”, aseguran desde la marca. 

En la actualidad todas nuestras botellas de menos de 1 litro ya están hechas 100% con plástico reciclado, según la compañía. Además, este año 2020 las garrafas 5 litros ya serán también de plástico 100% reciclado y las botellas de 1,5 litros ya tendrán un 50% de este material reciclado, tal y como recoge la estrategia de Bezoya.

El compromiso es que en 2022 todas las botellas de Bezoya sean 100% hechas de plástico reciclado, un reto que desde la marca tildan de “muy ambicioso”, puesto que “se adelanta al marco legislativo europeo”. En este contexto, “Bezoya quiere liderar la carrera de la sostenibilidad, apostando por las infinitas vidas de sus botellas”, afirman.

El cambio a plástico reciclado en 2020 implica una reducción de emisiones equivalente al consumo de 4.059 vehículos diésel durante un año o 1.243 veces la vuelta al mundo en coche. La reducción de emisiones permitiría ahorros de más de 3 millones de litros de combustible al año.

Bezoya utiliza plástico reciclado desde 2017 y, desde entonces, ya ha reutilizado 2.437 toneladas, el equivalente a 100 millones de botellas de 1,5 litros. Desde 2014 también ha eliminado un 10% de plástico de sus envases, ahorrando 5.800 toneladas de este material; es decir, 237 millones de botellas del tamaño de 1,5 litros.

La estrategia de Bezoya abunda en el plástico y, aunque omite las dificultades de recircular el brik tras su uso, lo mantiene en su portfolio, sin ofrecer soluciones a su destino final. Su amplio abanico de formatos permitiría a la marca renunciar al envase de cartón impermeabilizado, pero debe haber un motivo para seguir apostando por el brik, y sigue siendo una incógnita.