Lucía Méndez
David Jiménez lanzó 'El Director'. Foto: JLRico.

El periodismo está contaminado por la corrupción. David Jiménez no descubre nada novedoso en el fondo, pero ‘El Director’ airea, que no es poco, algunas de las vergüenzas de la profesión.

¿Las razones del drama? La prensa cuenta con unas estructuras propias del siglo XIX y tiene un modelo de negocio del XX que podría saltar por los aires con un nuevo sistema que vaya al contacto directo entre el periodista y el lector, sin intermediarios interesados.

El mejor ejemplo que tiene el periodismo es el mundo de la ficción: las OTT priman la calidad de las series y películas que distribuyen. Ya no se lanzan al bombardeo palomitero de eternas sagas trilladas hasta el vómito, que tienen su mundo menguante todavía en las alicaídas salas de cine en las que, de vez en cuando, hay alguna sorpresa agradable.

Cuenta el crítico Ferrán Monegal que los periodistas durante el franquismo eran considerados personas de mal vivir que se vendían por un plato de lentejas. “¡Qué pasen a comer!”, gritaban los gerifaltes del Régimen.

Raúl del Pozo explicaba con aire romántico la bulliciosa redacción de Pueblo: “Eran sitios donde se tomaban cubatas, se comía, se vivía. Entonces nadie quería ser caballero. Éramos lo peor de cada casa. Había gente echada a perder, analfabetos geniales. Éramos bucaneros que pegábamos sablazos, no teníamos adonde ir (…) Y nos jugábamos la pasta al póker”.

El mundillo periodístico hoy no está plagado ni de hambrientos ni de callejeros: es la élite, muchas veces mal pagada, pero la élite. O como dicen los cursis: la clase media aspiracional. La honestidad no cotiza al alza y la clase periodística se atrinchera en las verdades que cuenta, que son casi siempre filtraciones interesadas para los enemigos de su trinchera política o para los competidores de sus anunciantes o amigachos.

VEINTE PÍLDORAS DE ‘EL DIRECTOR’

David Jiménez lanza el próximo 8 de abril ‘El Director’, un libro con el que pretende destapar las vergüenzas de la clase periodística que él advirtió como capitán del barco de El Mundo durante un año.

1- ALQUILER

El autor sostiene que no se pueden comprar periodistas, pero el alquiler está disponible. Jiménez sostuvo en ‘Todo es mentira’ que asumir la dirección del segundo periódico del país fue “una gran imprudencia… Coger a un corresponsal que no es una persona de despacho ni es un político… Yo no tenía ni un solo contacto de un político, nadie me conocía… Te ponen en uno de los despachos de poder del país”.

'El Director'
La dudas que anidan en la prensa están creciendo. por el modelo de negocio.

2- AUTOCRÍTICA

El Mundo dedicó media docena de portadas a la diputada de Podemos y magistrada Victoria Rosell. Y Jiménez asume su error: “Como director no había hecho las preguntas necesarias y había desatendido las sospechas de quienes desde el entorno de la acusada me habían advertido de que se trataba de una conspiración”.

Jiménez admite que “había sido nublado por el deseo de quitarme de encima la percepción de que estaba virando el periódico a la izquierda y acelerando con ello la caída de su difusión”. Salvador Alba, acusado de cinco delitos por conspirar contra Rosell, restaurada ahora por Podemos, quizás pueda añadir algo al culebrón.

Recordaba hace unos días Victoria Rosell que “cuando me dedicaron cinco portadas falsas en campaña electoral, recibía solo del Ministerio de Industria en ese mes de noviembre de 2015 casi medio millón de euros. Si cedes una vez al chantaje, estás perdido, porque siempre van a tener algo que exigirte”.

3- TRABUCO

Alfonso Rojo, que ahora no pasa por sus mejores momentos, tiene una de las grandes frases de los últimos tiempos sobre el periodismo: “El negocio periodístico está a medio camino entre la orden mendicante y el asaltante de caminos”.

Explica Jiménez que “existe un sistema corrupto que ha corrompido a la prensa. Hay una serie de digitales que se dedican al chantaje. Si no pones publicidad en mi medio voy a empezar a hablar mal de tí. Para nosotros es más fácil pagar a un digital que nos está chantajeando que asumir noticias falsas que pueden suponer un problema para la empresa… Yo le llamo periodismo de trabuco”.

4- LA RADIO

David Jiménez no cita al beneficiado, pero afirma que Bárcenas le confesó “que uno de los periodistas más importantes de la radio del país, ya fallecido, aceptó un maletín con 30 millones de pesetas para hablar bien del PP durante el período electoral de las elecciones del 1996”. Solo hay un periodista relevante en la radio en 1996 que haya fallecido: Antonio Herrero.

5- LOS TRES TENORES

Explica el autor de ‘El Director’ que “Cebrián, Pedro J. Ramírez y Ansón eran grandes periodistas que se malograron por su cercanía con el poder”. Jiménez los renombra como “Los tres tenores” y explica que ejercían de “armas en las batallas de poder”.

Ejercían, según Jiménez, de “jueces, fiscales y verdugos” en juicios sumarísimos. Aunque lo más curioso es lo que cuenta de Anson, que tenía un semáforo en la puerta del despacho: verde si estaba disponible, ámbar si solo podía recibir llamadas y rojo si estaba ocupado. Imagínense.

6- EL CONCIERTO

“Las prevendas, los regalos y los sobresueldos siguen siendo habituales entre los periodistas… Me llegó una oferta para un concierto de Sting, todo privado, con chófer privado… Me entró un poco de sonrojo y me dijeron que si quería ver la lista de los que habían realizado ese mismo viaje el año anterior y en esa lista estaban los grandes periodistas de este país… Si tú eres periodista no puedes aceptar ese tipo de viajes porque compromete tu libertad”, explica en un avance publicado por El Confidencial.

'El Director'
Jiménez explica que rechazó la invitación a un concierto.

7- EL POSTRE

“Los periodistas ni siquiera podíamos acogernos a la excusa de la necesidad: todo había empezado cuando la prensa vivía en la abundancia y los regalos de empresa colapsaban cada Navidad los servicios de mensajería de las redacciones. Jamones, cajas de vino, puros Montecristo, tarjetas regalo de El Corte Inglés y cestas con caviar incluido se acumulaban junto a las mesas de los redactores jefe y en los despachos del staff“, señala.

8- EL TELEVISOR

“Entre las anécdotas legendarias del oficio, uno de los grandes veteranos contaba el día que una conocida marca de electrodomésticos obsequió con un televisor a cada uno de los asistentes a una rueda de prensa. Al final del reparto sobraba uno, así que un compañero preguntó si podía llevárselo también. Y se marchó con dos televisores“, escribe Jiménez.

9- A TIPO FIJO

Cuenta ‘El Director’ que “las comidas gratis en los mejores restaurantes, los coches prestados indefinidamente y los créditos a intereses inimaginables para el resto de los mortales estaban a la orden del día. Un exconsejero del Banco Popular me contó que la política de la empresa era “tener contentos a los periodistas de Economía con hipotecas por debajo del mercado, para asegurarse una cobertura amable. El banco terminó yéndose a pique tras haber mantenido durante décadas la imagen de ser el mejor gestionado del país”.

10- PERIODISMO TOURS

“Llegó un momento en que el diario tuvo que recordar a los redactores que aquellos viajes contaban como vacaciones y no como coberturas, por mucho que al volver se escribiera una crónica al dictado de la oficina de turismo“.

11- BOMBEROS

“Aunque la crisis había terminado con la barra libre, la fiesta continuaba para la aristocracia del oficio. Los periodistas estábamos tan convencidos de nuestra excepcionalidad, de formar parte de una casta privilegiada que merecía un trato preferencial, que una de las reporteras más célebres del país, que en su día había trabajado en El Mundo, llamó en una ocasión a la Comunidad de Madrid para pedir que enviaran a los bomberos a su casa porque se había dejado las llaves dentro. Cuando le sugirieron que avisara al cerrajero, se sorprendió como solo podía hacerlo alguien que perteneciera a un gremio que había perdido todo contacto con la realidad: Eso me costaría una pasta“.

12- ALIERTA

David Jiménez pone en ‘El Director’ como mal ejemplo a Telefónica, “que durante la presidencia de César Alierta llegó a tener subvencionados a 80 de los más conocidos informadores del país. (…) Comprarse un periodista no era posible en España, pero como dice el dicho afgano sobre la corrupción: del alquiler se podía hablar”.

13- SORAYA SÁENZ DE SANTAMARÍA

“En mitad de la precariedad, y con miles de despidos en las redacciones, una tertulia podía bastar para ganarse a un periodista. Moncloa forzaba el despido de periodistas incómodos, utilizaba la publicidad institucional para castigar a los desobedientes y controlaba las tertulias políticas en radios y televisión, que se habían convertido en el principal centro de debate del país y tenían grandes audiencias”.

El pulso entre Soraya y Cospedal por colocar a afines en tertulias “era una guerra donde se humillaba al tertuliano enviándole mensajes con las consignas a repetir, se exigían lealtades ciegas y se destruían o promocionaban carreras a capricho, incluidas las de algunos de Los Inspirados, la nueva generación de columnistas que se abría paso imitando a sus mayores”. A un excompañero de Jiménez con aires umbralianos le han pitado los oídos.

'El Director'
David Jiménez recuerda las presiones de Soraya.

14- EL BULLDOG

El periodista sufrió, como otros tantos, a Carmen Martínez de Castro, secretaria de Estado de Comunicación en los Ejecutivos de Rajoy: “Una de las encargadas de mantener el reparto mediático entre las familias del poder era la secretaria de Estado de Comunicación Martínez Castro, conocida como el bulldog de Moncloa por las broncas que echaba a directores de medios y periodistas”.

15- ACUERDOS CON MAYÚSCULA

Los Acuerdos, como se conocían los pactos negociados por la prensa tradicional con las grandes empresas al margen de las cifras de audiencia o el impacto publicitario, nos habían salvado de la ruina durante la Gran Recesión. Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables, lavados de imagen de presidentes de grandes empresas y olvidos a la hora de recoger noticias negativas. Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables”, señala.

16- BORJA PRADO

‘El Director’ cuenta que “Borja Prado, el presidente de Endesa, de quien me habían advertido que era clave en mi supervivencia porque era ‘el hombre de los italianos en España’, llamaba para pedir ser incluido en ‘Vox Populi’, la sección de las páginas de Opinión en la que sacábamos una foto tamaño carnet de personajes del día, con una flecha para arriba o abajo y un comentario elogioso o crítico sobre algo que hubieran hecho”. Pablo Isla se quejó con menos aires y por un asunto más comprensible.

17- ALIERTA

Uno de los más perjudicados por el libro es Alierta: “El más poderoso entre los presidentes del Ibex era César Alierta. Había construido un formidable entramado de poder e influencia utilizando Telefónica, una de las grandes empresas del país, como su cortijo personal”.

Y añade: “Se podía caminar por los pasillos de las plantas nobles de su sede y ver en las puertas de los despachos los carteles con los nombres de sus colocados: exministros tanto del PP como del PSOE (Trinidad Jiménez o Eduardo Zaplana), familiares de dirigentes políticos (Iván Rosa Vallejo, marido de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría), cercanos a la realeza como el ex jefe de la Casa Real Fernando Almansa e incluso la realeza directamente. El cuñado del Rey, Iñaki Urdangarin, fue enviado por Alierta a Washington con un generoso sueldo en cuanto empezó a tener problemas con la justicia”.

18- MIEDO

“La primera vez que supe de la existencia del periodismo de trabuco fue a través de dos directivos de un gran banco, que se me quejaron amargamente de tener que pagar mordidas publicitarias. Cuando sugerí que denunciaran la situación, o incluso que me aportaran las pruebas para que lo publicáramos en El Mundo, me miraron sorprendidos”, señala ‘El Director’.

19- POLVAREDA

La redacción de El Mundo ha acogido a ‘El Director’ con enfado. Lucía Méndez afirma que esta obra es “un libro de cotilleos”. Otros compañeros como Carlos Segovia, Joaquín Manso, Luis Ángel Sanz, Olga R. Sanmartin y Luis Alemany apuntan por el mismo camino.

Jiménez se defiende: “¿La libertad de expresión no incluye a exdirectores? ¿Alguna ley sagrada dice que los periodistas pueden informar de todo, menos de si mismos? ¿Tan intocables somos? ¿No es hora de decir en alto lo que llevamos años denunciando en los corrillos de periodistas? ¿Por qué no?”.

Y explica que “no es un libro contra El Mundo. En todo caso contra quienes por codicia y ambición destruyeron su espíritu original y quienes se vendieron a los despachos a cambio de preservar privilegios o aumentarlos (…) Me gustaría que la gente que lo critica lo hubiera leído”.

'El Director'
Fachada de Unidad Editorial // Fuente: Unidad Editorial

20- GARCÍA

Dice José María García que “un periodista mal pagado es un peligro público”. Pero un periodista bien pagado por quién no debe es un peligro para la verdad. ‘El Director’ ha provocado un tsunami en la clase periodística y ha abierto debates. Y solo por ello merece la pena que vea la luz.