El Corte Inglés
Las auditoría dan el visto bueno a la situación del Departamento de Seguridad de El Corte Inglés.

Hay un tema tabú en este país. La posibilidad de quiebra de una empresa sistémica como es El Corte Inglés. Se trataría de una situación dura, difícil de afrontar, que afectaría a toda la economía española durante décadas.

La quiebra de El Corte Inglés sería un tsunami similar para la economía española a lo que fue la quiebra de Lehman Brothers para la economía global. Arrastraría todo tipo de consecuencias: sumergiría en la pobreza a algunas poblaciones, generaría paro imposible de asumir por nuevo empleo a corto y medio plazo, afectaría al turismo, a la imagen del país y la marca España y por supuesto al PIB. Cientos de PYMES desaparecerían al ser proveedores-dependientes del gigante del comercio español.

Nadie ha citado “la bicha” durante los últimos 5 años. Al menos no se ha hecho en público. En la parte más oscura de la crisis nos decían al oído “lo mal que lo está pasando El Corte Inglés”, pero se apelaba a la responsabilidad para no comentarlo en voz alta. A algunos de sus accionistas, que pedían esa actitud responsable, hoy se les olvida ejercer la suya propia.

Pero que no se hablé de ella, no significa que “la bicha” no exista.

En los últimos años de la crisis económica El Corte Inglés, icono de las empresas en España, se tambaleó seriamente. La caída sostenida del consumo, hizo mella en una compañía que depende casi al 100% del mercado español. Tras la muerte de Isidoro y bajo el mandato de su sobrino, Dimas Gimeno, han tenido que salvar auténticos matchball, decir esto en España puede ser tabú, pero es rigurosamente cierto. Se llegó a temer por el pago de las próximas nóminas.

Hoy, se puede explicar lo que ha sucedido en los últimos años sin ruborizarse y sin tener que pedir perdón. En parte porque es de justicia, en parte porque lo peor ya ha pasado. El Corte Inglés lo ha pasado mal, muy mal. Y eso lo reconocen sin reparos sus gestores en privado, y no con la misma claridad de concepto en público. La consecuencia es que durante estos años se han tenido que tomar decisiones dolorosas, pero muy necesarias.

Si El Corte Inglés no ha terminado aun como Galerías Preciados es sólo por las decisiones intrépidas tomadas los últimos años

Algunas de estas medidas vistas hoy con perspectiva han sido intrépidas y meritorias y ni siquiera hoy son entendidas en la totalidad por parte de sus propios accionistas. Algunos de estos creen que se ha malvendido patrimonio. Son como viejos aristócratas, con calcetines roídos, que se niegan a comprender la realidad de la situación. Esa batería de medidas que hubo que tomar, fueron en todo caso necesarias para garantizar la supervivencia de la empresa tal y como lo conocemos.

¿Puede El Corte Inglés acabar como Galerías Preciados?

Desde luego sí, y pudo haber ocurrido ya hace años. Si no se hubieran tomado ajustes duros en los últimos años, habrían llegado medidas más radicales. Un enorme ERE y la venta urgente de patrimonio inmobiliario para salvar los muebles son sólo algunas de ellas. La empresa, si el equipo de Dimas Gimeno, su presidente, no hubiera actuado con celeridad los últimos tres o cuatro años habría dejado de ser lo que hoy conocemos de ella.

Galerias Preciados El Corte Inglés

Estas son las medidas que lograron atajar la situación:

Accionistas: La entrada de accionistas externos con la inversión de 1.000 millones de euros del Jeque de Qatar, Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani (a partir de hoy, con todo cariño, “Jeque Hamad” para los amigos; ni Peter escribe ese nombre tan largo de nuevo). De facto el Jeque Hamad va a representar el 14% de la compañía. A ninguna empresa familiar le gusta cuando entra un acaudalado accionista externo, es como abrir la caja de Pandora. Pero es cierto que en este caso se ha hecho con un inversor reconocido en el sector retail, y además que entra con poderes y porcentaje accionarial limitado. Es sencillo, la ecuación era “susto o muerte”, y los 1.000 millones de liquidez hicieron que se quedará todo en “susto”. En medio de la crisis, cuando el dinero había desaparecido, encontrar quién pusiera 1.000 millones es simple y llanamente espectacular; un acierto.

Emisiones: Además de los 1.000 millones anteriores, han ayudado -¡y mucho!- las emisiones de bonos, de 600 millones en 2013 y de 500 millones en pagarés en el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF). Otros 1.100 millones de liquidez para afrontar la parte más dura de reestructuración financiera y caída de las ventas.

Financiera El Corte Inglés: A nadie le gusta vender. El propio Ramón Areces decía que “para ser grande hay un secreto; comprar y no vender”. Pero, pese a que nadie quiere perder patrimonio, la venta en 2013 del 51% de la Financiera de El Corte Inglés al Banco de Santander (por 140 millones), se ha convertido en una operación financiera muy interesante. Además del pago del banco, permitió desconsolidar del balance 1.500 millones de deuda, al ceder el control accionarial a Santander Consumer Finance.

De esta manera, esas medidas junto al doloroso ajuste de costes que el equipo de Dimas Gimeno puso en marcha en los centros comerciales (una pena que no fueran acompañados por ajustes similares de estructura en Hermosilla… algún día abordaremos ese tema). El Corte Inglés salvó en pocos años la situación más delicada de su historia reciente. Fortaleció su balance y sus números, redujo la deuda y la carga de intereses bancarios que le lastraban, y se puso de nuevo en la línea de salida para poder culminar su reestructuración y competir con los nuevos players sectoriales. En castellano antiguo: con estas medidas El Corte Inglés se salvó de una situación muy difícil, y potencialmente explosiva.

hay que tomar aún muchas medidas. Muchas y muy muy urgentes. Lo principal es que ahora se ha ganado tiempo para poder llevarlas a cabo.

Eso, que haya tiempo para trabajar, era algo que hace 5 o 6 años no estaba tan claro que se pudiera producir. Lamentablemente, a día de hoy estas reformas y medidas se han ralentizado por culpa del conflicto accionarial en el seno de la empresa. Las ansias de control total en detrimento de otros accionistas que ejercen las hijastras de Isidoro, Marta y Cristina Alvarez Guil, han llevado a la compañía a una situación delicada de parálisis. Se están dedicando enormes esfuerzos a un conflicto accionarial que se judicializa y se enquista, en vez de seguir abordando las urgencias de la compañía. Hace falta un gran pacto accionarial que sume a todas las posiciones accionariales en el seno de El Corte Inglés. Un pacto que permita avanzar en las reformas aun necesarias para su superviviencia a medio plazo.

Lo que resta por hacer, aun necesario, es traumático en una casa como esta.

Hablar de la venta de centros comerciales no rentables, (que se abrieron en los años previos a la crisis de forma innecesaria), o de la salida a bolsa, sigue poniendo los pelos como escarpias a mucha gente. Curiosamente, este nerviosismo dentro del consejo de El Corte Inglés es directamente proporcional a la inmadurez de los consejeros que tienen menos experiencia de gestión empresarial. En castellano antiguo; los accionistas y consejeros que creen que “El Corte Inglés es suyo”, son contrarios a una profesionalización de la gestión y una salida a Bolsa. No entienden los riesgos que corren ni los retos que están por llegar. Por ese motivo, de forma cortoplacista, sólo les preocupa el control y la propiedad, aunque para el futuro sea una política de tierra quemada.

Durante los tiempos de decisiones duras apenas nadie discutió la toma de decisiones del presidente, Dimas Gimeno. Eran en épocas ingratas que exigían sacrificios, de nuevo en castellano antiguo: hubo años en los que gestionar era un marrón. Pero amigo, una vez estabilizado el barco, todos quieren ser capitanes. Hoy, aparecen accionistas que llevan años cogiendo posiciones con el objetivo tan castizo de “mandar”.

Manuel Pizarro BBVA EL Corte Inglés

El papelón de algunos consejeros es surrealista. Y ni tan siquiera me refiero a los octogenarios (sic), en mi opinión es especialmente triste que la figura llamada a poner orden, Manuel Pizarro, elegido por Isidoro Alvarez como la figura independiente, se pone de perfil. Pizarro, hombre de indudable prestigio empresarial, no quiere que en últimos años de carrera nada enfangue el mérito adquirido. Así que, cuando vuelan los cuchillos, él se pone de perfil, no vaya a ser que le rocen.

Hay quién afirma que le han ofrecido y ha renunciado a la presidencia de El Corte Inglés. Desconozco si es el caso, pero no me extraña, sabe que hoy es un marrón de dimensiones cósmicas. Hay quién dice que Pizarro aspira a suceder plácidamente a Francisco González en BBVA para lo cual ha colocado ya en el banco gente afín su piezas. En concreto a Jaime Caruana (como consejero) y Carlos Torres (Consejero Delegado)

Así, los grandes almacenes andan sumidos en la confusión de una batalla accionarial, que tiene pinta de judicializarse y alargarse en el tiempo. Y eso es lo último que necesita El Corte Inglés.

Jeque Hamad El Corte Inglés

Y no olviden al Jeque Hamad, que a lo lejos contempla frotándose las manos el sainete. Sólo  hay que esperar que algunos hoy accionistas se harten del desplante de sus parientes y vendan su participación. Esa debería ser la principal preocupación de los empleados de El Corte Inglés. Si eso ocurre igual acabamos cambiando el triángulo verde por una media luna.

E igual algunos que hoy, creen que la empresa es suya, acaban llevándole el café al Jeque en los consejos. Al tiempo.