Es uno de los elementos más cachondos de la Navidad, aunque a los más puristas de los belenes le espante sólo el que se puedan nombrar: el caganer. Esa irreverente figurita con el culo al aire y en cuclillas originaria de Cataluña, en la que se caricaturizan personajes de la política, el deporte, los videojuegos o la moda; y que se colocan en el belén.

Unas figuritas cuyo origen data del siglo XVIII, cuando en el mundo rural se utilizaban para reflejar los gremios y cuyas interpretaciones provoca serias discusiones. Desde aquellos que consideran que simboliza la “indiferencia cósmica que contrasta con la motivación espiritual del Nacimiento del redentor” hasta quienes consideran que “se identifica con el carácter catalán, ya que -con los acontecimientos que ocurren en aquella época- la figura se dedica a ahorrar en abonos y fertilizar la tierra”, explican en la web de la Asociación de Amigos del Caganer.

La empresa Caganer.com es una de las más populares. Exporta a Estados Unidos y varios países

Mucho más prosaica es la explicación de Sergi Alors, responsable de Caganer.com para quien la figurita de marras “simboliza la fertilidad, el abono, la buena fortuna, la prosperidad”. Sin embargo, pese a esas buenas perspectivas, hasta la década de los 90 se colocaba ligeramente oculta en el Nacimiento. Sin embargo, con la llegada del nuevo siglo la situación cambia radicalmente gracias a esta empresa de Torroella de Montgrí, en Cataluña.

“Todo comienza en torno al año 2000, cuando el plástico chino invade los belenes españoles“, explica Alors a Merca2; un momento crítico para la compañía de la que su madre, la artista Ana María Plá, tomó las riendas en 1990 tras adquirir un negocio de cinco generaciones regentado por el pesebrista Francisco Godía. Así que como los españoles optamos por dejar a un lado la cerámica, y centrarnos en productos más baratos, Plá junto a sus hijos deciden dar un cambio de rumbo a la compañía.

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Se dan cuenta de que la figura religiosa ya no vende, por lo que deciden “dar valor al caganer, y por eso optamos por recrear a los políticos”, relata. Una idea que tuvo éxito, puesto que cada vez se hicieron más y más populares. Aunque, quizá, el momento de mayor éxito fue en el año 2008. Aquello supuso -recuerda- el arranque de la nueva generación. En aquel año -y coincidiendo con las elecciones de Estados Unidos- lanzaron a Obama con los pantalones bajados y haciendo sus necesidades. A partir de ahí, la cosa se dispara. Apariciones en periódicos internacionales que despiertan el interés por estas figuras. De hecho, el responsable de la empresa, reconoce que “buena parte de nuestras ventas on-line viajan al extranjero gracias a esas apariciones”.

Alors no quiere dar datos de la cifra concreta de negocio, aunque sí nos explica que ahora mismo tienen 450 tipos de caganers en el mercado, y fabrican 45.000 unidades anuales. Aproximadamente se venden la mitad, y el resto se guardan. El ritmo de venta es de tres años para cada modelo, sin tener que fabricar nuevos.

caganer2¿Y cómo se decide cuáles se van a lanzar el año que viene? También tiene su historia, porque hasta hace no mucho era un tema familiar. Alors relata que antes del boom era una decisión estrictamente privada, que se adoptaba en casa. “Nos sentábamos el día de Reyes toda la familia, y pensábamos qué queríamos hacer de cara a los próximos meses. Ahora eso es imposible. Tenemos que atender la demanda, y hay que escuchar al cliente, porque pueden ser políticos, cantantes, deportistas…”. De hecho, confiesa que ya están preparando la producción de 2017, entre los que estará -entre otros- Jean Marie Le Pen, confiesa.

Durante este curso algunos de los más populares y vendidos son los de los candidatos a las elecciones de Estados Unidos: Hillary Clinton y Donald Trump; de los que se han disparado las ventas tras un artículo hace un par de semanas en el New York Times; pero también después de que la actriz Kate McKinnon haya hablado de ella en el Late Night.

Ahora bien, también hay caganers locales, como el del presidente Puigdemont; o de videojuegos con Pikachu, Mazinger Z, Minecraft o Lego. Figuras todas ellas que ya se venden durante todo el año. “Se han convertido en parte de la cultura popular”, explica el representante de Caganer.com. De hecho, ya se pueden encontrar en las tiendas de souvernirs de Las Ramblas o del Aeropuerto de El Prat.

Sergi Alors, al otro lado del teléfono, reconoce que hay peticiones muy extrañas. Incluso que hay quien se plantea tener su propio caganer. Sin embargo, no parece muy recomendable lanzarse a la aventura. El coste puede ser de 300 ó 400 euros “porque lo más caro de todo es el diseño y el molde, hacer una sola figura no merece la pena; lo mejor es hacer mínimo mil. Así que para particulares no compensa, pero sí que hay empresas que nos piden a su presidente”, sentencia.

El modelo más tradicional

Otra forma de hacer caganers es la que llevan a cabo en la Terrissería de Caldas de Montbuí. Aquí el proceso es mucho más artesanal, ya que han ‘mamado’ desde hace años el gusto por estas figuras. Su diseñador es Josep Roca, quien asegura tener moldes del siglo XIX. “Siempre han existido estas figuras con famosos, incluso en Nápoles llegaron a prohibirlas durante un tiempo hace dos siglos”, nos explica. De hecho, sus antigüedades datan de la época de su bisabuelo, nos explica.

Ahora la cosa ha cambiado. Internet las ha popularizado, pero también “el interés de los medios de comunicación que venían buscando el caganer del año. Ahora, sin embargo, hay 20 o 25 cada curso. Es imposible elegir. Su proceso de inspiración es la “actualidad”. Un proceso, relata, manual que dura 60 minutos por figurita. “Nosotros queremos hacer un producto de autor, no  tener grandes volúmenes”, relata Roca.

No es de extrañar, porque produce cada curso unos 3.000 anuales que se venden a un precio de medio de 16 euros, aunque los hay desde los 3 y hasta los 30. Una oferta que le sirve para atender la demanda nacional por lo que “no queremos abrir nuevos mercados. Estamos satisfechos con lo que tenemos. Queremos que el producto siga siendo 100% artesanal”, sentencia. Eso sí, en este caso la personalización sale mucho más económica. Unos 80 euros por pieza si hay que hacer una caricatura. Pero ojo, porque ahora mismo llegamos tarde. “Sólo cogemos pedidos hasta septiembre. La gente siempre se acuerda por estas fechas y es imposible”, ríe.

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