Óscar Martín

Ecoembes es el mejor ejemplo posible de todo lo que ha fallado en España empresarialmente. Se trata de un monopolio que desincentiva la innovación y el progreso, que nos cuesta demasiado dinero y que, además, sus entrañas financieras ocultan una gestión dudosa.

Todo esto se une a unos sueldos desorbitados para sus directivos, problemas con Hacienda y unas cuentas con muchos agujeros. Aunque hay que otorgarle dos méritos a Óscar Martín, su bien pagado consejero delegado: el primero es el de lograr semejante lista de hitos perversos. El segundo, el de ser capaz de engañar a gran parte de la sociedad pese a todo lo anterior.

Y es que, en Ecoembes, nada es lo que parece. En primer lugar, en el tema de los salarios de su cúpula, los cuales han crecido de forma exagerada desde la llegada del nuevo CEO. Así, la remuneración total devengada (que incluye sueldos, Seguridad Social y primas de seguros) de los diez miembros de la alta dirección ha pasado de 1,47 a los 2,3 millones, entre 2014 y 2019. En otras palabras, los principales ejecutivos de la sociedad se han incrementado sus salarios hasta un 56,4%, esto sí que es inflación. Vamos, cualquiera diría que Martín y el resto de la cúpula de la firma pretenden acabar ellos solos con el problema de los bajos salarios en España.

Para hacerse una idea del desfase de los sueldos, solo en directivos, se puede comparar con otros gigantes del Ibex 35. Por ejemplo, se trata prácticamente de la misma cifra que abonó Meliá a los suyos en 2018 pese a que sus ingresos fueron tres veces mayores. Pero no acaba ahí la cosa. Además, la subida de salarios decretada por Ecoembes para ese selecto grupo entre 2018 y 2019 fue hasta tres veces mayor que al resto de empleados. En concreto, a los primeros se les incrementó de media un 8,9% frente al 3,1% de los segundos.

HACIENDA RECLAMA A ECOEMBES 21M€ POR PAGOS ATRASADOS EN SOCIEDADES

En definitiva, que eso de que es una sociedad sin ánimo de lucro no lo dicen por sus directivos. Aunque más de uno pondría en duda esa característica, la de sin ánimo de lucro. Más si cabe al ver los problemas que tiene con Hacienda. Así, el fisco español abrió un procedimiento contra Ecoembes el pasado 17 de diciembre de 2019 en relación al pago del Impuesto de Sociedades, según explica en sus propias cuentas.

Una actuación que ha propiciado que Ecoembes haya pagado supuestamente cantidades más pequeñas a Hacienda de lo que debería. Una trampa (extraña para alguien que dice no buscar el lucro) que obligado a la Administración Pública a intervenir. Así, el fisco español reclama a la sociedad hasta 21,56 millones, de los cuales 18,3 millones son de cuota y 3,2 millones en intereses de demora, para regularizar su situación fiscal.

Obviamente, la sociedad tiene que defenderse, por eso del que dirán. De hecho, Ecoembes atribuye este requerimiento de pago a la “diferencia de criterio” seguido por la firma y por Hacienda. Una disconformidad muy recurrente en España, de hecho, a todo el mundo le ocurre que cree que debería pagar menos impuestos a Hacienda. El problema es que algunos van más allá, como la sociedad, hasta que se pasan de avispados y les pillan.

Pese a tan notable argumento, Ecoembes da todavía da otros dos con igual o mayor peso: primero, que los auditores nunca han hecho una salvedad sobre el mismo. Una excusa que peculiar, dado que el segundo aspecto relevante para el auditor, Price Waterhouse Cooper, se enfoca en cómo se atribuyen estos “gastos de convenio”. Aunque sí bien es cierto que no habla exactamente del impuesto de sociedades. El segundo (y más gracioso) es que la compañía dice que está “inscrita al Código de Buenas Prácticas de la Agencia Tributaria desde 2013”. Y lo dicen con cara seria. En fin, menos mal, porque a saber cómo habría acabado la cosa de no ser así.

ECOEMBES HA RETIRADO 163M€ DE SUS FONDOS EN DOS AÑOS

Otro aspecto que llama mucho la atención en la sociedad es su continuada quema de efectivo, esto es salida de fondos. Quizás, por eso estén tan bien pagados. En concreto, la firma contaba a finales de 2017 con unos 220 millones de euros invertidos en fondos de renta fija. Una posición ya de por sí curiosa, pero que se argumenta bajo la premisa de “optimizar los recursos de tesorería”. El problema es que a finales de 2020 esa cantidad se había reducido a poco más de 57 millones. Un truco de magia maravilloso porque apenas hay rastro de donde están ahora esos 163 millones.

Una cosa que parece clara es que una parte importante de esos 160 millones ya no están en la empresa. La prueba del algodón así lo confirma. En primer lugar, en la Tesorería apenas ha crecido en 30 millones en los últimos años, en concreto, entre 2018 y 2019 pasó de 13 a 44 millones. En segundo lugar, la pista se pierde en el llamado Estado de Flujos de Efectivo que es el registro de los cobros y pagos directos de la empresa. En él se comprueba que el saldo neto por las desinversiones realizadas en activos financieros, esto es retiradas de efectivo de esos fondos, ascendió a una cifra cercana a los 160 millones descritos anteriormente.

El segundo punto, es que una cantidad importante de esa cifra terminó en el llamado sumidero financiero, que es el flujo de caja de explotación. Dicha partida no es más que la diferencia entre los cobros y pagos que obtiene cualquier compañía al desarrollar su actividad empresarial. Así, un signo negativo indica que a la empresa la cuesta dinero mantener su operativa, unos recursos que deben salir de otro sitio como deudas o desinversiones, y es el peor escenario posible. Una situación que se da en la actualidad en Ecoembes, de hecho, entre 2018 y 2019 se esfumaron más de 121 millones en forma de variación de provisiones.

“CÓMO RECICLAR BIEN”… PARA ECOEMBES Y MAL PARA EL RESTO

El último aspecto discordante entre lo que pretende vender Ecoembes y la realidad es su utilidad en el mundo del reciclaje. Para ellos mismos, su “razón de ser está enfocada a reducir el impacto ambiental de los envases puestos en el mercado (…) para lo que conciliamos la eficiencia con la perdurabilidad en el tiempo”. En pocas palabras, un trabajo excelso que como poco merecería el Nobel de la Paz por su contribución a la sociedad española.

Pero la realidad, de nuevo, es distinta. El único sentido que tiene Ecoembes en la sociedad actual es la que le otorga la ley y que la convierte en un monopolio. En teoría, este tipo de estructuras ni promueven la innovación, ni su labor es la más eficaz, puesto que no compite con otras empresas. Una creencia que en la práctica se cumple, como no podía ser de otra manera. De hecho, las asociaciones ecologistas (desde Greenpeace a otras más pequeñas nacionales) no han parado de denunciar que la sociedad “no es parte de la solución, sino más bien parte del problema”.

Así, en la actualidad los países nórdicos están trabajando en un sistema de pago directo a cada ciudadano por reciclar sus envases. Una propuesta que a España no ha llegado, ni tampoco se la espera, mientras Ecoembes siga monopolizando el mundo del reciclaje. En definitiva, que cuando en su página web la sociedad se atribuye de que recicla “bien”, se le puede añadir que más que bien lo hace sensacional. Pero para sus intereses, para los de sus socios (a los que ahorra dinero) y para sus directivos que se llevan cada vez mayor tajada del monopolio. Mientras, el resto siguen tragando merced a sus cientos de campañas publicitarias.